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Opinión

Qué puede copiar Europa de China para sobrevivir al caos mundial

El nuevo buque de carga rodada BYD Shenzhen, con espacio para 9.200 coches, en el puerto de Taicang (China).

Mark Leonard

Director del European Council on Foreign Relations —
16 de mayo de 2026 22:10 h

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Israel y Estados Unidos han iniciado una guerra en Irán donde China y Europa son las potencias que, aparte de los propios beligerantes, llevan más las de perder. Pero China está respondiendo al alza disparada en los precios de la energía con una serenidad notable. Frente a los líderes europeos, que actúan como conejos deslumbrados por las luces de un coche, es sorprendente la seguridad con que encara Pekín la cumbre Trump-Xi que se celebrará esta semana.

China está mejor preparada para esta era del no orden. No es lo mismo que el desorden, donde las reglas siguen existiendo pero no se cumplen. En el mundo del no orden las reglas han dejado de importar, sencillamente. Mientras los gobiernos europeos se obsesionan con preservar el orden, China busca la mejor manera de sobrevivir al caos.

China vio venir este momento hace tres lustros. Mientras los europeos externalizaban su seguridad a la OTAN, sus normas comerciales a la Organización Mundial del Comercio y sus suministros energéticos a Rusia y al golfo Pérsico, Pekín acumulaba discretamente reservas de petróleo, alimentos y semiconductores, acaparando el mercado mundial de las tierras raras, los minerales críticos y las tecnologías del futuro.

Ahora todo el mundo está hipnotizado por el dramatismo de las acciones de Estados Unidos con Trump, pero a largo plazo el riesgo aún mayor es que China consiga quedarse con el pastel de Europa, debilitando sus defensas, desindustrializando sus ciudades y exponiéndola a la coacción y al chantaje. El nivel de exposición de Europa al dominio chino es abrumador. Sus mercados abiertos han hecho del viejo continente el principal objetivo de las exportaciones chinas, espoleadas por un tipo de cambio abusivo y una gran capacidad industrial.

Mientras los gobiernos europeos se obsesionan con preservar el orden, China busca la mejor manera de sobrevivir al caos

Sirvan como ejemplo las industrias del futuro. La escasez de combustibles fósiles que está provocando la guerra en Irán ha llevado a muchos europeos a renovar su interés por la transición a las energías limpias. Pero todas las piezas clave de esa transición están dominadas por empresas chinas, desde las baterías hasta los vehículos eléctricos y los paneles de energía fotovoltaica. Si no se toman medidas pronto, pasará lo mismo con las cadenas de suministro de energía eólica.

No es solo eso. Europa depende de China, el mayor socio comercial de Moscú, en tecnologías necesarias para su campaña de rearme a gran escala frente a Rusia. Un sorprendente 80% de la cadena de suministro mundial de drones es china. China también suministra el 97% del magnesio de la Unión Europea, un componente clave para sus aviones de combate, sus tanques y ciertas municiones. Pekín ya ha demostrado que puede y sabe aprovechar estos cuellos de botella cuando así lo requieren sus intereses. En octubre de 2025 Trump lo aprendió por las malas cuando se vio obligado a dar marcha atrás en su guerra arancelaria.

El presidente de EEUU, Donald Trump, y el presidente de China, Xi Jinping, dándose la mano tras su reunión de octubre de 2025.

Algunos líderes europeos temen que asumir una postura más firme frente a Pekín signifique perder una gran cantidad de inversiones de China. Pero lo cierto es que aún no se han materializado las enormes inversiones y transferencias de tecnología que Pekín vendió en la cara a Pedro Sánchez, en España; y a Viktor Orbán, en Hungría. Es posible que esas promesas no se concreten nunca, a menos que la UE introduzca aranceles para incentivar que las empresas chinas fabriquen en Europa, en lugar de exportar sus productos desde China.

Los tímidos aranceles que la UE introdujo en el sector del automóvil sirvieron para instalar unas pocas plantas de BYD en territorio europeo, pero son medidas demasiado modestas que no cambian nada en los cálculos de las empresas chinas. Antes que albergar fábricas construidas por China que den puestos de trabajo a miles de personas en Europa del este, lo más probable es que Europa se desindustrialice rápidamente a medida que sus mercados se inunden de productos chinos más baratos y, a menudo, mejores. Los temores de un nuevo Detroit en Baden-Württemberg (sede de Mercedes y de Porsche) tal vez sean exagerados, pero no tanto.

Todas las piezas clave de la transición energética están dominadas por empresas chinas, desde las baterías hasta los vehículos eléctricos y los paneles de energía fotovoltaica. Si no se toman medidas pronto, pasará lo mismo con las cadenas de suministro de energía eólica

En un mundo sin orden, Europa necesita desarrollar capacidad de acción para evitar un futuro más pobre y con menos capacidad de defensa. Para lograrlo hará falta comportarse más como China y darle a Pekín una dosis de su propia medicina.

En lugar de confiar en normas externas para defenderse o pensar que puede ordenar el mundo, China aisló de manera selectiva su gigantesco mercado interior de empresas extranjeras. Paralelamente anticipó la dirección que estaba tomando el mundo y se posicionó para beneficiarse.

Europa debe hacer lo mismo. Se está agotando rápidamente el margen de tiempo que tienen sus fabricantes antes de perder terreno frente a China de forma definitiva. Los europeos deben impedir que sus capitales se trasladen a Estados Unidos y destinarlos, en lugar de eso, a una inversión gigantesca tecnologías verdes, inteligencia artificial y defensa. Deben aprovisionar reservas estratégicas de minerales críticos para que la industria de defensa europea resista mejor ante posibles cuellos de botella. Los países miembros de la UE deben comprometerse claramente con la adquisición de baterías de fabricación europea y con la exclusión de las turbinas eólicas chinas de sus infraestructuras.

Herramientas europeas para plantar cara

Pero no basta con reducir los riesgos. Los europeos deben darse cuenta de que también tienen sus propias herramientas para negociar. Por un lado está la famosa “bazuca comercial”, o instrumento anticoeerción de la UE, que sus gobiernos se mostraban reacios a emplear hasta hace poco. Puede que los tiros vayan por fin en la dirección correcta. El francés Clément Beaune, alto comisionado europeo para la estrategia y la planificación, defendió hace poco la aplicación de un arancel general del 30% a los productos chinos (un porcentaje que supera con creces el de la postura oficial del Gobierno francés).

Tanto la Ley de Mercados Digitales como la Ley de Servicios Digitales de la UE, conocidas por ser motivo de irritación para Mark Zuckerberg y Elon Musk, podrían utilizarse para limitar las operaciones en Europa de Tencent, Alibaba y ByteDance, la empresa matriz de TikTok. Y existen opciones todavía más agresivas: pocos se dan cuenta de que Europa podría dejar en tierra más de la mitad de los aviones comerciales chinos si suspendiera las actualizaciones de software para la flota china de Airbus.

Es un conjunto de herramientas que podría dejar a Europa y a China en una posición más igualada, pero sus beneficios van más allá de la relación bilateral. También dotaría a Europa de los medios para plantarle cara a Trump si vuelve a intentar algo con Groenlandia, le aprieta las tuercas a Ucrania o amenaza con cortar el acceso de Europa a tecnología estadounidense. Una vez que los gobiernos europeos comprendan que deben sobrevivir al caos antes que preservar el orden, mejorará su capacidad de enfrentar toda la gama de amenazas que surgen en esta era de ‘no orden’.

Traducción de Francisco de Zárate

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