¿Por qué la extinción de megafauna hace 10.000 años aún condiciona quién prospera en los ecosistemas actuales?
Las mordeduras del tigre de Tasmania desaparecieron hace décadas, pero su ausencia todavía altera la cantidad de pequeños depredadores en Australia. Algo parecido ocurrió con el mamut lanudo en el norte o con los grandes perezosos terrestres en América, animales que dejaron huecos enormes dentro de las cadenas alimentarias y cambiaron la relación entre las especies que sobrevivieron.
La desaparición de animales sigue teniendo consecuencias miles de años después porque cada gran herbívoro o gran carnívoro ocupaba una función difícil de sustituir. Cuando esas especies desaparecen, cambian las presas disponibles, cambian los territorios y también la presión sobre otros animales más pequeños.
En el caso de la megafauna, la comunidad científica sigue discutiendo qué provocó aquellas extinciones masivas ocurridas entre hace 50.000 y 10.000 años. Algunos investigadores apuntan a cambios climáticos bruscos, mientras otros consideran que la expansión humana fuera de África aumentó la caza y aceleró el declive de muchos mamíferos gigantes.
La megafauna desaparecida sigue afectando a otras especies
Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences concluye que aquellas desapariciones siguen alterando hoy las redes alimentarias de numerosos ecosistemas, según explicó Popular Science al recoger los resultados del trabajo liderado por investigadores de la Universidad Estatal de Míchigan.
Los científicos analizaron 389 regiones tropicales y subtropicales repartidas entre América, África y Asia para reconstruir las relaciones entre depredadores y presas dentro de las comunidades actuales de mamíferos. El trabajo detectó que los ecosistemas americanos conservan menos variedad de presas y muestran redes alimentarias más frágiles debido a la fuerte pérdida de grandes mamíferos ocurrida hace miles de años.
Los investigadores también observaron que muchos depredadores actuales dependen de menos opciones para alimentarse y cazan animales con tamaños más parecidos entre sí.
América perdió tres cuartos de sus grandes mamíferos
Las diferencias entre continentes aparecen incluso en ecosistemas que hoy parecen similares. En África, donde sobrevivieron más mamíferos gigantes, los depredadores todavía mantienen dietas mucho más amplias y pueden cazar especies de tamaños distintos. Esa variedad hace que las redes alimentarias soporten mejor los cambios ambientales y mantengan más conexiones entre animales.
En América, en cambio, los científicos encontraron sistemas más reducidos y con menos margen para adaptarse cuando desaparece una presa o cambia el entorno. El estudio señala que estas diferencias no dependen solo del clima actual ni de la vegetación, porque la importancia de las extinciones antiguas todavía condiciona la estructura de las comunidades animales.Los investigadores destacan que en América del Norte y América del Sur desaparecieron más de tres cuartos de los grandes mamíferos durante los últimos 50.000 años.
Esa pérdida redujo de forma drástica la cantidad de presas disponibles para depredadores como el tigre dientes de sable Smilodon o el lobo terrible. El trabajo menciona también al ciervo gigante Morenelaphus brachyceros, un herbívoro sudamericano que alcanzaba unos 200 kilos y desapareció hace entre 10.000 y 12.000 años. Cuando esos animales dejaron de existir, las redes alimentarias perdieron conexiones y muchas especies quedaron con menos recursos para sobrevivir.
El mamut lanudo transformó las tundras tras desaparecer
El caso del mamut lanudo muestra hasta qué punto estos cambios alteraron ecosistemas enteros. La desaparición de ese herbívoro modificó las relaciones entre depredadores en las tundras del norte y cambió la organización de las comunidades animales que existen hoy en esas regiones.
Chia Hsieh, ecóloga y coautora del estudio citada por Popular Science, explicó que “gran parte del nivel inferior de la red alimentaria se perdió”. Esa reducción afectó a carnívoros, carroñeros y también a especies pequeñas que dependían de los grandes mamíferos para encontrar alimento o refugio.
La Unión Internacional teme nuevas desapariciones masivas
Las causas de aquellas extinciones siguen abiertas al debate científico. Algunos especialistas consideran que los cambios climáticos del final del Pleistoceno alteraron los hábitats y redujeron los recursos disponibles para muchos animales gigantes. Otros investigadores creen que la expansión humana tuvo un papel decisivo porque aumentó la presión de caza y ocupó territorios donde antes dominaban esos grandes herbívoros y depredadores.
El estudio recuerda que todavía no existe una explicación única aceptada por toda la comunidad científica, aunque muchos trabajos apuntan a una suma de factores ambientales y humanos desarrollados durante miles de años.
La preocupación actual tiene relación con ese pasado. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza calcula que cerca de la mitad de los animales con más de 20 kilos se encuentra amenazada, bajo riesgo o en peligro crítico de extinción. Los investigadores advierten de que una nueva pérdida masiva de grandes mamíferos podría repetir parte de los cambios detectados tras la desaparición de la megafauna. Eso reduciría todavía más la variedad de presas disponibles y haría más frágiles las redes alimentarias en numerosos ecosistemas.
El trabajo también incorporó datos sobre historia evolutiva, cambios climáticos antiguos y transformaciones geográficas para explicar por qué las redes alimentarias actuales son distintas según el continente. Los científicos comprobaron que las pérdidas históricas dejaron efectos que todavía pueden medirse hoy en la amplitud de las dietas de los depredadores y en la organización de las comunidades animales.
Miles de años después de la desaparición de los mamuts, de los perezosos gigantes o de los grandes ciervos americanos, los ecosistemas todavía funcionan con menos especies y con menos conexiones de las que tenían antes.
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