¿Pueden los incendios borrar años de recuperación del hábitat de los orangutanes? Los expertos lanzan un aviso serio
Las zonas que todavía conservan árboles altos ya no bastan para proteger a los orangutanes. El animal más emblemático de Borneo pierde terreno cada año por los incendios, las plantaciones, la minería y la tala, mientras muchos grupos quedan atrapados en fragmentos aislados de bosque donde apenas encuentran alimento.
Esa presión también empuja a algunos ejemplares hacia cultivos y granjas, un problema que acerca todavía más a los orangutanes a las personas y agrava los conflictos en varias regiones de Indonesia. La situación resulta todavía más delicada porque la especie tarda muchos años en reproducirse y cada pérdida afecta durante décadas a la población.
El orangután de Borneo figura como especie en peligro crítico y distintos estudios calculan que sus números han caído más de un 80% en las últimas décadas. Los incendios agravan todavía más ese deterioro porque destruyen alimento, dañan la salud de los animales y arrasan zonas que habían tardado años en recuperarse.
Los fuegos reducen otra vez la población crítica en Indonesia
Los incendios registrados en marzo destruyeron parte de una restauración forestal creada para orangutanes en la aldea de Pematang Gadung, en la provincia indonesia de Kalimantan Occidental, según informó Mongabay. La organización Yayasan IAR Indonesia llevaba una década recuperando ese bosque después de los grandes incendios de 2015 y había plantado cerca de 150.000 árboles en unas 300 hectáreas para devolver alimento a los orangutanes.
Un análisis elaborado por TheTreeMap para Mongabay calculó que el fuego quemó al menos 171 hectáreas dentro de la zona afectada. El avance de las llamas alarmó a los equipos de conservación porque la estación seca todavía no había alcanzado su punto más duro.
La restauración comenzó después de que muchos vecinos denunciaran la entrada de orangutanes en cultivos de la zona. Grandes áreas del bosque habían quedado degradadas años antes y los animales se acercaban a las granjas para buscar comida. Yayasan IAR Indonesia trabajó junto a comunidades locales y autoridades para recuperar el terreno con árboles frutales que permitieran alimentar otra vez a la fauna salvaje dentro del bosque.
YIARI recuperó un bosque arrasado tras los incendios de 2015
La directora ejecutiva de YIARI, Karmele Llano Sánchez, explicó a Mongabay que la intención consistía en extender el hábitat disponible para que la población pudiera repartirse mejor. Las primeras señales positivas llegaron en 2024, cuando las cámaras instaladas en la zona captaron otra vez orangutanes dentro del área restaurada. Rohadi, vecino de Pematang Gadung y participante en las patrullas forestales desde 2015, contó que también empezaron a regresar aves y jabalíes salvajes durante la temporada de fruta.
El incendio comenzó en una parcela situada al otro lado de un río donde se preparaba terreno para plantar palma aceitera. Después, el viento arrastró brasas hasta el bosque en recuperación y el fuego terminó entrando en la zona restaurada. Rohadi explicó a Mongabay que las llamas cruzaron incluso un río de entre 15 y 20 metros de anchura.
La vegetación baja que todavía crecía entre los árboles plantados facilitó la propagación del fuego durante varias semanas. Sánchez aseguró que bastó una sola quema para que las llamas alcanzaran un área situada a unos dos kilómetros del origen inicial. Rohadi relató que sintió ganas de llorar al ver cómo desaparecía en pocas semanas un trabajo desarrollado durante años.
La ONG Madani Berkelanjutan calculó que entre enero y marzo ardieron unas 67.450 hectáreas en Indonesia, aunque gran parte del país seguía oficialmente dentro de la temporada de lluvias. Más del 65% de la superficie afectada correspondía a turberas, terrenos que se secan con rapidez cuando han sido degradados y que permiten que el fuego avance incluso bajo tierra.
YIARI reconoció que todavía necesitaría más recursos contra futuras sequías
Esa situación preocupa especialmente en paisajes cubiertos por helechos y vegetación baja como los que rodean Pematang Gadung. Sánchez explicó a Mongabay que la zona ya sufría una sequedad extrema antes incluso de la llegada del momento más duro asociado al fenómeno de El Niño.
El recuerdo de 2015 sigue muy presente dentro de la organización porque aquel año ardieron 2,6 millones de hectáreas en Indonesia y YIARI tuvo que rescatar más de 80 orangutanes atrapados en bosques quemados. Sánchez recordó que muchos animales aparecieron desnutridos después de pasar meses sin apenas comida y respirando humo.
YIARI ha invertido desde entonces en bombas portátiles, formación y sistemas de vigilancia para responder mejor ante los incendios, aunque la organización reconoce que todavía no dispone de medios suficientes para afrontar una temporada extrema. Sánchez explicó que un periodo seco normal resultaría manejable, pero una sequía prolongada obligaría a desplegar muchos más recursos.
Uno de los principales problemas pasa por el acceso al agua, ya que numerosos focos aparecen lejos de los ríos y requieren bombas portátiles muy costosas. Cada equipo puede costar cerca de 300 millones de rupias, unos 17.300 euros, sin contar las mangueras y otras infraestructuras necesarias. La organización también intenta levantar torres de observación, ampliar las patrullas y comprar drones para controlar áreas inaccesibles por carretera. Según sus cálculos, necesita unos 250.000 dólares para mejorar la preparación frente a los incendios durante este año.
Mohammad Jumhur Hidayat pidió reforzar controles antes de la estación seca
El ministro indonesio de Medio Ambiente, Mohammad Jumhur Hidayat, pidió hace poco reforzar las medidas preventivas antes de la llegada de la estación seca, sobre todo en la gestión del agua dentro de las concesiones y en las zonas administradas por comunidades locales. Varias organizaciones civiles mantienen además que la aplicación de la ley sigue siendo insuficiente contra las empresas que provocan incendios o permiten que se extiendan dentro de sus terrenos.
Rohadi teme que otro gran episodio de fuego haga desaparecer otra vez el bosque que empezaba a recuperarse después de años de trabajo. Sánchez resumió esa preocupación con una frase que explica el ambiente dentro del proyecto: “No podemos imaginar perderlo todo y volver a cero”.
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