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Corredor o parrandero

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Otra cosa bien distinta es que a uno le guste o no el candidato. Y otra más, también diferente, es lo que opine cada cual acerca del final de la famosa alternancia. En lo que a esta última cuestión se refiere, uno estima que, en un proyecto que fuese, de verdad, nacionalista, la alternancia de marras estaría de más y que el método, tan defendido por tantos, no es más que un resabio del insularismo recalcitrante que a unos empapa, pero que a casi todos nos salpica. En lo que respecta a los gustos de cada quién por los aspirantes a encabezar los carteles electorales, a uno, si quieren que les diga, le cae mejor Miguel Cabrera que el maestro sauzalero. Pero, no por nada. En la política, y en el periodismo político, hay quien se mueve mucho por simpatías, Es mi caso. Me entero ahora, porque lo cuenta Jaime Pérez Llombet –buen amigo y exquisito colega- en su columna de Diario de Avisos, de que Rivero es un corredor de fondo. Y que hace footing todas las mañanas, sobre las seis, haga el tiempo que haga. Dedica una hora diaria al ejercicio matutino. Lo cual es admirable, desde luego, y más para quien, como un servidor, sólo ha practicado un deporte en su vida y no con demasiado ímpetu: el ajedrez. Pensaba uno, leyendo el artículo de Jaime, que, seguramente, cuando Miguel Cabrera, Pepe Alemán y yo mismo, nos mandábamos unos güisquis, ya hace años, tras unas largas perras de vino norteñas, en la recova de Santa Cruz, dejándonos acariciar por el sol que se desperezaba, Paulino estaría echando el bofe por alguna vereda de su verde y bello municipio, enfundado en su chándal y maquinando quién sabe qué maniobra política para poner en práctica en la jornada que acababa de despuntar. Cada cual es muy suyo, oigan. Pero, yo me inclino más por los parranderos que por los corredores. Confío más en los primeros que en los segundos. Y vaya: también sé que, de llegar a presidir un gobierno, aunque sea autonómico, no está bien visto irse de parranda cada noche (a no ser que se trate de parrandas viajeras e institucionales). Pero, de lo que hablo es de personalidades e idiosincrasias, que se dice. Nada más. Y nada menos. Miguel se ha quedado en la cuneta de una confrontación que tenía perdida. Paulino sigue en la carrera, que es lo suyo, al parecer. De tesón anda sobrado. De ideas y proyectos no sé yo si tanto. Quienes le conocen bien –uno no a fondo, la verdad- dicen que, si gana, el nacionalismo canario será otra cosa. Mejor plantado y más beligerante. Primero habrá de ser lo uno, que está por ver. Y, luego, sería cosa de llegar a comprobar lo otro. Que está igualmente en un muy difuso veremos.

José H. Chela

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