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Entre una España que muere y otra España que bosteza

El nivel de descomposición del Estado ha llegado al punto que posiblemente dentro de un siglo, quizá menos, se hablara de la España de principios del siglo XXI como de aquel Chicago de los años 20 y 30.

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Cuando uno lee la prensa en estos tiempos no sabe si está en la España del siglo XXI o en el Chicago de los años 20 y 30. Incluso algunos días parece que aquel Chicago era un monasterio al lado de, por ejemplo, este Madrid. Tal impresión se acentúa cuando algunos de los personajes más corruptos de este país se hacen llamar por motes de gángster “ilustres” de la Ley Seca. Parece ser que añoran aquellos “maravillosos años”.

El estado de putrefacción de este país se generaliza, la corrupción se extiende por todo el Estado como si de una de las diez plagas bíblicas se tratara. No distingue de territorios, ni de instituciones, ni entre los partidos del sistema. Hasta la monarquía esta metida en el ajo. Entre estos, los hay que solo con verlos ya sabe uno que no pude fiarles ni un euro, y los hay que eran autenticas instituciones en la lucha de sectores históricos como la minería.

Unos, los liderados por la derecha más reaccionaria de este país, por la cara vista se jactan de patriotas -sí, los padres de la patria, esos que si por ellos fuese pondrían una bandera de España en cada esquina-, hablan de la gran España, de su unidad inquebrantable y de la notoriedad de la marca España. Mientras que por la cara oculta roban a diestro y siniestro, para acto seguido, como no podía ser de otra manera, llevarse el botín a Suiza y demás paraísos fiscales con el argumento de que los negocios son los negocios que nada tiene que ver con la patria. Aquí también se encuentran los patriotas autonómicos, con el único matiz respecto a los anteriores, que en la cara visible aseveraban que lo grande es su “nación”.

Otros, los encabezados por la socialdemocracia de derechas, por delante se autoproclaman los abanderados de la lucha obrera y se sitúan como los defensores de los más desfavorecidos. Mientras que por detrás se lucraban de una de las formas más rastrera que existe, con los despidos de los trabajadores -a más despidos, más beneficios-, entre otras lindezas.

Un aspecto que sentencia lo comentado y que habla de la gravedad del tema es que en este país ya son plausibles las actitudes honradas como por ejemplo ocurre con los pocos que no utilizaron las tarjetas negras de Caja Madrid. Sí, la excepción es la honradez.

El nivel de descomposición del Estado ha llegado al punto que posiblemente dentro de un siglo, quizá menos, se hablara de la España de principios del siglo XXI como de aquel Chicago de los años 20 y 30.

Todo esto adquiere un nivel de emergencia nacional, de gravedad extrema, cuando lo situamos en el contexto, en la fotografía actual de España. Un país que se desangra, gobernado a golpe de decretos que tienen como único fin bombardear el estado social y de derecho. Un país en el que abundan las “reformas” y los hachazos a las clases populares, a la clase asalariada y que ha supuesto un incremento brutal de la pobreza -incluida la más detestable, la infantil-, del paro, de la precariedad en el empleo… En definitiva, de la marginalidad y de las desigualdades.

Ya nadie se cree las excusas, los perdones y las promesas de cambio de los dirigentes políticos de este país. A unos pocos, les resulta neutro y a otros muchos nos provoca una indignación y un repudio total y absoluto. Si no fuera por las penurias que esta sufriendo la sociedad española, tales replicas resultarían burlescas. Podrían ser el guión de una película del mismísimo Groucho Marx, pero por la situación comentada, se ajustarían a una tragicomedia de Charles Chaplin.

Nos encontramos entre una España que muere y otra España que bosteza. Esta última España que bosteza por su nacimiento viene de la mano de los frentes amplios de la fuerzas de la izquierda y del progreso en general, y de PODEMOS en particular. Una organización de protagonismo ciudadano que apareció hace unos meses como una espada fresca en las horas oscuras para la gente decente de esta tierra y como un fantasma que recorre España de punta a punta para el hampa que saquea los sufridos recursos de este país.

PODEMOS se ubica como el vehiculo principal para acabar con este sistema capitalista más despiadado y agresivo que nunca. Esta llamada a encabezar el periodo de cambio radical de este país, las sensaciones y las encuestas así lo ratifican -a pesar de los sobresalientes chef del CIS-. Esto supone una oportunidad que quizás no se repita en decenios, por lo que la responsabilidad es máxima, todos sus miembros debemos y tenemos que estar a la altura de las circunstancias.

Para finalizar, por un lado, anticipar a todos los simpatizantes de PODEMOS que se acercan unos tiempos pre-electorales que van a ser los más sucios que se recuerdan. Nos atacaran sin tapujos, sin ningún fundamento, nos difamaran y nos boicotearan a todos los niveles, desde dentro y desde fuera de la organización. Todo un ejército contra PODEMOS. Ya se están preparando y para muestra un botón, en la televisión pública, la televisión de todos, ya están colocando al frente de la dirección y de los contenidos de sus informativos a los periodistas más reaccionarios de este país, un autentico desembarco de Telemadrid y de La Razón. Debemos y tenemos que estar preparados.

Por otro lado, avisar a la derecha y a la socialdemocracia de derechas, que no se confundan, el hecho de que seamos la organización política más democrática, horizontal, dialogante y participativa que ha parido esta tierra, no significa que no nos vayamos a defender ante las injurias y calumnias que se avecinan. En PODEMOS, como dice aquella expresión de la cultura popular venezolana, somos como el espinito que en la sabana florea, le damos aroma al que pasa y espinamos al que nos menea.

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