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Televisión canaria, recuperar la pluralidad

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El último y lamentable episodio de esa penosa gestión ha sido la reciente designación del viceconsejero de Comunicación del Gobierno de Canarias, un hombre de ATI, mano derecha del presidente del Ejecutivo, como director general del ente, en sustitución de Santiago González, que emprendió en RNE una nueva etapa profesional. Enterrando definitivamente cualquier posibilidad de pluralismo y de equilibrio, sustituidos por el férreo control partidario a través de la figura de un comisario político. Circunstancia que, no es casualidad, se produce en pleno período preelectoral, cuando apenas faltan dos meses para la celebración de las elecciones autonómicas, insulares y locales. Se acaba con cualquier presencia de pluralismo y, asimismo, se demuestra, una vez más, que para el insularismo radical tinerfeño la televisión canaria sólo es concebida de un modo absolutamente instrumental y no como un medio público puesto al servicio de los intereses de los hombres y mujeres de Canarias. Ha sido la guinda a otras tantas actuaciones impresentables, que analizaré más adelante, como las forzadas prórrogas del contrato de suministros o el concurso de la TDT. En su momento, aposté firmemente porque la televisión tuviera una dirección profesionalizada, que garantizara criterios de pluralidad y la máxima calidad de la misma. Que trabajara con el objetivo de una gestión eficiente. Y para ello pusimos al frente de ella a un profesional de reconocido prestigio, Paco Moreno, que fue decisivo en el despegue de la tele canaria, incrementando de forma notable su audiencia -en enero de 2003 llegó a situarse en el 14%- y el reconocimiento de su labor por parte de los ciudadanos y ciudadanas. Como he señalado en otras ocasiones, nadie puede negar que en esa anterior etapa la televisión, pese a su ajustado presupuesto y a las dificultades propias de un medio nuevo, con una gestión también novedosa, mediante un modelo mixto público-privado, diera un salto muy importante hacia su consolidación. Junto al significativo avance en el respaldo de la audiencia, se produjo entonces un nada despreciable impulso de la industria audiovisual del Archipiélago, a través de la participación equilibrada entre islas de las empresas productoras a las que se encargaban la elaboración de los programas. Pero todo se vino abajo estrepitosamente. ATI siempre consideró a la tele como un juguete suyo, a lo que contribuyó de manera cómplice el PP en su volátil y estéril paso por el Gobierno, pues esta área la dirigía el consejero Luis Soria. Por eso, tras mantener a Moreno en una situación injustificable de inestable interinidad que dañó el proceso de crecimiento que la tele canaria traía, ATI-CC finalmente lo sustituyó sin la menor argumentación. Asimismo, merecen especial consideración las sucesivas prórrogas que impiden que la productora privada pudiera tener unas perspectivas de futuro claras. Unas forzadas prórrogas del contrato de suministros de programación para colocar este importantísimo concurso publico, que abarcará los próximos ocho años, justamente en pleno período preelectoral y amordazar así a los medios que podrían optar al mismo. Hubiese resultado lógico que, una vez demostrada su incompetencia, dejasen esa decisión para el Parlamento y el Gobierno que surjan de las elecciones de mayo. Otro tanto hay que señalar respecto al retraso injustificado e inoportuna convocatoria, con la misma finalidad coactiva, del concurso de la televisión digital terrestre, en vez de liderar este importante cambio tecnológico de la analógica a la digital en las islas. En definitiva, hay que concluir que poco queda de aquellos propósitos iniciales de hacer un medio plural, que sirviera como vehículo educativo y como elemento de promoción de nuestra cultura y deportes –tanto de los autóctonos como de otras modalidades insuficientemente promocionadas por el resto de televisiones-; y, en definitiva, poco queda de las enormes posibilidades de un medio privilegiado para contribuir a la cohesión social de Canarias, desde la extensión del conocimiento de la realidad de sus distintos territorios, así como de su proyección exterior. Es preciso, por tanto, que la televisión canaria recupere su sentido original como vertebradora y difusora de la realidad canaria, dentro y fuera de las Islas, con una dirección profesionalizada, que impulse unos informativos de calidad y que apueste firmemente por extender la cultura, deportes, naturaleza y tradiciones de las Islas. Siendo muy útil, asimismo, para potenciar la industria audiovisual en nuestro Archipiélago, un aspecto de una gran relevancia socioeconómica. Y esa recuperación pasa, ineludiblemente, por sacar a ATI del Gobierno de Canarias. * Román Rodríguez es diputado y presidente de Nueva Canarias

Román Rodríguez*

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