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La actividad de la nueva planta de purines de Carranza provocará un movimiento de 30 camiones al día en la zona

Infraestructura de la planta en Carranza.

Belén Ferreras

Bilbao —

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La actividad de la nueva planta de tratamiento de purines de Carranza provocará un movimiento de 30 camiones al día por la zona, incluido el transporte de entrada de residuos, por un lado, y las salidas de biometano y digestato, por otro. Según se recoge en una información enviada por el Gobierno vasco al Parlamento, “la circulación de los vehículos será nula durante el periodo de noche”.

La planta de transformación de purines en biometano y biofertilizante se está construyendo en esa zona desde el pasado mes de agosto en medio de una creciente contestación vecinal, con asociaciones como Stop Biogás Karrantza Bizirik que consideran que una “macroplanta” de estas características no es el mejor proyecto para solucionar el tema de los purines en la zona, y critican que se haya promovido sin contar con la ciudadanía.

Promovida por la empresa Verdalia Bio Karrantza SLU, está aprovechando en la construcción parte de las instalaciones del barrio de Las Torcachas que quedaron a medio edificar en 2010, después de que los promotores de la antigua empresa dilapidaran los fondos y se produjera un proceso judicial. Está previsto que la nueva planta gestione un total de 450 toneladas al día de residuos, lo que supone 130.000 toneladas al año. Para ello, recibirá 89.000 toneladas al año de estiércol vacuno, compuesto por 25.000 toneladas de excrementos vacunos, 61.000 toneladas de purín vacuno y 3.000 toneladas de purín vacuno concentrado al año según la información proporcionada por el consejero de Industria, Transición Energética y Sostenibilidad Mikel Jauregi, a petición del parlamentario de EH Bildu Ander Goikoetxea. En cuanto a los residuos agroalimentarios, “la dieta principal fija 8.000 toneladas al año de residuos de industria láctea”, señala.

La circulación de camiones prevista incrementará el tráfico de la conexión de la instalación con la carretera BI-630, aunque indica el departamento que en “el trámite de información pública realizado durante la tramitación de la autorización no registró alegaciones u observaciones por parte de la ciudadanía a este respecto”. No obstante, la autorización ambiental integrada establece que “durante el transporte de residuos deberá evitarse, en la medida de lo posible, el paso por núcleos de población”.

El proyecto, que recibió el visto bueno medioambiental en mayo de 2025, señala que con la puesta en marcha de la actividad se producirá una reducción de –77,019 gCO2eq/MJ (gramos de dióxido de carbono equivalente por megajulio), una unidad de medida que expresa la intensidad de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en relación con la energía producida o consumida, y que el primer fin de la instalación es “solucionar el problema de los residuos ganaderos de la zona y su posterior transformación en biogás en el término municipal de Karrantza”. Sin embargo no aclara el consejero qué porcentaje de residuos provendrá del propio valle y qué porcentaje se importará de otras regiones, ya que se trata de una “información que no es parte del contenido de una autorización ambiental integrada”. Precisamente una de las críticas fundamentales a la planta está en que Carranza no dispone ya de tanto ganado como para cubrir las necesidades de residuos de la planta.

Por otra parte, el Gobierno vasco el biometano producido será inyectado en la red de gas. “Hasta que la red de distribución de gas natural esté operativa para realizar la conexión directa y, de forma temporal, el biometano de salida se comprimirá a 250 bar y se almacenará como gas natural comprimido renovable (GNC o biometano comprimido) para ser transportado en tube trailers por carretera al punto de inyección externo a la planta”. “Este transporte de GNC en tube trailers tiene carácter transitorio, hasta que la red de distribución de gas natural esté operativa para realizar la conexión directa a la red”, insisten.

Desde Stop Biogás Karrantza Bizirik, que ha organizado una serie de charlas sobre la planta este mes de octubre, han criticado que las obras ya han comenzado, pese a que ninguna administración informó del proyecto a la población durante su tramitación, que transcurrió sin alegaciones vecinales, y a que la información sigue facilitándose de forma limitada“. Según afirman, no están en contra de ”resolver el problema de los purines del valle, que es real, estamos en contra de que se imponga una macroplanta opaca cuyo beneficio se va fuera y cuyo impacto se queda aquí“. En esta línea, defienden que existen ”alternativas de menor escala para la gestión de los purines, como el compostaje de proximidad, los biodigestores descentralizados o los modelos cooperativos“, y reclaman a las administraciones que ”asuman su deber de informar y de abrir una participación real de la ciudadanía de todos los municipios afectados, en Bizkaia y en Cantabria“.

Este ciclo de conferencias que han desarrollado a lo largo de este mes, afirman desde Stop Biogás Karrantza Bizirik, que es solo “un primer paso”, ya que su intención es “seguir reuniendo a personas expertas, científicas y activistas” y desarrollar acciones de movilización con el objetivo de “lograr que este proyecto se detenga y que la gestión de los purines del valle se aborde mediante una construcción de soluciones participativa y de interés social”.

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