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Womad: un fracaso de la ciudad

La respuesta cuando se les pregunta es siempre la misma: gobernar es optar. Y es cierto, ninguna institución pública española está en estos momentos en condiciones de mantener a los mismos niveles presupuestarios todos sus compromisos, tampoco los culturales. Ante un escenario económicamente tan complicado, la decisión del gobernante, la opción con la que quedarse, se convierte en doblemente responsable. Porque si se aplicaran en las decisiones culturales criterios exclusivamente monetarios, el gobernante tendría la más que probable tentación de cargárselo todo. Pero si actuara con un mínimo de inteligencia, quizás blindaría de alguna manera todas aquellas manifestaciones culturales que, además de su valor como tal, vengan acompañadas de algún retorno económico para la colectividad. Los festivales son unas de esas inversiones que, por lo general, producen retorno económico. Basta con analizarlos con un mínimo de atención y comprobar qué parte de lo que en los festivales y grandes conciertos se invierte se queda en la ciudad.