500 kilómetros por el sur de la Baja Sajonia: El Palacio Real de Goslar y un primer contacto con el Parque Nacional de Harz
Junto a las primeras alturas que conducen al Parque Nacional de Harz se encuentra una de las ciudades históricas más importantes del centro de Europa. Hoy nos acercamos a Goslar (ver iconos amarillos en el mapa), un pequeño núcleo urbano de traza medieval donde se custodian los cimientos del Sacro Imperio Romano Germánico, la entidad que articuló la identidad de la actual Alemania durante casi mil años. En Goslar se instaló la Dieta Imperial (la asamblea de la nobleza germánica que representaban a las ciudades) y fue el corazón del imperio durante siglos. Justo a los pies de una pequeña cordillera que, desde tiempos inmemoriales, fue el centro de los ritos religiosos de los ‘bárbaros’ que frenaron a Roma. Aquí se combinan el peso de esa historia (en Goslar se encuentran algunos de los monumentos más antiguos del país) con un espacio natural cubierto de bosques y leyendas.
El casco histórico de Goslar.- La ciudad de Goslar queda un poco eclipsada por el Palacio Imperial, pero estamos ante un burgo medieval que cuenta con unas 1.500 casas con trama de madera (las preciosas Fachwerk alemanas) de los siglos XV y XVI de entre las que destacan la Brusttuch Haus –casa del pañuelo del pecho- (Hoher Weg, 1), la Siemenshaus (Schreiberstraße, 12) y la Mönchehaus (Mönchestraße, 3), sede de un curioso museo de arte moderno. La historia de Goslar se remonta al siglo III cuando se empezaron a explotar las minas de Rammelsberg pero si hizo grande y próspera en el siglo XI cuando se convirtió en sede del Sacro Imperio y escenario de las dietas del imperio durante más de dos siglos. De estos tiempos data la grandeza arquitectónica y monumental de la ciudad.
La Plaza del Mercado (Marktplatz) es el corazón del burgo medieval y su espacio monumental más interesante. Es fácil dejarse llevar por el ambiente e ir hacia alguno de los grandes edificios que adornan la plaza y dejar de lado la, en apariencia, sencilla y tosca Marktbrunnen (Fuente del Mercado) es única en su especie ya que es la única fuente pública de estilo románico elaborada en bronce que se conserva en Europa (siglo XII). Ya más allá de la fuente hay que fijarse en dos grandes edificios: el Hotel Kaiserworth, un imponente conjunto del siglo XV que servía de lonja para los comerciantes de paños y el Rathaus -Ayuntamiento-, una joya del gótico que es aún más bonitos por dentro que por fuera. Para completar la visita a la Plaza del Mercado hay que cuadrar la visita (9.00; 12.00; 15.00 y 18.00) para ver el Carrillón de autómatas mecánicos que hace referencia a la historia de la ciudad.
El conjunto monumental vinculado a la Plaza de Mercado se completa unos metros más allá (caminando hacia el Oeste) con la Iglesia de San Cosme y Damian (Marktkirchhof) y el edificio del Viejo Ayuntamiento (Marktstraße, 45). Lo mejor de Goslar es su carácter simbólico y casi sagrado. Si en otras ciudades de la zona los grandes edificios medievales se fueron actualizando con la llegada del Gótico, el Renacimiento o el Barroco, aquí en Goslar se conservó esa ciudad primigenia vinculada al nacimiento del Sacro Imperio. La Iglesia de San Cosme y Damián es un ejemplo: si bien se reformó en el siglo XV adoptando la típica estructura gótica de salón (donde puedes ver las vidrieras más antiguas de Alemania) aún pueden verse muchos elementos de su origen románico (inicios del siglo XI). Y lo mismo pasa son el viejo ayuntamiento, que es un precioso edificio que conserva su idiosincrasia románico-gótica.
