''Si Ramírez no arregla nuestro problema, la UD puede desaparecer''
“Miguel Ángel Ramírez puede arreglar el problema, pero si no es así la Unión Deportiva Las Palmas está en peligro de desaparecer”. Así de contundente se mostró Manuel García Navarro en relación al litigio que mantiene con la entidad de Pío XII, a la que le reclama una cifra de ''importantes'' proporciones por una deuda contraída en 2002 con el que fuera presidente amarillo, la que impide que el club pueda salir del proceso concursal en el que lleva inmerso desde hace casi ocho años.
El empresario no se anda con chiquitas: “Llevaré con mis abogados hasta las últimas consecuencias la deuda que tiene la UD Las Palmas con mis empresas”, aseguró desafiante el exmandatario de los insulares, quien ya está curtido en esto de litigios con el club amarillo. En el último, el cual trataba sobre la nulidad de una Junta General por supuestos defectos de forma, volvió a salir derrotado, sentencia del Juzgado de lo Mercantil que se hizo pública el martes.
Navarro asegura que el actual presidente de la Unión Deportiva, Miguel Ángel Ramírez, “se ha pasado todos los acuerdos de las negociaciones por el arco del triunfo”, razón que le lleva a seguir empecinándose en una guerra que poco bien le hace ''al club de sus amores'', como lo calificase en redundantes ocasiones. “Se pudo haber resuelto el problema con la mitad del dinero, pero ahora tendrá que atender todo lo que me debe”, sostuvo en el programa Canarias Ahora en Juego de CANARIAS AHORA.
Un conflicto en que tiene parte del protagonismo la relación entre ambas partes: “No hay contactos entre nosotros porque me declaró persona non grata y me retiró la tarjeta para asistir al palco. Las relaciones no son buenas porque a él no le interesa. En vez de tratarme como me merezco, me ofende”, afirma.
García Navarro, además, se permite la licencia de opinar sobre el aspecto deportivo del club amarillo: “La deriva deportiva está sobre la mesa. Recuerdo que el Tenerife empezó en caída libre y hasta que no llegó a Segunda B no paró”, concluye.