Djanet, el oasis que guarda la puerta a la meseta de Tassili N’Ajjer

Viajar hasta la llanura prodigiosa de Tassili N’Ajer hace apenas veinte o treinta años era una aventura digna de tenerse en cuenta. A la década de los 90 se la conoce en Argelia como los diez años negros, por la explosión de violencia que supuso el golpe de estado de 1992 para invalidar el triunfo del Frente Islámico de Salvación en las elecciones de 1990. Viajar a Argelia se convirtió en casi un imposible y requería de grandes medidas de seguridad. La Argelia de hoy no tiene nada que ver con la Argelia de los 90 y los 2000. Aún quedan rastros de violencia en la zona del Sahel, pero se puede viajar con tranquilidad. Y uno de los destinos estrella del país es la meseta pétrea de Tassili N’ajjer, uno de los lugares más intensos del Sáhara donde se puede rastrear como este lugar pasó de ser el vergel de hace 5.000 años al desierto de hoy.

Tassili N,Ajjer es una ‘fotografía’ de ese proceso que vivió el norte de África entre los 7.000 y los 5.000 años antes del presente. Según nos dicen los que saben de esto, esta zona de la tierra sufre grandes cambios casa 20.000 años, cuando el eje de rotación cambia e intensifica o debilita los monzones africanos. Esa última transición de sabana con grandes recursos hídricos a desierto se produjo cuando las mujeres y hombres decoraban las cuevas y abrigos rocosos con pinturas y grabados maravillosos: y el resultado es uno de los conjuntos rupestres más grandes y espectaculares del mundo.

Las excursiones por la meseta de Tassili N’Ajjer suelen durar entre seis y diez días con salida y llegada en el oasis de Djanet (hasta esta ciudad del desierto se llega en avión desde Argel). Y en la práctica totalidad de las excursiones organizadas (es imposible internarse en la meseta sin guía oficial y trayecto organizado) Djanet es sólo una parada de un par de horas para comprar el ‘chech tuareg’, el famoso pañuelo de los tuaregs antes de lanzarse a la carrera de ver todo lo que hay que ver: ahí a dos pasos del oasis está uno de los puntos fuertes del viaje: Las Vacas que lloran. Este grabado rupestre se encuentra a unos 20 kilómetros de la ciudad (en el campo de dunas de Erg Admer) y en sentido estricto se encuentra fuera de Tassili. Es un bajorrelieve de una factura exquisita (tanto en el diseño como en su acabado pulido y perfecto) datado entre los 7.000 y los 5.000 años en un momento clave de la prehistoria del lugar en la que se hace patente ese cambio climático acelerado.

Las Vacas que lloran también son uno de los ejes de los mitos locales sobre la sequía: por aquí se dice que este lugar era un abrevadero para los pastores que iban y venían por las grandes ramblas de oasis en oasis. Pero un día que llegaban con mucha necesidad la poza estaba seca y el ganado fue muriendo poco a poco de sed. En los escasos días que llueve por estas latitudes, este es uno de los puntos de agua en muchos kilómetros a la redonda. Es muy probable que el mito se asiente en hechos reales. En torno a las vacas lloronas hay cientos de tumbas tumulares prehistóricas.

Qué ver en el oasis de Djanet.- Como te decíamos con anterioridad, la mayoría de las agencias que organizan el tour pot Tassili N’Ajjer apenas pasan aquí un par de horas. Pero la verdad es que hay mucho que ver en Djanet. Una opción es contratar la excursión desde aquí y prolongar alguna noche en el oasis (nosotros las dos veces que hemos estado lo hemos hecho con la agencia Tinariwen Tours -los mejores con diferencia- y siempre desde Djanet). Y ¿qué ver en Djanet? Mucho. Los oasis del Sáhara son pequeños microcosmos donde se concentra la vida natural y la cultura. Djanet es un inmenso palmeral en el que se refugian esas últimas aguas que antaño corrían por todo el territorio. Y como venimos a ver Tassili, lo primero que podemos hacer es ver el Centro de Interpretación del Parque Nacional, donde podemos ver una buena colección de objetos relacionados con las mujeres y hombres que crearon el ‘mayor museo de arte rupestre del mundo’.

