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Opinión - Luchando por asuntos vitales. Por Rosa María Artal

Dos arquitectos piden parar el expolio de la casa del histórico corsario Amaro Pargo, destruida en busca de un “tesoro inexistente”

La pareja de arquitectos técnicos y docentes jubilados del IES Geneto, Ángel Peñalosa y Beatriz García, en la casa de Amaro Pargo.

Tenerife Ahora

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Una pareja de arquitectos técnicos y docentes jubilados del IES Geneto, Ángel Peñalosa y Beatriz García, se han propuesto concienciar sobre la necesidad de frenar el “salvaje” deterioro de la histórica casa del corsario tinerfeño Amaro Pargo, en el municipio de El Rosario, e intentar recuperar lo que se pueda del inmueble, de propiedad privada y declarado de Bien de Interés Cultural (BIC).

Denuncian que esta hacienda es desde hace muchos años punto de mira de los buscadores de tesoros “llevados por la falsa leyenda de que entre sus muros el famoso personaje lagunero que vivió a caballo entre los siglos XVII y XVIII escondió una fortuna”, a lo que enfatizan que “ no hay otro tesoro que la propia casa”

Peñalosa y García han emprendido una iniciativa para llegar a un acuerdo entre las administraciones públicas y el dueño del inmueble para que tomen medidas contra la destrucción de la casa, sometida a un expolio para buscar un “tesoro inexistente”, y que han ido desmontando piedra a piedra “sin piedad”.

Para tal fin, la pareja de profesionales arquitectos se proponen servir de “cemento o aglomerante” y mantener contactos con todas las partes, las públicas y la privada, para favorecer este deseado entendimiento que permita la recuperación de esta hacienda, y casa histórica.

Junto a una de las esquinas de gruesas piedras en añejos muros de la hacienda, García diagnostica que “la casa todavía se ve con un valor y una riqueza de materiales de construcción antigua y sólida, por lo que aún se puede recuperar lo que queda; y no olvidemos que se trata de un BIC, que no se debería abandonar, y hay que tomar medidas para que no se deteriore más”.

Por todo ello, consideran que las Administraciones públicas tendrían que hacer un esfuerzo por recuperar la casa y convertirla en un centro de interpretación del propio Camino Viejo de Candelaria, ya que cuentan las crónicas que en las peregrinaciones que hacía la Virgen de Candelaria, los miembros del Cabildo pernoctaban en esa hacienda previo pago establecido, y también mostrar la vida de Amaro Pargo, comerciante y corsario.

¿Quién fue Amaro Pargo?

 Nacido en La Laguna el 3 de mayo de 1678 de padres labradores y comerciantes, perteneció a una familia de siete hermanos, de los que tres se hicieron monjas. Con 14 años se hizo a la mar, y ya con 21 era alférez. Acumuló una gran fortuna, con 900 fanegadas y 60 casas. Fue corsario y capitán de mar y tierra por designación real.

Además de poseer barcos con los que comerció con México, Venezuela, Cuba y el Mediterráneo, exportando malvasía y aguardiente de sus propiedades, y compraba y vendía cacao, telas, tabaco… Aunque en la época se comerciaba también con esclavos, nuestro corsario apenas lo hizo, y además facilitó la fuga de alguno de ellos.

Dejó como herederos a Amaro González de Mesa y Ana Josefa Rodríguez Felipe, sus sobrinos. La finca de Toriño, en Machado, figura entre las propiedades que recibieron del corsario.El inmueble ya existía al menos desde 1642. El último habitante de la casa fue Felipe Trujillo, hasta 1975; falleció con 99 años y solía comentar con los vecinos que era descendiente del corsario.

Amaro Pargo fue amigo de sor María de Jesús, la conocida como “La Siervita o la monja incorrupta”, debido a que tres hermanas suyas fueron monjas de clausura. Fue el corsario quien le compró el sarcófago para que se custodiaran sus restos mortales, que hoy se puede ver en el convento de las Catalinas en San Cristóbal de La Laguna.

También hizo mejoras en el Convento de Santa Catalina de Siena, donde estaban sus hermanas, así como aportaciones a diversas iglesias y ermitas de la isla entre lo que destaca el trono de plata del Señor Difunto en La Iglesia de Santo Domingo de Guzmán, en donde fue enterrado en octubre de 1747, pudiéndose visitar su lápida.

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