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''Le reventaron la cabeza''

DECLARAN COMO TESTIGOS LOS AMIGOS DE IVÁN ROBAINA

Uno de los acusados dijo tras la agresión: "Ven, esto es lo que pasa". "Nadie movió el cuerpo", según los testigos.

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Ismael, un amigo de Iván Robaina, el joven de 19 años que falleció asesinado en la noche del 6 de diciembre de 2008 en una zona de ocio en la capital grancanaria, relató este miércoles que "le reventaron la cabeza por el lado derecho como si fuera un balón de fútbol".

"Vi dos patadas volando sobre su cabeza", aseguró durante el juicio con tribunal de jurado que se celebra desde el lunes en la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Las Palmas contra Oliverio H.G., de 29 años de edad, Acaymo A.S.T., de 20 años, y Benjamín G.A., de 24 años, todos ellos con antecedentes penales, acusados de un presunto delito de asesinato. El testigo atribuyó una de las patadas a Benjamín, aunque posteriormente precisó que no vio los golpes "en sí, sino las piernas".

Relató que en la madrugada del día 7 se encontraba en la calle Franchy y Roca con otros cinco amigos entre los que se encontraba Iván y en un momento dado Oliverio -a quien no conocía- se acercó a pedirles dinero "para la guagua".

Como no todos querían darle, el encausado comenzó a "insistir". "Iván fue el primero que abrió la cartera y le dio dinero, pero él seguía insistiendo. Yo le dije que no tenía por qué darle dinero, que no estaba obligado a hacerlo y le pedimos por favor que se fuera", aseguró.

Añadió que Oliverio le agarró "por la cintura" y él le apartó, por lo que el procesado empezó a insultarle y a decir: "Uno contra uno". "Él quería pelear a toda costa", planteó Ismael, que hizo hincapié en que otro amigo de los acusados y a quien estos intentan inculpar, Isidro, "no hizo nada" y "no se metió en la pelea".

Mientras, Iván y el resto intentaban "apaciguar" a Oliverio y, por otro lado, Acaymo sujetaba a Ismael del brazo y también le exhortaba: "Uno para uno", con el objetivo de que se peleara con Oliverio.

"Pensábamos que estaba muerto"

Cuando pensaban que "se había calmado la cosa", el grupo de amigos de Iván Robaina empezó a retirarse y les dieron la espalda, el último de ellos la víctima. "No queríamos pleito, empezamos a cruzar un paso de peatones y, de repente, oímos un golpe fuerte. Me giré y vi a Iván en el suelo, se intentaba levantar y vi dos piernas volando sobre su cabeza. Oí un golpe seco y un crujido en el cuello. Vi su cabeza caer. Cuando nos acercamos le salía un líquido viscoso amarillento por la nariz y por la boca", narró Ismael.

"Todos nos quedamos impactados por el crujido, pensamos que le habían roto el cuello y que estaba muerto", aseguró el chico, que no vio a la persona que propinó el primer golpe por la espalda que hizo caer al adolescente.

Recordó que su amigo era "muy buena persona, muy pacífico, simpático, abierto y nunca participó en ninguna pelea". Tras la agresión, dos transeúntes se identificaron como sanitarios y advirtieron a los presentes de que no movieran el cuerpo. Poco después llegó la Policía y, posteriormente, una ambulancia. Todos los amigos de Iván incidieron en que "nadie movió el cuerpo" hasta la llegada del personal médico.

Otro de los amigos del chico fallecido, Lorenzo, coincidió en que Oliverio "se puso bastante pesado y agresivo" cuando se acercó a ellos a exigirles dinero. Ante la negativa del grupo "llamó a sus amigos y en medio minuto ocurrió todo". Igualmente, exculpó a Isidro.

La patada fue ''bestial''

Añadió que "Iván estuvo en todo momento pacificando" y tras disponerse a abandonar el lugar no pensaron "en ningún momento que los otros iban a pegar a nadie". Sin embargo, al escuchar un ruido, se giró y observó a Benjamín propinando "la patada en la cabeza a Iván" y cree que "también otra en la pierna".

Tildó de "increíble y bestial" la patada en la cabeza del chico, al tiempo que comentó que "Oliverio estaba detrás de Iván", por lo que intuye que fue éste quien le dio la patada por la espalda que le tumbó. Asimismo, aseguró no haber visto que Acaymo golpeara a Iván, sino "incitar la pelea".

Al entender de Lorenzo, "al principio, cuando Oliverio se acercó venía tranquilo, pero a los cinco minutos" entendió que "venía a buscar pelea", así como hizo hincapié en que "Iván no se enfrentó a él en ningún momento" ni se rieron del acusado.

Identifica las zapatillas

Por su parte, Héctor, otro de los amigos de Robaina aquella fatídica noche, declaró en su comparecencia como testigo que la intención de Oliverio "en todo momento fue provocar", pese a que el grupo no quería pelear. Al negar darle más dinero, el procesado buscó a sus amigos y, aunque "en un principio, Benjamín estaba tranquilo, de repente se puso como una fiera, un animal, y gritaba: "¡Vengan todos hacia mí!"".

"Les dimos la espalda e Iván tuvo la mala suerte de ser el último", apostilló el chico, que no vio quién le propinó la patada que hizo a su amigo desplomarse al suelo. "Cuando Iván se intentó levantar le dieron dos patadas en la cabeza. El ruido fue brutal, no tengo palabras para describirlo. Vi a Benjamín y a Acaymo cerca", afirmó Héctor, que se acercó para evitar que le "siguieran pegando".

En este sentido, reconoció las zapatillas blancas que identifican a Benjamín como uno de los presuntos autores de los golpes en la cabeza y otras negras y grises con una franja naranja que pertenecen a Acaymo. Asimismo, recordó que, tras la agresión y antes de emprender la huida, Oliverio dijo: "Ven, esto es lo que pasa".

El magistrado, muy ''tolerante'' con la defensa

El magistrado presidente del jurado popular, Pedro Herrera, tuvo que intervenir en numerosas ocasiones y llamar la atención durante el juicio para reclamar a la defensa de Oliverio, integrada por Israel Godoy y Paloma Ortiz, que reformularan las preguntas reiterativas dirigidas a los testigos y sus "impresiones" sobre las imágenes de los hechos que se visualizaban a través de una pantalla.

"Estoy siendo muy tolerante", admitió el magistrado, para quien "no se puede intentar confundir a los testigos", una circunstancia que tildó de "maniobra torticera para dar a entender una cosa distinta a la que se está diciendo".

"La tolerancia está llegando a extremos a los que yo ya no creía que podía llegar", confesó Herrera, que subrayó: "No podemos volver locos a los testigos". El magistrado declaró sentirse "totalmente agotado" con la actitud de los abogados de Oliverio.

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