Pequeña guía de La Cerdanya: la comarca más interesante del Pirineo Gironés

La Cerdanya es una de las tres comarcas históricas de los Pirineos en la provincia de Girona. Este estrecho pedazo de tierra se aprieta a ambos lados del Río Segre en una porción de tierra encerrada por algunas de las alturas más importantes de este sector cordillerano (con alturas que superan los 2.500 metros en el Pedraforca) y que tiene su salida natural hacia territorio francés. Esta geografía rodeada de gigantes cera uno de los altiplanos más grandes y bonitos de la Península Ibérica. Una comarca histórica vinculada desde tiempos muy antiguos a las culturas íberas y catalanas y que hoy está dividida en dos por los avatares de la historia (el norte pertenece a Francia y el sur quedó bajo soberanía española). Esta historia milenaria común se manifiesta a través de una cultura única que complementa los valores naturales, históricos y patrimoniales.

Llegar hasta aquí es un espectáculo. La ‘Autopista de Monserrat’ (C-17) serpentea adentrándose en el paisaje pirenaico en busca de la boca del Túnel del Cadí, que con sus más de cinco kilómetros es uno de los más grande de la Península. Pero antes de ir hacia el interior de la montaña puedes hacer una parada previa en la aldea de Gréixer para ver una pequeña iglesia (San Andrés) que hunde sus piedras más antiguas antes del mismísimo románico. Un edificio sencillo y tosco que, sin embargo, es bellísimo. Piedra y teja. Eso es lo que nos espera más allá de la oscuridad del Cadí.

El Valle excavado por el Segre forma una amplia explanada de altura que se va ensanchando según nos vamos acercando a la raya con Francia. Antes de ir hacia el norte puedes empezar visitando dos lugares. El bonito pueblo de Bellver de de Cerdanya (donde puedes tomar contacto con la bonita arquitectura de la comarca) y, sobre todo, los Búnkeres de Martinet I Montellá (LV-4055, km 1). Este lugar nos impresionó mucho. Este grupo de fortificaciones se construyeron durante la Segunda Guerra Mundial como parte de la Línea Pirineos, una red de defensas y trincheras (entre el Mediterráneo y el cantábrico hay unas 6.000 estructuras) construida por la dictadura franquista cuando la cosa le empezó a ir mal a los alemanes (1944). Por si las moscas.

Isomol y el Santuario Románico de la Mare de Déu de Quadres (N-260).-  Camino de Puigcerdá siguiendo la cómoda ruta que marca la N-260 nos topamos con la pequeña aldea de Isomol. Conviene poner el pie en tierra para dar un paseo por el pueblo hasta llegar a la Iglesia de san Miguel que parece nueva porque lo es aunque se haya construido en estilo románico. El monumento de Isomol está un poco más adelante y tiene una vinculación histórica con el Camino (o más bien caminos) de Santiago. El Santuario de la Mare de Deu es una preciosa construcción románica del siglo XII que presidía un hospital de peregrinos. Hoy poco queda del edificio original que se ha convertido en un bonito hotel.

Romanos mineros en All.- Antes de dejarse caer por el pequeño casco urbano de la población hay que pasarse por las Esterregalls d'All (acceso desde la N-260 por el Cami Mas del Revetlla) para ver uno de esos paisajes reventados por el agua tan característicos de las minas de oro romanas. Una especie de Médulas en pequeñito en pleno Pirineo. Este paisaje fue explotado de manera intensiva a través del uso del agua a presión creando un paraje de extraña belleza. En el pueblo hay que pararse en el Centro de Interpretación del País del Esterregalls (Carrer Escaleta, sn) para entender un poco más este espacio arqueológico de vital importancia y, de paso, entrar en la bonita Iglesia de Santa María d'All (Carrer Escaleta, 1), una preciosa construcción románica del siglo XII.

El Poblado ibérico - romano El Castellote.- La Ceretania es el topónimo prerromano que da nombre a la actual Cerdanya. Es un lugar de muchísima importancia que suponía el límite norte de la cultura íbera y el punto de contacto de este importante pueblo que explica buena parte de lo que hoy somos con los vascones, los aquitanos y los famosísimos galos. El Castellote es el gran oppidum íbero de la zona pero antes de ir hasta las ‘ruinas’ hay que pararse a los pies de la colina para visitar el Museo Espacio Ceretania (Carrer la Corona, 46, -Belvir-). Aquí vas a encontrar objetos rescatados de este importantísimo yacimiento arqueológico y bastante información (mucho audiovisual) para comprender la evolución del lugar desde sus orígenes íberos a sus días romanos. Y después queda subir hasta lo alto de la colina para ver lo que queda de la vieja ciudad.

