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Un país de Chopitos y Chaporros

Míchel Jorge Millares

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Dos trabajadores están en la cárcel por hacer una parodia con sus títeres en la que se equipara a Al Qaeda con ETA. Yo creo que esto está claro, pero otros ven en esta mezcla chistosa del terror fundamentalista con el de la banda criminal una oportunidad para hacer política navajera. Pero lo peor de todo es que un juez haya hecho el ridículo enviando a la cárcel a dos titiriteros amparándose en una ley antiterrorista que –con ese criterio- convertiría este país en un circo.

Esos dos titiriteros están privados de libertad por representar una obra en la que hacen una burda y desgraciada historia en la que jueces, policías y monjas son asesinados por ser supuestos indeseables al servicio de los peores instintos, criminales y sádicos. Argumentación infumable con una finalidad de dudosa pedagogía y nulo sentido de humor que más bien es propaganda ideológica del más sectario izquierdismo que no supera ningún criterio de calidad, interés y beneficio para la comunidad. Y mucho menos merece ser financiado por una institución o administración pública si ésta supervisara mínimamente las actividades que ofrece a la ciudadanía (al parecer la compañía de títeres trabajó en Madrid también durante el mandato del PP, pero ahí nadie se rasgó las vestiduras).

Pero los astros se han conjurado para llevar a éste país a la histeria colectiva y nadie plantea soluciones para que no sucedan episodios como éste en el que se han cometido varios errores injustificables:

- Los responsables municipales no tenían ni idea de lo que programaban, lo que supone una falta de respeto al público, a los trabajadores y tirar a la basura (o al calabozo) el dinero de los contribuyentes.

- Los trabajadores/titiriteros no debieron actuar sin advertir al público que el espectáculo no era apto para niños. Si establecemos un horario infantil en televisión (que lo incumplen porque se sienten impunes), estas normas también han de ser respetadas por los espectáculos públicos.

- Los jueces deberían entender que privar de libertad a una persona no debe ser tomado a la ligera. Y menos, interpretar subjetivamente lo que no es objetivo: ¿Qué significa para el juez Alka-ETA? ¿Una apología del terrorismo? Yo creo esta sátira la entendieron hasta los niños…

- Los partidos políticos y medios de comunicación deben dejar de mentir y respetar la libertad de expresión en sus justos términos. Ni esa obra se debió representar para niños ni los representantes públicos o comunicadores han de convertir una estupidez en un asunto de gravedad penal como pretenden. Esto lo único que demuestra es que no son aptos para representarnos porque no defienden las libertades y derechos de la ciudadanía, sino sus intereses particulares. Un asunto que se zanja con ceses y la dimisión del responsable político (la concejala de Cultura) no tuvo que conducir jamás a la cárcel a ninguna persona.

Parece que nadie recuerda que venimos de la dictadura, de la censura previa, la retirada del carnet de prensa, del secuestro administrativo de periódicos (cierre y demolición del diario Madrid en 1971) y revistas (incluso de humor), de la detención de artistas y prohibición de obras que satirizaban un poder político absoluto. Pero ahora vivimos en ¿democracia? En el país del toro de la Vega; las corruptelas de empresarios, folclóricas, políticos, ciudadanos y Casa Real; la diáspora de millares de jóvenes altamente cualificados; el empleo precario para quien puede superar el paro asfixiante y endémico desde hace casi una década… Pero la atención de todos se centra en los trajes de los reyes magos, el best seller de Belén Esteban, los número uno discográficos de Kiko Rivera, las puertas giratorias de ex ministros y ex presidentes (que siguen cobrando del Estado), los futbolistas que dejan a Al Capone como un tontaina en su fraude a la Hacienda, o los clubes que reciben todo tipo de ayudas y patrocinios mientras deben millonadas a la Seguridad Social. O la chulería de líderes de opinión que amenazan con matar a diputados electos, o los periodistas que cobran cada mes de grandes empresas que nunca son criticadas; sindicalistas que pretenden dar lecciones de gestión empresarial y arruinan a cooperativistas o hunden fundaciones por su incapacidad para formar a desempleados e insertarlos en puestos de trabajo; organismos inútiles y caros: auditorios con programación pagada por todos para unos pocos, aeropuertos sin aviones, universidades a tutiplén… Todo un derroche sin límite mientras los servicios públicos esenciales agonizan y perjudican la calidad de vida de los ciudadanos.

No piensen que en Canarias no pasa nada… hay muchos casos de todo esto. Incluso de la manipulación política de los fondos y medios públicos frente a una cultura incómoda, como cuando el imputado ex director de la tele canaria, Willy García, canceló las emisiones del programa del grupo teatral Abubukaka porque osaron soltar el chiste de que Coalición Canaria fue un partido nacido en una romería.

En definitiva. Libertad para los titiriteros y dejémonos de comportarnos como Chopito y Chaporro.

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