Sin planchar pero bien limpia: cinco trucos prácticos para almacenar tu ropa con el cambio de armario de primavera
El cambio de armario de primavera suele empezar de la misma manera en muchas casas. Al abrir el armario, aparecen prendas que ya no hacen falta, como los jerséis que ocupan demasiado o las bufandas que llevan un tiempo sin usarse. A la vez que se sacan algunas piezas, hay que hacer sitio a otras más finas o de entretiempo, como camisas ligeras o camisetas que empiezan a usarse cuando suben las temperaturas.
Aunque muchas veces se hace deprisa, guardar bien la ropa de invierno ayuda a que se conserve mejor durante los meses en los que no se va a utilizar. Lo importante es que esté limpia, seca y en un sitio adecuado. Una arruga se puede quitar más adelante, pero una mancha, la humedad o el olor a cerrado pueden ser más difíciles de solucionar pasado un tiempo.
Este momento también sirve para revisar qué ropa se queda y cuál ya no tiene tanto sentido guardar. Hay prendas que necesitan un arreglo, otras que llevan varias temporadas sin salir del armario y algunas que solo ocupan espacio. Hacer esta revisión antes de llenar cajas, fundas o cajones permite ordenar mejor y evita acumular ropa sin necesidad.
Guardar solo ropa limpia y bien seca
Antes de guardar la ropa de invierno, es mejor lavarla o limpiarla según indique la etiqueta. Aunque parezca limpia, puede tener restos de sudor, polvo, colonia o alguna mancha pequeña que no se ve a primera vista. Si se queda meses en ese estado, esos restos pueden fijarse más al tejido.
Antes de lavar cualquier prenda, merece la pena mirar la etiqueta. No todas se pueden meter en la lavadora ni todas aceptan el mismo programa. Algunas piezas necesitan un cuidado más concreto para no perder forma ni estropearse. Después del lavado, la ropa debe estar completamente seca antes de guardarla. En prendas gruesas, la humedad puede quedarse en costuras, puños o zonas más densas. Si se mete en una caja o una bolsa cerrada antes de tiempo, puede acabar oliendo mal.
Doblar bien y dejar la plancha para más adelante
No es necesario planchar toda la ropa antes de guardarla. Muchas prendas se van a arrugar igualmente después de pasar meses dobladas o dentro de una caja. Por eso suele ser más útil colocarlas bien que dedicar tiempo a plancharlas, porque no se van a usar hasta la próxima temporada. Antes de doblar, es importante vaciar bolsillos, cerrar cremalleras y abrochar botones. Los jerséis gruesos suelen conservarse mejor doblados que colgados, porque el peso puede deformar los hombros. En cambio, abrigos o americanas suelen ir mejor en una percha y protegidos con una funda adecuada.
También es mejor no apretar demasiado la ropa. Si una caja no cierra bien o hay que empujar mucho para meterlo todo, probablemente está demasiado llena. Guardar las prendas muy comprimidas puede marcar pliegues y deformar algunos tejidos.
Separar las prendas según el tejido
No toda la ropa se guarda de la misma manera. Una sudadera de algodón o una camiseta básica no necesita el mismo cuidado que un jersey de lana fina, una bufanda de cachemir o una prenda de seda. Por eso, antes de colocar todo en cajas, es útil separar por tipo de tejido.
Las prendas más delicadas necesitan más protección, sobre todo si van a estar meses sin usarse. La lana, la seda o el cachemir deben guardarse limpias, secas y en espacios cerrados. También es mejor no mezclarlas con ropa que no se haya lavado. Una forma sencilla de organizar el cambio de armario es separar jerséis y bufandas de lana, básicos de algodón, ropa deportiva, abrigos y prendas delicadas. Así será más fácil encontrar cada cosa cuando vuelva el frío y no habrá que deshacer todo el orden del armario.
Elegir bien las cajas, las fundas y el lugar
El sistema de almacenaje también influye en cómo se conserva la ropa. Para prendas dobladas, las cajas con tapa ayudan a proteger del polvo y permiten mantener cierto orden. Para abrigos, chaquetas con estructura o trajes, suelen ser más adecuadas las fundas, siempre que no queden apretados entre demasiadas prendas.
Las bolsas de plástico finas, como las de algunas tiendas o tintorerías, no son la mejor opción para guardar ropa durante varios meses. Pueden romperse, retener humedad o dejar la prenda demasiado comprimida. Para guardar durante más tiempo, es preferible usar cajas resistentes, bolsas textiles limpias o fundas pensadas para ropa. El lugar elegido debe estar limpio y seco. Es mejor evitar zonas con humedad, olor a cerrado o poca ventilación. Antes de colocar la ropa de primavera y guardar la de invierno, merece la pena limpiar baldas, cajones y barras, además de retirar pelusas o restos de polvo.
Revisar antes de cerrar el cambio de armario
Antes de guardar una prenda durante meses, merece la pena revisarla con calma. Un botón flojo, una cremallera que falla o una costura abierta pueden parecer detalles pequeños, pero si se dejan para más adelante, lo más probable es que se olviden hasta que vuelva a hacer falta esa ropa. También hay que mirar si hay manchas. Aunque sean pequeñas, es mejor tratarlas antes de guardar la prenda. Si pasan meses dentro de una caja, pueden resultar más difíciles de eliminar después.
El último paso es decidir qué ropa merece seguir ocupando espacio. Si una prenda lleva varias temporadas sin usarse, quizá conviene donarla, arreglarla o sacarla del armario. Guardar menos, pero mejor, ayuda a mantener el orden y facilita el próximo cambio de temporada.
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