Sobre este blog

Viento del Norte es el contenedor de opinión de elDiario.es/Euskadi. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

El ruido como política

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Viento del Norte es el contenedor de opinión de elDiario.es/Euskadi. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

En 'Queridos niños', novela de David Trueba centrada en una campaña electoral, su protagonista, Basilio, explica que las elecciones se ganan movilizando a los tuyos (en este caso, las derechas) y facilitando la abstención del electorado de izquierdas. ¿Y cómo se hace eso?, le preguntan. “Muy sencillo —responde—, intentando transmitir a los votantes rivales la penosa sensación de que la política no sirve para nada, que siempre decepciona, que no les va a merecer la pena la molestia de ir a votar. A los nuestros, sencillamente repetirles los valores que representamos y asustarles con la posibilidad de que gane la izquierda”.

Una estrategia que define bien el momento por el que atraviesa la política española. Un momento caracterizado por la reactivación y ascenso de las 'derechas sin complejos', anunciando sin rubor que, unidas, van a vencer a la izquierda y, unidas también, van a gobernar, porque ya han hecho todo lo necesario para que la ultraderecha y sus mensajes desestabilizadores se metan en nuestras vidas. Y hasta podrían ganar, en la medida en que sigan imponiendo su agenda y su relato, con la compañía inevitable del ruido permanente y la inducida sensación de caos entre la población.

Se trata de un ruido planificado a conciencia y divulgado desde todas las terminales de los poderes establecidos, que no son otros que los que cotizan en Bolsa, para entendernos. Un ruido muy útil para hacer antipolítica y dejar sentado que los políticos no se preocupan de la gente, sino sólo “de sus cosas”; y permite, además, que las derechas oculten su falta de escrúpulos, su corrupción estructural y su alternativa reaccionaria.

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