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Sarkozy pisa fuerte

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La patronal no necesita representación propia (aunque participe en las conversaciones) para negociar este nuevo contrato antisocial. Ya cuenta con el presidente de la República, quien sólo exige sacrificios a los trabajadores y ni uno sólo a los beneficiarios de las contrarreformas. Tiene prisas. Quiere la aplicación de la batería de medidas desde ahora y durante los primeros seis meses de 2008. Discutirá con los interlocutores, sindicatos incluidos, la posibilidad de alcanzar un acuerdo. Pero si el consenso se torna imposible de conseguir, Sarkozy asegura que “el Estado asumirá sus responsabilidades” tras recordar que su proyecto obtuvo un apoyo electoral más que sobrado para llevarlo a la práctica. Por lo pronto, pretende acabar con la jornada laboral de 35 horas, gravar económicamente las jubilaciones anticipadas, suprimir los impuestos a las horas extras en el trabajo, “armonizar” por abajo el régimen de pensiones, fomentar seguros privados para ancianos y enfermos de larga duración en lugar de la cobertura de la Seguridad Social, limitar el derecho de huelga, alcanzar mayor flexibilidad laboral por medio de nuevas normas como las llamadas “modos de ruptura negociada”, expulsar de las listas del desempleo a quienes rechacen dos ofertas de trabajo, sean cuales sean sus motivos, luchar contra el fraude en las prestaciones sociales… Los sindicatos y la izquierda están muy preocupados, pensando en la posibilidad de apelar a las movilizaciones porque, como declaró el sindicalista Bernard Thibault, el de Sarkozy “ha sido un discurso totalmente desequilibrado entre lo que respecta a la responsabilidad de los empleadores, que hoy han sido exonerados de todo, y los esfuerzos que se piden a los asalariados de este país.” Durante los próximos días sabremos si los sindicatos están dispuestos a aceptar esta entrega de los derechos de los trabajadores, rumbo a la precariedad y a quedarse inermes ante la voluntad de la patronal, o si tomarán medidas contra el reto del presidente de la República. Cabe recordar algunos aspectos de las tesis neoliberales, tal y como las describe Rodolfo de Benito. Hay que derrotar estas ideas que promueven no ya la flexibilidad de los mercados, sino su desregulación, “además de reforzar el individualismo social y una tendencia cada vez más fuerte hacia la mercantilización de los derechos sociales. Son estas tesis las que de manera sistemática vienen presionando los sistemas de protección social, buscando nuevos espacios de negocio para el sector privado, mejor dicho, para determinadas empresas de este sector, y con ello favorecen esa tendencia de reducción de la acción protectora del Estado, el endurecimiento de los requisitos de acceso a determinadas prestaciones sociales y el desplazamiento hacia lo individual de la responsabilidad de riesgos que tiene o debería tener en su mano el Estado”. Dicho queda para esta vieja Europa en la que cada día pisa más fuerte la derecha, con Sarkozy en primera línea de fuego.

Rafael Morales

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