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Rajoy entonó el olvidemos el pasado y volvamos no exactamente al amor sino a una cierta convivencia. Olvidar en su caso significa que no le sigan tocando los pinjantes con el recordatorio de la política antiterrorista aznárica. Significa, también, no mentarle que consiguió que hasta la sopa nos supiera de Titadyne. Cree que la agitación y la “conspiranoia” de estos tres años ya le rindieron el 27-M y ha de cambiar de chip de cara a las generales; ponerse el chaqué de presidenciable para lo que necesita borrar de la memoria inmediata el gusto que le cogió a la pancarta. Rajoy sabe que las generales son elecciones diferentes de las autonómicas y mueve sus bazas. A la propuesta de borrón añade la cuenta nueva de respaldar a Zapatero contra ETA; salvo que él estime que se está negociando. Al calificar el Gobierno de positivo el encuentro, ha reforzado la impresión a la gallega que procuró dar Rajoy de que Zapatero vino a reconocerle, de hecho, que se equivocó al negociar con ETA y que él, Rajoy, tenía razón. Con lo que agranda su propia dimensión de estadista. Desde luego, es bueno que salga del debate parlamentario la política antiterrorista. Sin perder de vista, por supuesto, que ocurre porque le conviene a Rajoy. Consigue, ya dije, que no vuelva a hablarse de su pasado y evita el desgaste de seguir a cara de perro los nueve meses que restan hasta las generales. No es que quede él como un San Luis después de tres años erre que erre, sino que, desgaste por desgaste, en esas batallas siempre es superior el de quien gobierna que el de la oposición, que tiene, encima, mayor margen de recomposición de imagen y otros frentes para dar donde duele. Rajoy está dispuesto a comportarse en adelante como un caballero. Ma non troppo porque dispone de apoyos mediáticos para mantener viva la llama sin volver a quemarse los dedos. La batalla se librará en los medios. No es casual la información de El País con los detalles internos del frustrado proceso de paz. Y si Rajoy dijo que “no es hora de reproches”, Pedro J. Ramírez escribió en El Mundo que no es “hora de ensañarse” con Zapatero; al que calificó de “francamente incompetente y merecedor de un severo castigo democrático”. Votando por Rajoy, claro.

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