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Homenaje a El Hierro

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Sin quererlo, los herreños se han convertido en el centro de todas las miradas, en la noticia de portada de Canarias y del resto del mundo. Resulta curioso entrar en cualquier bar y comprobar como el típico bullicio a la hora de la comida se apaga para dar paso a los informativos. Viven pegados a la televisión, a los medios de comunicación esperando la noticia que no llega, la de una erupción definitiva y suficiente para dar lugar a una nueva isla, islote, en definitiva, a una nueva oportunidad para ellos, un atractivo para atraer turistas y así poder recuperar, en parte, lo que el volcán ya se ha llevado y que, sin lugar a duda, merecen.

Los herreños han demostrado en estas semanas que merecen todo nuestro reconocimiento, por su actitud ejemplar, por su saber estar, por su colaboración con las autoridades, con los propios profesionales de los medios de comunicación desplazados a la Isla y con las personas que tímidamente empiezan a llegar para ver el espectáculo de la Naturaleza.

Una de esas personas hace unos días frente al volcán, en la Montaña de Naos decía, 'vine a ver el volcán, no he visto nada más que la mancha, pero no me voy decepcionado porque he sentido mucho'. Cada conversación, cada palabra, cada mirada e incluso las vacías calles de La Restinga después de los desalojos de sus vecinos dicen tanto o más que los piroclastos humeantes emergiendo a la superficie o que cualquier sismo en Frontera, aunque la espectacularidad del fenómeno tampoco tenga precio. Pero es cierto, para saber lo que ha supuesto y supone el volcán a El Hierro no es suficiente con verlo, hay que sentirlo.

Cuando llevas un tiempo en la Isla tienes la extraña sensación de que el reloj se paró hace días, semanas, cuando empezó todo y, por momentos, esa sensación se convierte en una especie de deyavú, una sensación de familiaridad te invade mientras se pasan las horas muertas frente a un volcán al que todos miran, al que todos invocan para salir del atolladero, de la delicada situación en que les ha dejado, con cancelaciones diarias de turistas y aficionados al buceo que han decidido posponer su viaje hasta que el Mar de las Calmas vuelva a ser ese lugar tranquilo y especial, de insuperable riqueza marina, que tanto ha dado a los herreños.

Ahora las miradas se dividen, entre La Restinga y Frontera, tanto en un lugar como en el otro viven con el ojo puesto en el mar, en los temblores, en un volcán que siempre ha dormido bajo sus pies y que ha dado paso a la incertidumbre, pero también a la ilusión de que ocurra lo que ocurra, suceda lo que suceda, El Hierro seguirá siendo noticia durante mucho tiempo.

Si algo me queda claro es que el epicentro del volcán no está ni estará en La Restinga ni en Frontera, sino en el coraje y en las ganas de los herreños por salir adelante. A todos ellos mi más sincero reconocimiento.

*Rubén Fontes es director de producción de RTVC

Rubén Fontes*

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