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Gallego pone los goles en otro ejercicio coral del Tenerife

José Miguel Galarza

Santa Cruz de Tenerife —
14 de septiembre de 2026 01:19 h (Hora canaria)

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El CD Tenerife se quedó puso los méritos y los goles, se quedó los puntos y acabó con la imbatibilidad de un Leganés que terminó desarmado e incapaz, perdidos muy pronto los argumentos, a ratos un equipo de pose al que no le casó la condición de favorito y una plantilla más profunda —una apariencia— con el desempeño frente al grupo de Cervera, coral como en sus mejores noches, avisando antes de morir el verano de que puede ser un rival formidable.

Ganaron los blanquiazules al peso. Antes, un despliegue de esfuerzos repetidos, pelotas recuperadas y escalonamiento que impidió malamente dos remates limpios del Leganés o una vuelta que le metiera en compromisos mayores. Y para definir, un delantero cuarentón que se vacía como un veinteañero y no falla en las suertes que se le piden a cualquier ‘nueve’: remate en jugadas y penaltis transformados.

Gallego desató esta noche al Heliodoro y al propio locutor del estadio. Rendido a la euforia, perdida la etiqueta, cuando hizo el 1-0 tras resolver desde los once metros el penalti que él mismo provocó, el locutor oficializó el apelativo de la ‘Burra vieja’ que solo viendo a Gallego y sus goles se puede entender como la muestra de cariño que es.

Así que esto de la ‘Burra vieja’ —o la ‘Burrita vieja’ para otros— ya se puede incluir en el repertorio de los apelativos inmortales de los goleadores tinerfeñistas: el Loco, el Vieja, el Matute… o el Patanga, que se nos fue un día antes, recordatorio de las decenas de futbolistas isleños que en 1971 sacaron al Tenerife del pozo y durante media década le dieron lustre en Segunda. Sin un duro, birrias como los que más.

Gallego y los de ahora no sabrán de Antonio Pedrero, Juan Díaz, Víctor Celso Alberto y Mauro Pérez —los delanteros aquí recordados—, pero una explicación sobre su figura traería cuenta para entender el valor de los méritos de este Tenerife llamado a una permanencia agónica que, semana a semana, hace de la necesidad virtud, tira de lo bueno conocido y va superando etapas con una solvencia inesperada solo para los ajenos que desconocen la pasta que puede llegara a amasar Cervera cuando lo dejan trabajar con los susurradores lejos.

A su modo, ajeno al ‘panenkismo’ y al postureo, va el Tenerife camino de una obra mayor que el camino de penitencia anunciado. La pieza abatida en este domingo de tiempo plomizo en el Heliodoro fue un Leganés al que le sobra límite salarial, un once con más caché simbolizado en este Morata de un remate de cabeza manso —y nada más— y cambios que deberían mejorar a los titulares.

Nada de eso, el equipo de Rubén Alvés tuvo diez minutos de orden en los que avisó con balón largo y segunda jugada para coger la espalda a los medios. Cuando se empeñó en la salida jugada y el Tenerife olió la sangre, se lio el portero con los saques cortos, los defensas con la pelota al pie y se apareció la caballería —con Gallego al frente—parar que asomaran las dudas de unos y las caídas locales al área, ya con el partido cocinado a su modo.

Antes de la media ahora, Gallego había provocado un penalti habitual cuando se va a un cruce en el área, llega un segundo antes que el defensa y fuerza una caída. De si esta era o no punible, dudó el árbitro, pero le sacó de dudas el VAR y un vistazo a la pantalla. Y allá que fue la Burra vieja con una resolución de mérito. Una carrerita corta y un disparo escondiendo el gesto del disparo hasta el límite, en lo que un Zidane cualquier renuncia a la adivinanza, imposible de discernir.

El 1-0 acabó de desquiciar al Leganés y de desatar al Tenerife, que ya andaba cómodo —protegido por el dominio de Juanjo y Fabricio robando o tapando—, paciente para madurar los ataques y cayendo con Víctor por un lado y por el del niño por el predio de San Sebastián, donde se amañó una faenita de aliño que enamoró a las cuatro gradas: que sin un control orientado, que si dos regates en carrera, que si un taconazo para la carrera al espacio de César… Dani Fernández brilló en su primera titularidad, más cercano a lo que le viene reclamando Cervera.

La mejor noticia tras el cambio del chico cuando consumió hasta las reservas fue la aparición de Gerard Valentín —luego despistado Gomis y más aplicado Krdzalic—, un ejemplo de que el talento está más cerca que lo que la inteligencia artificial dice. Entró por Dani con veinte minutos por delante, se echó una carrera de cuarenta metros directo a donde estuvo la grada del doctor Capote y al límite le remitió un caramelito a la Burra vieja, en el sitio justo para rematar y obrar el 2-0.

Lo de Gallego elevó el griterío del estadio a límites inhabituales. Y cuando Cervera le dio al guerrero su descanso, cambió aquello de “todo el estadio… debe animar” por un “Gallego, Gallego” que debió de oírse hasta en Los Campitos. Agrade a la vista más o menos, nadie discutirá que el Tenerife va camino de la tranquilidad mientras un rival tras otro busca la forma de desarmarlo y los cenizos de Cervera callan. Impacientes, tendrán que esperar.

(2) CD Tenerife: Dani; César (Jorge Moreno, m. 89), Landázuri, León, David Rodríguez; Dani Fernández (Gerard Valentín, m. 68), Juanjo, Fabricio (Krdzalic, m.76), Nacho Gil; Víctor Moreno (Pecar, m.89) y Enric Gallego (Gomis, m.76).

(0) CD Leganés: Luca Zidane; Naim (Suleiman m. 84), Lalo, Ignasi Miquel (Pulido m. 71), Marvel, Álex Sancrís (Dani Rodríguez m. 46); Zico (Soko m. 62), Atienza, Kechta, Ismaël Gharbi; y Morata (Álex Millán, m. 71).

Goles: 1-0, m. 25: Enric Gallego, de penalti. 2-0, m. 75; Enric Gallego.

Árbitro: Pablo Morales Moreno (Comité Andaluz). Amonestó a David Rodríguez (m. 27) y a Dani Fernández (m. 60) y los visitantes Álex Sancrís (m. 10) y Marvel (m. 60).

Incidencias: partido de la quinta jornada de la Liga de Segunda División 26-27. Estadio Heliodoro Rodríguez López, ante 16.772 espectadores (78% del aforo). Se guardó un minuto de silencio en memoria de Mauro Pérez, ‘El Patanga’, jugador del CD Tenerife entre las temporadas 70-71 y 74-75.