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Las 'Viudas Blancas' rompen su silencio

REPORTAJE

Tres jóvenes sociólogos realizan un documental sobre mujeres abandonadas por sus maridos en los años de la emigración 

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"Pero yo estoy hablando ahora no solo de mí, sino de todas las que pasamos por lo mismo, que nos quedamos igual", señala una de las entrevistadas de Viudas Blancas, el documental que tres jóvenes sociólogos con conocimientos audiovisuales acaban de rodar sobre uno de los aspectos menos conocidos de la emigración en Canarias: las historias de mujeres cuyos maridos emigraron a Venezuela en la posguerra, y que durante años esperaron su vuelta. Un regreso que a veces nunca se produjo.

Una de las entrevistadas en el documental . (VIUDAS BLANCAS, F. MEDINA y M. HERRERA)

Una de las entrevistadas en el documental . (VIUDAS BLANCAS, F. MEDINA y M. HERRERA)

Ana Pérez, Dailo Barco y Estrella Monterrey son los autores de Viudas Blancas. Tras un rodaje de 22 días, entre diciembre del 2011 y enero del 2012, el film terminó la fase de edición y montaje en mayo. La versión definitiva se presentó en el Tenerife Espacio de las Artes (TEA) el 21 de junio, y la intención es que se exhiba en todas las islas del archipiélago canario.

La historia que pretenden contar estos tres jóvenes sociólogos recuerda, en parte, a la inventada por Homero en la Ilíada y la Odisea hace más de dos mil años. En ella, Ulises tuvo que abandonar la isla de Ítaca y a su mujer Penélope para luchar contra los troyanos, y no regresaría al hogar tras veinte años de aventuras.

Sin embargo, la historia filmada a día de hoy por Ana, Dailo y Estrella es real. Además, no está centrada en los hombres que se marcharon, como Ulises, sino en las mujeres que, como Penélope en Ítaca, se quedaron en La Palma mientras sus maridos se iban a Latinoamérica en busca de trabajo a mediados del pasado siglo XX.

Para ser el primer documental que realizan entre los tres, la complejidad técnica no ha sido obstáculo. Aunque son licenciados en Sociología, han cursado másteres en Estudios de Cine y Audiovisual, trabajado en productoras o realizado otros documentales anteriores. Como, por ejemplo, La memoria de las olvidadas, sobre el papel de las mujeres en la lucha antifranquista, codirigido por Ana.

Los tres autores piensan que la emigración es un tema que no conviene olvidar porque puede volver a suceder, como entonces. Por eso decidieron centrarse en este fenómeno para la realización del documental. Pero al querer hablar sobre la historia de la emigración canaria, observaron que había una laguna que nadie se había encargado de cubrir. "Nunca se había hablado de las mujeres que se quedaron aquí, prácticamente no había nada escrito", explica Ana. Ella es natural de Gran Canaria y habla en representación de sus otros dos compañeros, Dailo, de Tenerife, y Estrella, de La Palma.

La dispersión geográfica no les permitió, sin embargo, abordar el documental desde las siete islas del archipiélago canario. Al tener pocos recursos y unos medios limitados tuvieron que focalizar sus esfuerzos en una isla concreta, y eligieron La Palma.

"Nuestro objetivo era simplemente recoger sus historias en un documental", comenta Ana al preguntarle sobre la finalidad del mismo. Historias como la de Benigno y Mera, un matrimonio cuyo marido tuvo que emigrar a Venezuela en los años de la posguerra y que no volvió hasta diecisiete años después. Desde entonces, él y Mera siguen viviendo juntos en una aparente normalidad que Ana intuye como un poco tensa.

Uno de los mayores miedos a los que se enfrentaban era que las protagonistas no se sintiesen identificadas con el resultado final. Sin embargo, las distintas proyecciones que han tenido lugar en La Palma, a donde acudieron muchas de las entrevistadas, parece haberles dejado satisfechas. "Cuando las protagonistas se han visto, se han sentido bastante reflejadas en su discurso. Muchas veces no sucede así", explica.

Que haya sido así se debe principalmente a una serie de buenas prácticas por parte de Ana, Dailo y Estrella (en la imagen, de izquierda a derecha), quienes tuvieron que adaptarse al ritmo de vida de las entrevistadas. "El tiempo de rodaje lo marcaban las mujeres, porque queríamos tratarlas como historiadoras de primer nivel", detalla Ana. También han intentado evitar caer en cualquier tipo de dramatización forzada en un tema que, por su propia naturaleza dramática, se prestaría a ello si se pretendiese. "No queríamos hacerlo de forma sensacionalista. No entramos en valoraciones y juicios, ni hemos hecho una edición para formar ese discurso".

Esta ha sido, precisamente, una de las mayores dificultades a las que se han enfrentado, acercarse a estas mujeres con el tacto suficiente para que rompiesen su silencio sobre un tema del que hasta hace poco se consideraba tabú. Cuando la mayoría entendió las intenciones y las motivaciones para hacer el documental, no dudaron en abrirles las puertas de su casa y de su memoria.

La cercanía llegó a ser tal que, según cuenta Ana, "se generó una relación muy bonita con las señoras". Se lo piensa un rato cuando se le pregunta si hubo alguna historia que le llamase más la atención. "Todas tienen algo. Unas se desmarcan más que otras por su singularidad, pero todos los relatos tienen algo", responde.

Tras su proyección en Tenerife, lo quieren presentar a festivales en Canarias y en el resto de España. Sin embargo son ellos los que mueven las copias para que se proyecte, ya que no pueden permitirse pagar a una distribuidora.

Por eso, al preguntar a Ana Pérez sobre la realización de futuros documentales, responde con una mezcla de ilusión y pragmatismo. "Hay muchas historias que todavía están sin contar, sobre todo las relacionadas con la mujer en Canarias. Nos encantaría seguir haciendo estos proyectos, pero para nosotros ha supuesto un esfuerzo muy duro".

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