'Caso jacuzzi'
Dos compañeros de profesión son los responsables de mentar la palabra jacuzzi -con perdón, de nuevo-. Uno advirtió con “contar la historia del jacuzzi” y otro indicó que hay “amantes” del jacuzzi. Ninguno apuntó hacia la plantilla de la UD Las Palmas. Ninguno ubicó la bañera en el Estadio de Gran Canaria, que ahora parece que sirve para bodas, bautizos y comuniones. Ninguno detalló la celebración de un festín de carne con papas en cualquier baño con hidromasaje del mundo organizado por personas relacionadas con la entidad de Pío XII. Pero unos cuantos, en la Unión Deportiva, se han dado por aludidos. Ellos sabrán. Y los que no se han dado por señalados, han ocultado muy mal su estado de nerviosismo por el 'caso jacuzzi'.
Todo esto, un disparate digno del 'Aquí hay tomate', ha provocado una decisión del vestuario de la UD Las Palmas ridícula. Absurda, pero que pone en su sitio a los integrantes de un vestuario, el de la Unión Deportiva, que hoy me veta, al igual que el resto de compañeros situados en este lado de la línea, pero que hace unos días me filtraba, como al resto de periodistas que cubren el día a día del equipo, mil y un asuntos. Porque, seamos serios y les pido a todos una reflexión, ¿quién creen ustedes, por ejemplo, que destapó la expulsión, de una terapia de grupo con el psicólogo, de Aday y Fredi? ¿Quién creen ustedes que levantó la liebre y advirtió de la posible dimisión del jefe de los servicios médicos por el despido de Alejandro Rivero -fisioterapeuta? ¿Quién creen ustedes que contó la bronca entre Fredi y Juanito tras el partido ante el Cádiz? ¿O quién creen ustedes que indicó que el vestuario está dividido entre un grupo de capos del presidente y la gente que no quiso hacer la cama, la temporada pasada, a Josip Visnjic?
Así, casi mil historias más de un grupo de profesionales que tiene a la UD Las Palmas en la decimoséptima posición de la tabla en Segunda división -fuera de la zona de descenso tras 37 jornadas disputadas-, pero con la amenaza real y latente de caída al pozo si el asunto no se finiquita por la vía rápida. Son los mismos que el 23 de abril pedían a todos, incluidos medios de comunicación, apoyo porque la situación en la clasificación era más que delicada. Pero, tranquilos, el asunto no es nuevo y se volverá a repetir. Son ciclos y cosas del fútbol.
Pero si ridícula ha sido la decisión adoptada por el vestuario, increíble ha sido la torpeza con la que el club ha manejado la situación. Miguel Ángel Ramírez, el presidente, ha dejado claro que intentó mediar y hacer recapacitar al vestuario, pero finalmente ha apoyado la postura de su vestuario porque son los jugadores los que tienen que “meter la pierna, marcar goles y salvar al equipo del descenso” y no se pueden sentir abandonados, al ser atacados personalmente -por favor, que me expliquen donde- por la entidad. Ante esta tesitura, no me queda otra que entender que hay que mimar a los futbolistas para que cumplan con sus obligaciones y, además, debo sacar una conclusión mayor: ante una posible situación de chantaje, ahora la nave amarilla la dirigen los integrantes del vestuario y no los miembros del Consejo de Administración.
Este capítulo desagradable, otro más en la historia reciente de la UD Las Palmas, maltrada desde 1992 -tras su conversión en Sociedad Anónima Deportiva-, utilizada por y para los intereses propios de cuatro y politizada de manera vil desde ese momento, no hace más que aclararme un panorama poco atractivo, en el que el proyecto, vendido como redentor, toma un tono artificial y en el que las bases de todo se asientan sobre el engaño. Quo vadis, Unión Deportiva?
PD- Dos preguntas más para terminar: ¿dónde estaba el sentimiento de solidaridad de los jugadores con un compañero, la semana pasada, cuando el presidente amenazó con no dejar jugar a Aythami la próxima temporada, si el central no renovaba este verano su contrato con la UD Las Palmas? ¿Y qué significa eso de abstenerse a realizar preguntas a Juanito en Soria para no formar ningún espectáculo?