Seguramente que el lugar fue uno de los refugios de la población que quedó por la zona con el paso de los milenios, pero la historia de Djanet está vinculada a la tribu de los Kel Ajjer, un grupo de tuaregs que se asentó aquí para controlar una de las escalas fundamentales de las rutas caravaneras que van desde el Mediterráneo al Sahel. Uno de los ejes históricos de los oasis del Sáhara es el zoco. Y el Mercado de Djanet no es una excepción a la regla pese a la turistificación masiva de la zona en los últimos años. Aquí lo típico es comprar el pañuelo tuareg para lucir facha durante la excursión a la meseta. El otro punto fuerte de la plaza son sus antiguos poblados fortificados: los Ksar o Kasbahs. En Djanet la población se articulaba en torno a dos núcleos diferenciados: Ksar Zelouaze al norte y Ksar El Mihan al sur. En ambos casos nos vamos a encontrar con verdaderos laberintos de casas de adobe con viejas mezquitas (la de Zelouaze con su minarete pintado de blanco es preciosa) y grandes casas fortificadas.

El Museo Nacional Djabrine de Tassili se encuentra justo entre los dos Ksar en la zona ‘moderna’ de la población y junto a la monumental Mezquita Salman Al Farsi. Este museo alterna una pequeña colección de artefactos de origen prehistórico con una pequeña muestra etnográfica en la que, por ejemplo, se hace un buen repaso a la vida de las caravanas comerciales. El museo necesita una buena remodelación y actualización, pero sigue siendo muy interesante de ver. Y muy cerca de aquí nos encontramos con el otro gran ‘monumento’ de la población: el Fuerte Charlet que se erigió en 1910 para afianzar el poder de Francia en la zona sobre una colina que domina toda la gran llanura de Mihane.

¿Qué lugares hay que ver en Tassili? Lo ideal es hacer alguna ruta de al menos tres días alternando tramos en 4x4 y pequeñas rutas a pie que te permitan llegar a los restos arqueológicos y pinturas más famosas y dormir en los campamentos (y disfrutar de los imponentes cielos nocturnos saharianos). Lo que no puede faltar si vas con poco tiempo es el Cañón de Tamrit; Sefar (con una ruta a pie hasta el panel del Gran Dios Marciano y los grandes paneles del periodo de los bóvidos – Jabbaren-); la zona de Tin Tazarif, donde destacan las pinturas rupestres del tipo ‘Cabeza Redonda’ (más recientes que los bóvidos); el Circuito de Wan Touhami, con otra concentración muy importante de arte rupestre; In Attinen, donde puedes ver un interesante conjunto de pinturas de temática pastoril y representaciones de fauna de la sabana (destaca un gran elefante); ver los famosos gueltas del Cañón de Idaren, pequeños lagos residuales que se encuentran en el camino a Ihrir  y Tikoubaouine, una zona de gran belleza natural donde también podemos ver algunas pinturas rupestres y grupos de inscripciones líbico-bereberes vinculadas a las tribus tuareg.

 Las excursiones más grandes (cinco días o más) incluyen otras zonas de la meseta destacando el Desierto Rojo de Tadrart, que ya merece un post aparte. En este lugar a pocos kilómetros de la frontera con Libia nos encontramos con formaciones geológicas de gran belleza (con lugares emblemáticos como la Catedral de Tamazguida) y otra colección de arte rupestre brutal, con grabados y pinturas donde, al igual que en Tassili se puede rastrear ese cambio climático que convirtió al Sáhara en lo que es hoy.

Fotos bajo Licencia CC: zargcheikh; piechris; Johannes Amersdorfer; Manfred Lentz; Joseph Giral; Rainer Voegeli; Patrick Gruban