Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
Guía para seguir las elecciones andaluzas: encuestas y pactos
Florentino Pérez, el hombre que no soporta perder
Opinión - 'El problema no es Starmer', por Enric González

Andalucía vota entre consolidarse como el gran bastión del PP o devolver la confianza a la izquierda

De izquierda a derecha, José Ignacio García (Adelante); Antonio Maíllo (Por Andalucía); María Jesús Montero (PSOE), Juanma Moreno (PP) y Manuel Gavira (Vox).

Daniel Cela

Sevilla —
16 de mayo de 2026 22:10 h

1

Este domingo juega el Sevilla Fútbol Club contra el Real Madrid; el Barça contra el Real Betis Balompié y unos 6,8 millones de andaluces están llamados a votar, de los que 369.000 podrán hacerlo por primera vez, y otros 163.000 ya lo han hecho por correo (un 0,8% más). La Liga de fútbol ya está decidida, pero los andaluces se juegan su futuro en estas elecciones autonómicas, las cuartas del ciclo electoral, tan decisivas para Andalucía como para España.

Andalucía vota este domingo entre dos proyectos de gobierno muy distinguibles: el del popular Juan Manuel Moreno, referente de la derecha más templada, y el de la socialista María Jesús Montero, que representa las políticas de Pedro Sánchez en la comunidad más poblada de España (8,7 millones de habitantes, el 20% del país).

Por encima de todo, los comicios en Andalucía son una contienda desigual entre dos bloques ideológicos: el neoliberal, aupado en una ola conservadora hegemónica en todo el mundo, es hoy más robusto, y se mira en el espejo de los recientes acuerdos de gobierno en Extremadura, Aragón y (presumiblemente) Castilla y León; y el progresista, más debilitado, cuya máxima expresión es el Ejecutivo de PSOE y Sumar, con apoyos puntuales y accidentados de un nutrido grupo de partidos en el Congreso, unos de izquierdas, otros de derechas, otros independentistas, y todos alineados contra la alternativa al binomio PP-Vox.

Juanma Moreno, en el cierre de campaña en Málaga.

Las izquierdas han tratado de que esta campaña gire en torno a la gestión de los servicios públicos esenciales, competencias exclusivas del Gobierno autonómico, para visibilizar que su modelo fiscal, sanitario, educativo, sus políticas sociales, de vivienda, de turismo, etc. son claramente identificables, y se pueden contrastar con las propuestas implementadas por el Ejecutivo de Moreno las últimas dos legislaturas.

Sin embargo, la campaña ha sido muy plana en términos generales, con pocos sobresaltos, y se ha impuesto un marco mental mucho menos exigente y mucho más superficial: la mayoría de andaluces, sean de izquierdas o de derechas, identifican a Moreno con un clima político tranquilo, moderado y sereno, que es el que ha dominado los últimos cuatro años en Andalucía, gracias al factor narcotizante de la mayoría absoluta del PP.

En cambio, Montero aterrizó (tarde) en campaña, lastrada por esa imagen de hostilidad que se ha adueñado de la política en Madrid, víctima de la polarización, el enfrentamiento y la bronca, frutos de un Gobierno socialista siempre asediado, siempre en la cuerda floja.

En Andalucía, cuando la gente enciende Canal Sur Televisión —principal medio de los andaluces para informarse— suele encontrarse a Juanma Moreno sonriendo y a María Jesús Montero enfadada. A Moreno inaugurando un centro de salud y a Sánchez dando explicaciones sobre los casos judiciales de Ábalos, Koldo y Cerdán, de su mujer, Begoña Gómez, o de su hermano.

A Moreno marcando distancias con Vox, con Isabel Díaz Ayuso e incluso con su jefe de filas, Alberto Núñez Feijóo, que ha avalado los pactos de gobierno con la ultraderecha en otros territorios; y a Montero con Sánchez denunciando que las políticas de Moreno son las mismas políticas del PP que las de Ayuso, que Juanma es educado, pero no moderado...

María Jesús Montero y Pedro Sánchez, en el cierre de campaña del PSOE en Sevilla.

El déficit sanitario desentona la canción de Moreno

PSOE, Por Andalucía y Adelante Andalucía han orbitado en campaña alrededor del deterioro de la sanidad pública, principal problema para los andaluces y talón de Aquiles de la gestión de Moreno. Sus candidatos han aparecido en movilizaciones sindicales y se han reunido con asociaciones que están denunciando a la Junta en los tribunales, como Amama, la organización que destapó el escándalo de los cribados de cáncer de mama. “Un referéndum por la salud”, ha sintetizado Montero, cuyo lema electoral es la apuesta a una sola carta: “Sanidad pública”.

