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Los ojos de Hawa Diallo

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No sé donde está ahora mismo Hawa Diallo, tal vez sacando agua de un lejano pozo. Pero la foto que le hizo Magec Montesdeoca la trajo a mi casa, con su mirada, con el carné de identidad de su hijo en la mano, con las preguntas que yo no sé responder. Hawa me mira desde la portada del libro "Los invisibles de Kolda". Es curioso que esta mujer que nunca he visto, cuya voz desconozco, tenga de repente presencia en mi vida.

La culpa es de Pepe Naranjo. Quizá si aquel día no hubiese leído la noticia breve en un periódico senegalés, una información que hablaba de la salida de un cayuco que no llegó a su destino, quizá si ese día Pepe se hubiese conformado con leer las páginas de política de los periódicos canarios, con las declaraciones de los padres de la patria, quizá los ojos de Hawa no hubiesen llegado a mi casa cargados de tantas preguntas.

Pepe y Magec viajaron a Kolda (Senegal) para investigar la historia. En busca del reportaje. A partir de un dato ellos se hicieron las preguntas obligadas en el manual del periodista: qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué. Fueron por su cuenta, los medios de comunicación no pagan los viajes para que se investiguen historias de muertos que no son nuestros muertos. Viajaron mientras en las islas se llenaban cientos de páginas del accidente de Spanair en Madrid. Los viajes de periodistas canarios a países africanos se hacen cuando los pagan las cámaras de comercio o el gobierno, por eso sólo tenemos fotos hechas en casas de gobernantes o en hoteles con aire acondicionado donde se firman acuerdos que interesan a los empresarios y las élites africanas. Los cronistas sólo pueden contar las actividades diurnas de empresarios y políticos, las eróticas noches de Dakar no deben contarse porque se enfadan los que pagan los pasajes.

Sé que hoy tocaba hablar de la llamada de Paulino Rivero al alcalde de Arona para enchufar a su sobrina y del rifi rafe parlamentario sobre Tebeto. Pero fíjate que preferí hablar de dos periodistas que acudieron en busca de un reportaje para contar lo que no había contado nadie. Ayer más de cien personas en Casa África fueron a dar la bienvenida al libro "Los invisibles de Kolda". La muerte de 160 jóvenes que oficialmente no se ha producido. Entre el juramento por su honor del presidente del Gobierno en el Parlamento y el acto en Casa África, me quedo con estos dos contadores de historias, José Naranjo y Magec Montesdeoca, que no necesitan jurar por su honor para que creamos en sus palabras.

Juan García Luján

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