La movilidad del futuro se enfrenta a su gran desafío: que la tecnología llegue a todos
La movilidad está cambiando a una velocidad que resultaba muy difícil de imaginar hace apenas dos décadas. Los vehículos eléctricos han dejado de ser una rareza, las ciudades incorporan nuevas formas de desplazamiento y las empresas comienzan a transformar sus flotas para adaptarse a un escenario marcado por un objetivo compartido: la descarbonización. Sin embargo, los avances tecnológicos no siempre encuentran su reflejo en las infraestructuras, la regulación o las posibilidades reales de los usuarios.
Todos esos retos, y las oportunidades que traen consigo, fueron algunos de los ejes sobre los que giró la mesa redonda Hacia la nueva movilidad, celebrada en Casa Seat, en Barcelona, durante la presentación del Barómetro Movilidad+Auto 2026 de elDiario.es. Moderado por Toni Fuentes, jefe de la sección Movilidad+Auto del periódico, el encuentro reunió a algunos de los principales actores del sector. Concretamente, a Francesc Corberó, director de Comunicación de Nissan Motor España; Jordi Gazo, vicepresidente de AEMES Smart y fundador de Floox; May López, directora de desarrollo de Empresas por la Movilidad Sostenible; y José María Riaño, secretario general de Anesdor.
Corberó fue el encargado de abrir el debate. Lo hizo recordando su primera experiencia al volante de un coche eléctrico, coincidiendo con el lanzamiento del Nissan Leaf en España en octubre de 2011. Desde entonces, subrayó, la evolución ha sido extraordinaria. Las primeras baterías ofrecían autonomías reales cercanas a los 150 kilómetros, mientras que las nuevas generaciones permiten superar los 600. También han mejorado las prestaciones y los sistemas de carga rápida.
“Esta tecnología ya no es una cuestión de decir si funciona o no funciona: es una realidad”, afirmó. A su juicio, la electrificación ha entrado en una fase de normalización, impulsada por una oferta de vehículos cada vez más amplia y por la experiencia positiva de quienes ya han dado el salto.
Pero la tecnología, por sí sola, no basta. Corberó recordó que el éxito del vehículo eléctrico en los países nórdicos responde también a decisiones económicas y políticas: incentivos fiscales y una infraestructura de recarga que permitió a los compradores confiar en esta alternativa desde sus primeras etapas.
La recarga, un desafío pendiente
Precisamente la infraestructura protagonizó buena parte del debate. Jordi Gazo defendió que la movilidad eléctrica debe entenderse como un sistema completo, en el que vehículos, cargadores, red eléctrica y usuarios dependen unos de otros. “El mejor coche sin un cargador no carga y el mejor cargador sin tener potencia en la red o estar conectado no funciona”, resumió.
El problema, explicó, es que la instalación de puntos de recarga avanza a un ritmo inferior al necesario. Los trámites administrativos pueden retrasar hasta doce meses su conexión a la red, mientras que las empresas privadas encuentran dificultades para rentabilizar inversiones en instalaciones que todavía tienen pocos usuarios.
Gazo reclamó un mayor protagonismo de la inversión pública, especialmente porque numerosos conductores españoles carecen de aparcamiento propio y dependen de la recarga en la calle. También pidió relativizar la carrera por desarrollar cargadores ultrarrápidos: aunque existen tecnologías capaces de suministrar potencias extraordinarias, no todos los vehículos pueden aprovecharlas ni todas las ubicaciones disponen de la capacidad eléctrica necesaria.
A su juicio, resulta más urgente extender la recarga lenta y accesible para el uso cotidiano, complementada con cargadores rápidos para los desplazamientos que lo requieran. En sus conclusiones, insistió además en que el verdadero indicador del progreso no debería ser únicamente el número de puntos instalados, sino la confianza que estos generan entre los potenciales compradores.
Una movilidad para cada necesidad
La transformación tampoco afecta de la misma manera a todos los vehículos. José María Riaño recordó que el sector de las dos ruedas y los vehículos ligeros comprende una enorme variedad de modelos y usos, desde ciclomotores urbanos hasta motocicletas de grandes prestaciones.
La electrificación, explicó, está avanzando especialmente en los vehículos pequeños destinados a desplazamientos urbanos. Sin embargo, todavía existen limitaciones tecnológicas para determinadas motocicletas, cuyas necesidades de autonomía y potencia no pueden resolverse simplemente incorporando baterías más pesadas.
Riaño también denunció que las motocicletas suelen quedar relegadas en las políticas públicas de movilidad eléctrica, tanto en las ayudas a la compra como en el desarrollo de infraestructuras adaptadas. Pese a ello, destacó el crecimiento del mercado de las dos ruedas, impulsado por las ventajas que ofrecen estos vehículos para circular y aparcar en entornos congestionados.
Su planteamiento introdujo un matiz importante: la electrificación es una herramienta fundamental, pero el objetivo último debe ser reducir las emisiones y mejorar la sostenibilidad del transporte. Para ello, defendió la necesidad de utilizar vehículos adecuados a cada desplazamiento, evitando recurrir a modelos más grandes y pesados de lo necesario.
May López trasladó el debate al terreno de las empresas, donde la transformación de la movilidad responde tanto a compromisos ambientales como a exigencias normativas y económicas. Los planes de movilidad, las zonas de bajas emisiones y las obligaciones sobre flotas limpias están condicionando las decisiones de compra y la organización de los desplazamientos.
López señaló que la electrificación comienza a resultar económicamente competitiva en determinados segmentos, pero advirtió de que el transporte de mercancías, especialmente los vehículos pesados, continúa encontrando importantes barreras. La insuficiencia de infraestructura y de oferta comercial dificulta una transición que resulta imprescindible para reducir las emisiones del sector. También defendió vehículos eléctricos pequeños, asequibles y eficientes, especialmente en las ciudades, donde el espacio disponible constituye otro recurso limitado.
Pese a las dificultades, los cuatro participantes coincidieron en cerrar el encuentro con una visión optimista. Corberó recordó que los próximos desafíos serán la movilidad autónoma y conectada. Por su parte, Gazo pidió determinación para mejorar la infraestructura, mientras que Riaño reivindicó soluciones adaptadas a cada necesidad. Por último, López reclamó extender la electrificación a los segmentos que todavía encuentran obstáculos. Todos ellos coinciden en que la movilidad sostenible del futuro no pasa únicamente por disponer de mejores vehículos, sino por construir un sistema accesible, eficiente y capaz de responder a las necesidades reales de quienes se desplazan.
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