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El Primero de Mayo, en el recuerdo

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El Primero de Mayo nació en Estados Unidos, concretamente en Chicago, en ese mes histórico del año 1886, con la principal petición de la jornada de ocho horas, y que terminó con una matanza de obreros en la plaza de Haymarket de Chicago. Ocho horas de trabajo, ocho horas de sueño, y ocho horas de ocio, fue la bandera con la cual los obreros norteamericanos se enfrentaron a unos empresarios avariciosos, y que les hacían trabajar en la mayor parte de los casos hasta dieciséis horas. La huelga de Chicago costó la vida a cientos de trabajadores, miles de torturados, y finalmente ocho ejecutados en la horca, pero meses después muchas empresas en Estados Unidos empezaron a conceder la jornada de ocho horas.

En la España franquista le costó la cárcel, incluso la muerte, a miles de dirigentes sindicales de Comisiones Obreras y UGT principalmente, las reivindicaciones del Primero de Mayo. Marcelino Camacho y Nicolás Redondo fueron los máximos exponentes de estas represiones masivas del régimen franquista. Ahora todo eso ya pasó, pero me parece que como mínimo hay que recordarlo. Pero como decíamos al principio, ya el Primero de Mayo no es lo que era. En estos días la mayoría de las conversaciones que he escuchado sobre que iban a hacer hoy algunos conocidos, vecinos, amigos, han sido sobre si irse al campo o a la playa, si darse una escapada a alguna isla o tomar un avión para cambiar de aires isleños. Las cosas han cambiado, e incluso en Estados Unidos ya no se celebra el Primer de Mayo, sino el Labor Day el primer lunes de septiembre para diferenciarlo del más rojo clásico y tradicional. Pese a todo, el sentimiento reivindicativo persiste, y Comisiones Obreras y la Unión General de Trabajadores convocaron hoy más de sesenta manifestaciones de protesta en toda España para reclamar un nuevo modelo económico y la plena igualdad. La semilla no muere, aunque hay que ser realistas y la sociedad de consumo le ha dado cara al Primero de Mayo de otro puente más en donde huir del trasiego diario y castigar las tarjetas de crédito. Quienes puedan castigarlas, que vienen curvas cerradas desde el punto de vista económico, aunque un amigo experto en asuntos de dineros me dice que esto son ciclos. Esperemos que así sea. De momento celebro el Primero de Mayo escribiendo ese artículo, y recordando otros de mi juventud que corrí delante de la policía.

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