El dirigente popular, en cambio, ha sobrevolado estos 15 días por las fiestas de la primavera andaluza, romerías y ferias, se ha hecho selfies con todo el mundo, se ha dejado ver por la calle, se ha hecho vídeos, ha grabado su propia canción para los mítines, ha abrazado a un personaje de Star Wars y le ha hecho la visita de rigor a su vaca “talismán”, en una granja de Córdoba, sin dejar de sonreír y convencido de que “la hipérbole y la exageración” de sus adversarios “no se corresponde con la realidad”. “¿Dónde está la conflictividad social? ¿Por qué soy el favorito en las encuestas?”, dice.

En la primera semana de campaña, su Gobierno ha firmado una subida salarial para la plantilla de bomberos del Infoca con los mismos sindicatos de clase -CCOO y UGT- que el primer día de campaña viajaron a Málaga para manifestarse por el 1 de mayo.

Las elecciones andaluzas, por tanto, no giran en torno a las políticas del PP de Juanma Moreno como de su propia personalidad política. “El yerno perfecto”, “el novio de Andalucía”, “el suavón”, le han llamado sus rivales de izquierdas en el Parlamento, incapaces de deconstruir al personaje que ha convencido a una gran mayoría de andaluces de que le voten a él, no al PP, porque “sociológicamente Andalucía todavía no estaba preparada para votar a la derecha”, dice su entorno, después de casi 37 años ininterrumpidos de gobiernos socialistas.

Antonio Maíllo con Inma Nieto, en el cierre de campaña de Por Andalucía, en Sevilla.

“Estabilidad o lío”

El favorito en todas las encuestas es Moreno, presidente de la Junta desde hace casi ocho años, que aspira a renovar su mayoría absoluta para no verse abocado a cogobernar con la ultraderecha, como han hecho sus compañeros de partido. De hecho, el dirigente popular se ha servido de los bandazos en las negociaciones de PP y Vox en Extremadura y Aragón —bajo el signo antiinmigrante de la “prioridad nacional”— para sintetizar toda su campaña en un solo lema: “estabilidad o lío”; “gobierno o desgobierno”.

Moreno ha marcado distancias con la ultraderecha, pero se ha cuidado mucho de no confrontar abiertamente con ellos en los debates electorales y en los mítines. El popular, de hecho, les ha dejado expedito un espacio político fronterizo entre el votante del PP y el de Vox, el espinoso asunto de la inmigración, que ha sido el monotema de los de Santiago Abascal durante toda la campaña. Almería, la provincia con más presión migratoria y donde Vox es más fuerte, es la única que el dirigente popular no ha pisado en los últimos 15 días de mítines por toda Andalucía.

En esta campaña, al contrario de lo que ocurrió en las andaluzas de 2022, también es significativo que el PSOE y las otras dos formaciones de izquierdas —Por Andalucía y Adelante Andalucía— hayan ignorado a Vox y orillado el discurso del miedo a la ultraderecha que explotaron hace cuatro años. No funcionó entonces y, si acaso, le funcionó a Moreno, que fue quien capitalizó ese miedo a la entrada de los de Abascal en la Junta, bien por transferencia de votos del centroizquierda, bien por una desmovilización masiva de electores socialistas.

Mientras el PSOE se esfuerza por reconstruir su imagen y credibilidad ante los votantes progresistas —“Si nos votaste antes, vuélvenos a votar, no te fallaremos”, ha repetido Montero en el tramo final de campaña—, las otras dos izquierdas pelean por movilizar a los suyos y sacar músculo. La fragmentación del voto progresista en tres papeletas debilita a este espacio en un mapa electoral subdividido en ocho circunscripciones, algunas de ellas muy pequeñas y con poco margen para cuatro o cinco formaciones políticas. Aunque el daño más significativo de la izquierda es la propia desmovilización de sus bases.

La coalición Por Andalucía, que integra a Izquierda Unida, Sumar, Podemos y otras cuatro formaciones menores, responde al mandato de las bases que reclamaban la “unidad de la izquierda”. Su candidato, el coordinador federal de IU, Antonio Maíllo, se ha presentado como la izquierda “útil” que “quiere gobernar”, la que representa a los ministros de Sumar en el Gobierno de Sánchez, principal rasgo de identidad que le diferencia de Adelante Andalucía. El partido andalucista y anticapitalista que fundó Teresa Rodríguez, hoy comandado por José Ignacio García, se ha presentado como “una izquierda nueva” y “alegre”, con una autonomía política que echa en falta en sus exsocios de IU y Podemos.

Estas dos izquierdas, aunque calladamente están enfrentadas, han jugado a un pacto de no agresión en campaña, buscando ensanchar el espacio de la izquierda y no hacerse daño mutuamente, porque les une el objetivo común de “echar a las derechas”.

