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El último Van Gogh

EL MUSEO THYSSEN RECOGE UNA INSÓLITA EXPOSICIÓN SOBRE EL PINTOR HOLANDÉS

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El 20 de mayo de 1890, Vincent van Gogh descendió del tren en Auvers-sur-Oise, un pequeño pueblo a una hora de distancia de París. Una semana antes había abandonado el manicomio de Saint-Rémy, tras pasar allí un año entero internado. Buscaba un lugar tranquilo en el campo donde recuperar la salud y la calma. Tenía la esperanza de comenzar una nueva vida y un nuevo ciclo en su trabajo como pintor. Pero sólo dos meses después, el 27 de julio, en los campos cercanos al château de Auvers, se disparó un tiro de revólver que le causaría la muerte, tras una larga agonía, en la madrugada del 29 de julio.

El Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid presenta la primera exposición dedicada en exclusiva a la obra realizada por Vincent Van Gogh en sus dos últimos meses de vida, que el pintor pasa en la localidad de Auvers; un periodo muy breve pero extraordinariamente fecundo. En esas semanas finales de su vida, Van Gogh se vuelve también más consciente de la deuda con sus precursores.

La exposición reúne 29 obras (26 pinturas y tres dibujos) procedentes de museos y colecciones privadas de todo el mundo. En la muestra se incluyen, además, seis cuadros de los tres grandes precursores de Van Gogh, que habían pintado en Auvers antes que él y cuya presencia sentía en el paisaje: Daubigny, Pissarro y Cézanne. Todas las obras de Van Gogh presentes en la exposición pertenecen al periodo de Auvers, incluida una de las obras maestras de la colección del museo: Les Vessenots en Auvers.

En sólo 70 días Van Gogh produjo unas 72 pinturas, 33 dibujos y un grabado. Como si supiera que sus días estaban contados, como en una angustiosa cuenta atrás. Se levantaba a las cinco de la mañana y se pasaba toda la jornada pintando en los campos o en las calles del pueblo. En una carta escribió: "Estos días trabajo mucho y deprisa; al hacerlo así trato de expresar el paso desesperadamente rápido de las cosas en la vida moderna".

Después de su estancia en Provenza, Auvers representa para Van Gogh el retorno al paisaje del Norte en el que había pensado durante tanto tiempo: en Auvers reencuentra los temas rústicos y la comunidad rural de su juventud, que había perdido desde que abandonó Nuenen. Y con los campos de Holanda, recupera también la mirada de los grandes paisajistas holandeses del siglo XVII, que nunca dejó de admirar profundamente.

En este periodo final Van Gogh atiende menos a los detalles naturalistas, su trazo se multiplica y se retuerce, produciendo arabescos en los árboles y las casas, oleajes en los trigales, movimientos y ritmos curvilíneos de una enorme vitalidad dinámica.

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