Análisis
Fernando Clavijo, el hombre que nunca estuvo allí

El presidente de Canarias, Fernando Clavijo durante el acto institucional del Día de Canarias. EFE/Ángel Medina G.

Carlos Sosa

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Fernando Clavijo, el presidente de Canarias, es como Milei: acaba de llegar a la política y todo lo que haya ocurrido antes que él no puede ser culpa suya. Al contrario, él ha llegado para resolver los desaguisados que sus antecesores dejaron. Lo acaba de dejar rubricado en la serie de entrevistas concedidas en conmemoración de su primer aniversario al frente del Gobierno de Canarias, aniversario que en realidad es el quinto, cosa que él soslaya repitiendo una frase que resulta incluso obscena: “Es la Canarias que hemos heredado”.

Parece increíble que tan solo cinco años después de que Fernando Clavijo, secretario general de Coalición Canaria, abandonara el Gobierno de Canarias tras una dura derrota electoral tengamos que recordar cómo fue su legislatura. Echó al PSOE al año de comenzarla y se dedicó todo el mandato a aplicar políticas de derechas con absoluta ausencia de respuesta a los problemas que desde entonces eran primordiales para la población de Canarias: pobreza, falta de viviendas, gentrificación, crisis de movilidad y en algunas islas, graves problemas en el ciclo integral del agua, desde el abastecimiento hasta la reutilización, sin obviar las importantes multas de la Unión Europea por vertidos graves de aguas fecales al mar en la isla de Tenerife, feudo histórico de Coalición Canaria.

Es preciso recordar, antes de adentrarnos en el adanismo del presidente Clavijo, que accedió a la candidatura de Coalición Canaria para la presidencia en 2015 después de derrotar en un discutido proceso interno al que venía de ser presidente regional y líder de la formación, Paulino Rivero, que se había partido la cara contra el Partido Popular de José Manuel Soria por las prospecciones petrolíferas de Repsol frente a las costas de Lanzarote. Aquella polémica retrató por completo la visión ambiental y el modelo económico que defiende  Clavijo porque pretendió transmitir que había que estar del lado de lo que consideraba progreso siempre y cuando aquella idea de perforar pozos petrolíferos en Canarias supusiera más empleo y más riqueza para las islas, como si los empleos  de las multinacionales petrolíferas se captaran en los territorios explotados o si los impuestos a esas empresas bastaran para acabar con la desigualdad y la pobreza.

Es la misma postura que mantuvo los cuatro años en los que fue presidente (2015-2019), cuando promulgó una ley del suelo con la que pretendía que fueran en todo caso los ayuntamientos quienes desclasifican suelo para que no hubiera más hoteles, ley de la que se agarraron proyectos depredadores con el territorio para poder implantarse en Canarias.

Fue el mismo Clavijo bajo cuyo mandato no no se construyó una sola vivienda de protección oficial y en el que  la única acción en la línea de proteger ese derecho fue comprar al Banco Santander un paquete de viviendas en Añaza (Tenerife) amenazadas con pasar a ser propiedad de un fondo buitre. 

Ahora dice Clavijo que se encuentra con un panorama desolador, que esta es “la Canarias que heredamos”, como si su paso por el Gobierno entre 2015 y 2019 o la estancia casi perenne de su partido en el mismo predio ejecutivo o en Cabildos tan decisivos como el de Tenerife, hubieran sido ciencia ficción. 

Es precisamente lo que le ocurre a la isla de Tenerife, una vez más, lo que más preocupa al presidente canario y a su partido, particularmente la crisis del modelo turístico, la emergencia hídrica y los graves problemas de movilidad. Teniendo en cuenta que CC ha gobernado esa isla casi ininterrumpidamente todos los mandatos desde que Franco se murió (e incluso antes), resulta grotesco leer las respuestas que el presidente Clavijo da a los periodistas que le entrevistan.

Culpa a los cabildos de la crisis hídrica y a los problemas de movilidad; culpa a los ayuntamientos de la falta de planificación territorial y de la falta de viviendas o la turistificación. Como si Coalición Canaria no haya estado gobernando en la isla donde más patentes son esos problemas, Tenerife, la que primero se levantó en la convocatoria de las manifestaciones del pasado 20 de abril; la que ha provocado multas de la Unión Europea a España por verter aguas residuales al mar; la isla que, pese a sus especiales condiciones naturales, no tiene agua para el abastecimiento humano; la isla con severas dificultades para atender la demanda de vivienda, no solo en las ciudades residenciales, sino también en las turísticas…

Estamos ante el presidente que dice haber visto venir las manifestaciones multitudinarias el 20 de abril, las que han sido detonantes de otras en toda España, lo que muestra que el tamaño del problema trasciende a cualquier comunidad autónoma.

Mucho no la vio venir cuando durante su anterior mandato no hizo el más mínimo gesto por solucionar la crisis del modelo, que ahora dice que no hay que reformar (ver la entrevista de La Provincia) sino solamente revisar, lo que equivale a dejar todo como está a ver cómo escapamos de esta.

Pero la negligencia se complica cuando Clavijo aborda otros asuntos de gran recorrido, como el de la inmigración, donde CC ha sido muy combativa por esa mezcla indecente de racismo disimulada  con la preocupación por los derechos humanos. Tampoco cree que las políticas aplicadas por el Gobierno de Canarias en las últimas décadas tengan nada que ver con la grave carencia de recursos para hacer frente a una competencia que es autonómica, la atención y la custodia a los menores inmigrantes. 

Otra vez la responsabilidad es de cualquiera que no sea el presidente Clavijo. Por supuesto que la mayor culpa  es “la canaria que heredamos”, como si él, en comandita con el PP de Mariano Rajoy, no hubiera contribuido en su periodo de gobierno a la desarticulación de los recursos necesarios para atender a estas personas.

Ahora resulta que todo lo fía a la reforma de la ley de extranjería, que en su entrevista a La Provincia confunde con la Ley del Menor, que es otra cosa bien distinta. Y cuando se le pregunta si su socio en el Gobierno regional, el PP, va a apoyar la reforma para que todas las comunidades autónomas se vean obligadas a acoger menores migrantes, responde con la posición del indocumentado: que se apruebe la norma y después ya veremos. O sea, dame lo que te pido aunque no funcione, que yo vendo mi libro y los demás que arreen.

Clavijo no aprendió nada de sus cuatro años de presidente, y mucho menos aprendió algo de sus cuatro años de oposición, dedicado en cuerpo y alma a zafarse, vía aforamiento en el Senado, de las dos causas penales que lo asfixiaban en los juzgados de La Laguna.

Tendremos un presidente así hasta 2027. Y más allá, si prosperan las operaciones puestas en marcha por las mismas terminales empresariales y mediáticas que lo auparon en 2015 a un puesto que ahora vuelve a quedarle muy grande.

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