La tercera de las plazas históricas de Goslar es el Schuhhof (Mercado de los Zapateros), que forma junto a la Plaza del Mercado y la Plaza de la Iglesia (Marktkirchhof) una especie de trébol urbanístico donde se concentran la mayor parte de los grandes hitos históricos de la ciudad. Aquí te vas a encontrar un espacio que ha permanecido casi inalterado desde el siglo XVI con manzanas completas de casas con trama de madera. Desde aquí puedes acceder a otras calles interesantes como Münzstrasse o Hokenstrasse, dos de las más bonitas de toda la ciudad. Justo por esta última puedes acceder a la Neuwerkkirche -Iglesia Nueva- (Rosentorstrasse, 27) que es otra muestra de la excepcinalidad patrimonial de Goslar con respecto a otras ciudades. Se la llama Iglesia Nueva porque es del siglo XII y aún conserva su estructura románica de transición al gótico casi intacta. Por fuera es muy bonita, pero por dentro es sublime. Sus columnas y capiteles pintados de colores fuertes son dignas de verse.
Visitar el Palacio Imperial de Goslar (Kaiserbleek, 6).- El Kaiserpfalz Goslar es un destino en sí mismo. Este edificio hunde sus raíces en el siglo XI (se empezó a construir en el año 1005) y es la estructura civil de estilo románico más antigua y grande de toda Europa. Ni que decir tiene que este lugar, pese a sus múltiples transformaciones que alteraron y ampliaron el lugar hasta mediados del siglo XIX, se encuentra dentro del catálogo del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Pero más allá de su importancia capital como monumento histórico de primer nivel, este palacio situado los pies de las primeras alturas que llevan al Parque Nacional de Harz es también uno de los ejes que sirven para explicar la compleja historia de esta parte de Europa. El palacio se construyó por orden de Enrique II El Santo, uno de los primeros gobernantes sajones del Sacro Imperio tras el colapso del Reino Carolingio. Estamos ante uno de los núcleos de poder más importantes de la historia de Europa.
Como te decíamos antes, el edificio sufrió varias vicisitudes a lo largo de su historia hasta su práctica reconstrucción a finales del XIX por orden del Kaiser Guillermo I como símbolo del pasado glorioso de Alemania. Aún así hay varias zonas donde se conserva buena parte de la fábrica alto medieval. La más importante es la Colegiata de San Simón y Judas, una impresionante obra del románico primitivo con pinturas murales y la Capilla palatina Real, otra maravilla del XI donde podemos ver la tumba de Enrique III, también del XI. El edificio fue reconstruido, pero estos detalles originales y la cuidada restauración que ha respetado el estilo hacen de la visita una auténtica maravilla.
Un paseo por las tripas del Harz.- El origen de Goslar se explica a unos kilómetros del Palacio Imperial y ya en pleno macizo de Harz. Las Minas de Rammelsberg (Bergtal 19) son un depósito riquísimo de minerales como la plata, el zinc, el cobre y el azufre, entre otros. Un verdadero ‘supermercado’ de recursos naturales que se explota desde el siglo X en el que, incluso, se encontraron algunas vetas de oro. Las minas estuvieron en funcionamiento durante más de 1.000 años y hoy son un atractivo patrimonial que puede visitarse y que cuenta con un interesante museo previo a la visita de las antiguas galerías.
Un paseo hasta el pueblo de Hahnenklee.- El Parque Nacional del Harz es una de las gratas sorpresas de la Baja Sajonia. Esta mole que culmina en el Monte Brocken (por encima de los mil metros) surge de la llanura centroeuropea para crear un pequeño universo de grandes bosques y paisajes de altura donde se refugian los últimos linces de Alemania más allá de los grandes espacios abiertos alpinos y los bosques compartidos con Francia. En esta primera incursión por el parque nacional iremos hasta Hahnenklee (16,2 kilómetros desde Goslar) para ver la Iglesia de Madera de Gustav Adolf (Professor-Mohrmann-Weg, 1), una maravillosa extravagancia de principio del siglo XX que quiso imitar las stavkirkens de Noruega en un paisaje urbano disperso marcado por las casitas de madera y los chalets de estilo alpino. Desde aquí parte uno de los senderos más famosos del parque nacional: el de Liebesbank, un sencillo recorrido circular de siete kilómetros que te permite tomar contacto con los bosques de esta zona de Alemania.
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