¿Qué pasó en el Everest en 1996 para provocar la jornada más mortal de su historia?

Las demoras arriba dejaron menos opciones para escapar

Héctor Farrés

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Un retraso pequeño a gran altura puede dejar a una persona sin fuerzas para regresar antes de que cambie el tiempo. El Everest concentra ese riesgo de una forma extrema porque obliga a caminar durante horas en una zona con muy poco oxígeno, frío intenso y capacidad limitada de reacción.

Muchas personas llegan a la montaña después de años de preparación y con una inversión enorme de dinero, algo que vuelve más difícil aceptar una retirada cuando la cima parece cercana. El problema no aparece solo en los momentos de tormenta. También surge cuando el cansancio altera las decisiones, cuando una cuerda se bloquea por exceso de gente o cuando el oxígeno empieza a agotarse lejos del campamento. El Everest no suele dejar espacio para corregir errores acumulados durante una subida.

Las expediciones comerciales llevaron al Everest hasta la tragedia de 1996

Una tormenta atrapó a decenas de escaladores en la parte alta del Everest el 10 de mayo de 1996 y dejó ocho muertos durante el descenso. El desastre sucedió en un momento en que las expediciones comerciales llevaban cada vez más clientes a la montaña, según recogieron Outside y otros medios internacionales en aquellos días. Jon Krakauer, periodista y montañero presente en la expedición, relató después lo ocurrido en el libro Mal de altura. La tormenta golpeó la ruta que unía la cima con el campamento cuatro y alcanzó a grupos dirigidos por Rob Hall y Scott Fischer.

El Everest había cambiado mucho antes de aquella tragedia. Edmund Hillary y Tenzing Norgay alcanzaron la cima en 1953, cuando la montaña todavía quedaba reservada para montañeros con mucha experiencia. En los años 60 menos de 20 personas llegaron arriba. La situación empezó a cambiar en los años 80, después del uso de una ruta más accesible por la arista sureste y del éxito del empresario texano Dick Bass, guiado hasta la cima en 1985.

Yasuko Namba y Scott Fischer murieron durante aquella noche

Krakauer escribió que entonces “las puertas se abrieron de par en par”. Las agencias empezaron a vender expediciones muy caras a clientes con dinero y preparación física aceptable, aunque algunos tenían poca experiencia en hielo y altura extrema.

Rob Hall dirigía Adventure Consultants y anunciaba una tasa completa de éxito para sus clientes. Scott Fischer hacía algo parecido con Mountain Madness. Cada expedición podía costar unos 65.000 dólares, cerca de 60.000 euros al cambio actual aproximado, y el viaje duraba unos dos meses.

Primero llegaba la caminata hasta el campamento base y después varias semanas de aclimatación antes del ataque final a la cima. Hall insistía mucho en el llamado horario de retirada. Sus clientes debían bajar si no alcanzaban la cima antes de las 14:00 horas. El guía explicó a Krakauer que “el truco está en volver vivo”.

Las colas frenaron el ascenso sobre los 8.000 metros

El problema apareció cuando varias cordadas avanzaron demasiado despacio. Algunas personas tardaron mucho en superar el Hillary Step, un paso estrecho que obligaba a usar una sola cuerda para subir y bajar. La acumulación de gente creó largas esperas en una zona situada por encima de los 8.000 metros, donde el cuerpo empieza a deteriorarse incluso con oxígeno adicional. Mark Synnott recordó años después que los atascos seguían presentes en el Everest moderno y contó que en 2019 vio filas enormes durante una ventana breve de buen tiempo. El escritor explicó que “una buena parte de esas personas no iba a regresar”.

Las avalanchas y el terremoto de Nepal provocaron nuevas tragedias durante los años siguientes

Krakauer consiguió bajar antes de que la tormenta empeorara, aunque perdió casi todo el oxígeno durante una espera en la cuerda. Más arriba, varios escaladores seguían celebrando la llegada a la cima mientras el viento empezaba a levantar nieve y la visibilidad caía con rapidez. Algunos grupos se desorientaron en el descenso y terminaron atrapados cerca de una arista expuesta.

Yasuko Namba murió durante aquella noche. Beck Weathers logró regresar al campamento horas después, aunque perdió una mano y parte de la nariz por congelación. El propio Fischer murió agotado después de pasar demasiado tiempo sin oxígeno en la zona alta. Andrew Harris desapareció mientras caminaba desorientado cerca del campamento.

Hall permaneció junto a su cliente Doug Hansen hasta el final. Hansen murió en la montaña y Hall logró hablar por radio con el campamento base durante la mañana del 11 de mayo. Su esposa Jan Arnold habló con él por teléfono vía satélite desde Nueva Zelanda. Hall ya no podía moverse por las lesiones en manos y pies. Sus últimas palabras fueron para despedirse: “Te quiero. Duerme bien, cariño”.

El Everest siguió acumulando muertos después de 1996

El debate sobre lo ocurrido continúa casi 30 años después. Algunos supervivientes criticaron las decisiones tomadas por otros guías y cuestionaron el relato publicado por Krakauer. Anatoli Boukreev, uno de los supervivientes de aquella expedición que murió un año más tarde en el Annapurna, respondió a varias acusaciones en su propio libro.

Varias cordadas quedaron detenidas durante mucho tiempo junto al Hillary Step

El Everest siguió acumulando accidentes graves después de 1996. Una avalancha mató a 16 sherpas en 2014 y el terremoto de Nepal dejó 22 muertos en el campamento base en 2015. Aun así, miles de personas siguen intentando alcanzar la cima cada temporada. El Everest mantiene la misma exigencia que tenía antes del turismo masivo y todavía castiga cualquier demora cuando llega la hora de bajar.

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