El punto de partida de esta contienda está en los resultados electorales de 2022: Moreno parte de su techo histórico: 1,5 millones de votantes y 58 diputados, tres por encima de la mayoría absoluta (55). Hace cuatro años logró el 43% del escrutinio, es decir, consiguió la mayoría absoluta más “barata” de la historia, gracias a la baja participación (58,3%) y a la desmovilización masiva de la izquierda. El dirigente popular se ha marcado tres objetivos: volver a ser la fuerza más votada en Andalucía, ganar en las ocho provincias y reeditar la mayoría absoluta, “o quedarme lo más cerca posible.

El PSOE está justo en el extremo opuesto: su resultado en 2022 fue el más bajo de su historia, 19 puntos por debajo del PP (885.000 votos; 24%), y los 30 diputados que obtuvo el equipo de Juan Espadas. Montero se ha conjurado contra todas las encuestas que taladran más aún ese sótano electoral, y que han jugado un papel desmoralizador para los socialistas durante toda la campaña.

Vox viene de crecer en las elecciones de Extremadura, Aragón y Castilla y León, donde obtuvo un resultado bueno, pero por debajo de las expectativas. En Andalucía es tercera fuerza con 494.000 votantes (13,46%) y 14 diputados. La campaña ha estado monopolizada por el discurso nacional y la presencia de Abascal, que ha cogido las riendas de la candidatura de Manuel Gavira.

La ultraderecha apoyó la investidura de Moreno en 2019 tras un pacto con el PP y le permitió gobernar hasta 2022, apoyándole tres presupuestos autonómicos. Ahora aspiran a regresar a aquel momento, haciéndose indispensables para el futuro Ejecutivo de Moreno, “aunque le falte un escaño para la mayoría absoluta”.

La coalición de Maíllo parte con cinco diputados y aspira a duplicar el número gracias a la reunificación entre IU, Sumar y Podemos. El resultado en Andalucía servirá de termómetro para la alianza que se está gestando ya para las generales de 2027, siempre con los morados a una distancia de seguridad palmaria. El último en liza es Adelante Andalucía, hoy con dos diputados, y la aspiración de lograr, al menos, los cinco que precisa para tener grupo parlamentario propio. García ha emprendido un carril propio, separado del debate de la unidad de las izquierdas, para consolidar a su formación como la única apuesta territorial, sin ataduras con jefaturas en Madrid.

José Ignacio García, en el cierre de campaña de Adelante Andalucía en Sevilla.

La economía va bien, pero no para todos

Las elecciones en Andalucía se producen en un ciclo de economía boyante para España, con un crecimiento oficial del PIB del 2,2%, cifra récord en afiliaciones a la Seguridad Social, el auge de la inversión y el consumo y el récord en exportaciones de bienes.

Las cifras macroeconómicas de España han dopado también los datos de las comunidades autónomas, gestoras de los servicios públicos esenciales (sanidad, educación, dependencia...), que han contado con más ingresos que nunca por el aumento de la recaudación y el reparto de fondos europeos. Esta foto fija, sin embargo, está amenazada por un contexto de incertidumbre en la geopolítica internacional, con la guerra de Putin en suelo europeo (Ucrania), el genocidio de Netanyahu en Gaza y la guerra de Trump en Irán.

Andalucía ha crecido estos cuatro años al abrigo de la economía española, mejorando todos los parámetros socioeconómicos en una proporción similar al conjunto del país. Moreno ha celebrado los buenos datos de empleo en su comunidad, los mismos que elogia desde Madrid el Gobierno de Sánchez, mientras la dirección nacional del PP negaba que fueran reales. Esa doble lectura está presente también hoy en las urnas, cuando los andaluces decidan si votan por sus políticas o por sus políticos.

Sin embargo, la comunidad más extensa de España sigue estando a la cola en renta per cápita, tiene los índices de pobreza más altos del país -seis de los diez barrios más pobres están en Andalucía-, la brecha entre los andaluces más pudientes y la clase baja se ha ensanchado, y la convergencia respecto al nivel de vida de otras comunidades no ha mejorado significativamente.

El deterioro de la sanidad pública —uno de los leit motiv de estas elecciones— es el primer problema para los andaluces, seguido de la vivienda y el paro. Son tres factores que también aparecen en la cúspide de los problemas que preocupan a los españoles, pero este domingo le toca a los andaluces avalar o censurar a los partidos que aspiran a gestionar las políticas públicas que más afectan a sus vidas.

Manuel Gavira, en el cierre de campaña de Vox en Sevilla.
Etiquetas
stats