Campamento base en Puigcerdá, la capital de la Cerdanya catalana.- La villa de Puigcerá se sitúa en una posición de centralidad del gran altiplano que forman las dos Cerdanyas: la española y la francesa. La ciudad nació en 1177 por orden del rey Alfonso II de Aragón para desplazar la capital de la comarca desde Hix (hoy apenas un par de casas en torno a una vieja iglesia románica en territorio francés). La necesidad de crear una gran villa fortificada fue el germen de esta mudanza. Puigcerdá es la gran ‘ciudad’ de la Cerdanya en tamaño y en porte monumental. Junto al Museo Cerdá (Carrer Higini de Rivera, 4), antiguo convento donde se cuenta la historia y se explica la cultura local, puedes ver los restos de las fuertes Murallas (Carrer Alfons I, 46), que dan buena muestra de la importancia estratégica del lugar.

Otros lugares importantes donde puedes rastrear esta historia que se hunde en la Edad Media son la Plaza del Ayuntamiento, que ejerce de mirador elevado sobre gran parte de la comarca, el Carrer Mayor y la Plaza de Santa María, donde puedes ver el campanario de una antigua iglesia (Santa María y de ahí el nombre del espacio) del siglo XII. El gran monumento de la villa es la Iglesia de San Domenec (Carrer Alfons I, 21) un amplio y chato templo gótico del siglo XIII que formaba parte de un convento y se convirtió en la gran iglesia de la villa al derrumbarse Santa María durante la Guerra Civil española. En su interior puedes ver restos de pinturas murales del siglo XIV que son muy lindas de ver.

La visita a Puigcerda se completa con otros dos puntos de interés: el Lago, donde puedes ver restos de las antiguas murallas (dos viejas torres y algunos rastros del muro) y los chalets burgueses de finales del siglo XIX y principios del XX que forman un curioso conjunto vacacional donde pasaban largas temporadas algunas de las familias más ilustres de la burguesía catalana. El otro lugar es el Puente de San Martín (Carrer Pont de Sant Martí, 5), una bonita pasarela medieval del siglo XV que da acceso a una pequeña aleda donde hay una ermita muy bonita (también con el nombre de San Martín).

Pasar a Llivia, una isla española en un mar francés.- Esta zona de Los Pirineos ha sido territorio en disputa durante siglos y no es raro ver fronteras insólitas que, en casos como la pequeña villa de Llivia, llegan al extremo de ser pequeños enclaves de soberanía española que se sitúan a pocos kilómetros de la frontera entre los dos países. Lo que viene a ser una isla rodeada de Francia por todos lados. En el caso de Livia, la raya con Francia está 1,7 kilómetros. Que este pequeño pueblo precioso quedara en manos españolas es fruto de una triquiñuela legal: tras la guerra de los 30 años, España cedió 33 pueblos de la Cerdanya pero Llivia quedó fuera por su condición de Villa.

Lo que podemos ver hoy es una verdadera joya que no ha perdido su esencia medieval. El pueblo, con las típicas casas de piedra se arremolina en torno a la Iglesia de Nuestra Señora de Los Ángeles (Carrer dels Forns, 11), una sólida construcción gótica del siglo XVI que aunaba función de templo y fortaleza y guarda en su interior un pequeño tesoro artístico: una bonita pila bautismal románica del siglo XII. El otro gran monumento medieval de la villa es su Castillo (acceso desde Carrer de Julia Líbica), que más que verse se intuye a través de sus restos. Pero la historia de Llivia es mucho más antigua.

Y su nombre da alguna pista. En la colina que sirve de base al castillo podemos ver los restos del foro de la antigua Iulia Libica (Carrer de la Colomina, 1), un municipium romano que servía para controlar este paso estratégico en plena cordillera. Se han localizado el foro, una domus de importancia con baños y lo que parece ser un templo. Junto a los restos romanos han aparecido algunas estructuras de origen íbero que ponen de manifiesto la antigüedad de la población. Un museo muy especial.- Una de las visitas obligadas en esta isla catalana en Francia es el Museo Municipal (Carrer dels Forns, 10), una vieja farmacia del siglo XVIII que alterna su función de botica antigua con la de museo de historia con algunas piezas arqueológicas muy buenas.

Un museo francés para terminar.- Muy cerca de Llivia se encuentra el Museo de la Cerdanya (1 Av. Cal Mateu -Sainte-Léocadie-) instalado en una preciosa masía campesina del siglo XVIII que ya es digna de verse por sí misma. Esta granja fue sede del poder real tras la incorporación de la comarca a Francia y hoy ejerce de museo comarcal centrado en la historia y la etnografía del lugar.

Fotos bajo Licencia CC: ANSELM PALLÀS; jordidroj; thierry llansades; Alex Morales