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Sobre este blog

Este blog pretende unir cine y memoria histórica destacando aquellas producciones que pueden promover una reflexión en el lector, enlazar con las biografías de nuestro proyecto 'Fighting Basques' y mostrar otros materiales relacionados con el audiovisual, incluyendo proyectos más modestos, como los propios de la Asociación Sancho de Beurko, cine amateur, etc. El lector podrá encontrar artículos con análisis cinematográfico y crítica siempre bajo el prisma de la memoria de la generación del período 1936-1945. Puedes leer aquí más contenidos de 'Fighting Basques'.

'Del infierno a la eternidad' (Phil Karlson, 1960): víctimas civiles en Saipán durante el Día D del Pacífico

Guillermo Tabernilla / Asociación Sancho de Beurko

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Sobre este blog

Este blog pretende unir cine y memoria histórica destacando aquellas producciones que pueden promover una reflexión en el lector, enlazar con las biografías de nuestro proyecto 'Fighting Basques' y mostrar otros materiales relacionados con el audiovisual, incluyendo proyectos más modestos, como los propios de la Asociación Sancho de Beurko, cine amateur, etc. El lector podrá encontrar artículos con análisis cinematográfico y crítica siempre bajo el prisma de la memoria de la generación del período 1936-1945. Puedes leer aquí más contenidos de 'Fighting Basques'.

La reciente publicación del artículo sobre la película 'Bataan' (Tay Garnett, 1943) en este mismo blog ya nos dio ocasión de comentar como el simbolismo de las cabezas cortadas -tan humillante como cargado de tintes racistas con el que se trató en la Segunda Guerra Mundial (SGM) al soldado nipón que, debido a la brutalidad con la que se desempeñó en el escenario Asia-Pacífico, sería presentado de modo deshumanizado por la propaganda y el cine de Hollywood- se extendió entre los soldados estadounidenses desplegados en aquel inmenso teatro de operaciones, quienes comenzaron a coleccionar los cráneos de sus enemigos, que luego serían enviados a casa como trofeos empleando “los servicios postales de la Marina y el Ejército” (1). Francisco Gracia Alonso señala que esta atroz práctica causaría malestar en el Pentágono, que temía las represalias que los japoneses, al enterarse, podían tomar contra los prisioneros propios, que sobrevivían en sus campos en condiciones ya de por si particularmente difíciles. De hecho, las autoridades de Tokio se sintieron tan sumamente agraviadas que no dudaron en utilizarlo como propaganda para espolear un sentimiento de resistencia a ultranza que llevaría a soldados y civiles a preferir el suicidio a la humillación de ser ultrajados (2).

Tal es así que en 1944, cuando las tornas habían cambiado para los nipones en el Pacífico y los estadounidenses, después de una durísima campaña, llegaron a Saipán se encontraron con un escenario en el que numerosos civiles, víctimas inocentes atrapadas en medio del fuego cruzado y viviendo todo tipo de penalidades, se suicidaban arrojándose desde los acantilados con sus hijos en brazos ante la vista de marines y soldados, calculándose en unos 1.000 quienes así perdieron la vida en una isla en la que existía una importante población japonesa formada por algo más de 20.000 personas, a las que había que sumar unos 4.000 isleños, chamorros y un número indeterminado de trabajadores coreanos. Un horroroso espectáculo que se repetiría de manera amplificada en Okinawa al año siguiente, 1945, donde los soldados nipones llegaron a obligar a su propia gente a ponerse como escudos humanos, amenazando con ejecutar a quienes no cumpliesen sus instrucciones (3). Esta semana en la que nuestro compañero Pedro Oiarzabal ha acudido en representación de la Asociación Sancho de Beurko al Museo de la Paz de la Prefectura de Okinawa para memorializar a seis vascos que fallecieron en la que fue la última gran batalla de la SGM hemos decidido dedicar otras dos entradas de este blog de cine y memoria al Pacífico. En la de hoy hablaremos de la película 'Del infierno a la eternidad' (Phil Karlson, 1960), que trata de la biografía de un marine de origen mexicano llamado Guy Gabaldon que, debido a su dominio del japonés, pudo salvar numerosas vidas de civiles y soldados en Saipán y Tinián