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Londres contra Teherán

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La situación tiende a complicarse. Hasta el extremo de agudizar la crisis en un lugar por el que pasa una cuarta parte del comercio mundial del petróleo. Lo que ha cambiado entre 2004 y hoy es el contexto político que envuelve el incidente. Que las partes enfrentadas aporten “pruebas irrefutables” a su favor sobre dónde se encontraban los británicos retenidos (como muestra inequívoca de firmeza), sólo expresa las transformaciones de unas relaciones muy deterioradas últimamente por las operaciones políticas constantes de Londres y Washington contra Irán. Están empeñados en radicalizar las sanciones a cuenta de las investigaciones nucleares, mientras los ayatolas responden a esas presiones con desplantes. Incluso con desafíos crecientes. Suponen que Estados Unidos no atesora condiciones favorables para una agresión militar, empantanado como está en Irak. El pulso parece servido hasta el extremo de que tirios y troyanos desarrollan maniobras militares en el Golfo Pérsico, una especie de combate virtual peligroso. Desde las primeras denuncias sobre los planes militares estadounidenses con respecto a Irán, como una de las partes a extirpar del eje del mal, las noticias o los bulos sobre su concreción avanzaron. Los incidentes se multiplicaron. El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó nuevas sanciones económicas y financieras, pero China y Rusia informaron a Teherán de que el Consejo excluyó cualquier desenlace militar. Lo que gustó poco a Estados Unidos, que proponía resoluciones más duras. Las autoridades iraníes, por su parte, anunciaron que rebajarían el nivel de colaboración con las inspecciones de la ONU, además de continuar con los planes nucleares para uso civil. Otro factor a tener en cuenta tiene que ver con la composición del gobierno. El presidente Ahmadineyad endureció durante los últimos meses la política exterior. El primer ministro Tony Blair saltó de solicitar la libertad de los británicos retenidos a mostrar su disposición para “pasar a una nueva fase”. ¿Hasta donde está dispuesto a llegar? La ministra de Exteriores, Margaret Beckett, declaró primero que “nadie debe dudar de la seriedad con que tomamos estas cosas”. Horas después suspendió las relaciones bilaterales con Irán. Sobre el terreno, en el Golfo Pérsico, discurre el mayor despliegue bélico desde la agresión contra Irak. Dos portaaviones estadounidenses, el Eisenhower y el Stennis, más de cien bombarderos y 10.000 soldados desarrollan maniobras militares. La Unión Europea y la Alianza Atlántica, a través de Javier Solana y Jaap Hoop Scheffer, muestran su coincidencia con las exigencias británicas. Los iraníes realizan sus propias maniobras durante estos días. Asistimos a un pulso cuyo final no aparece escrito en alguna parte. Para preocuparse un poco. O para indignarse mucho si se trata de una provocación más destinada a calentar un ambiente prebélico en aquella región explosiva.

Rafael Morales

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