Andrea Abreu regresa seis años después con ‘Pajaritos preñados’: una historia canaria sobre la precariedad y el deseo de ‘cambear’
Panza de burro (2020) la condujo a vivir su propio confinamiento. Aunque este no era físico, sino verbal, donde cada concepto se convertía en un análisis que la incapacitaba del disfrute de las conversaciones cotidianas. Pero ese camino plagado de espinas y sobre todo de rosas ha empujado a la adulada escritora canaria Andrea Abreu (Icod de los Vinos, Tenerife, 1995) a publicar seis años después su segunda novela: Pajaritos preñados, que verá la luz el próximo 2 de septiembre.
Para esta periodista de 31 años, todo empezó en casa. De pequeña corregía las palabras de su madre, después de que los maestros lo hicieran con la mayoría de las niñas procedentes de entornos rurales, incluída ella. Lo que no sabía es que con el tiempo, lo que entonces consideraba un error, sería una reivindicación de un lenguaje propio que la llevaría en 2020 a vender más de 96.000 ejemplares. Antes ya había publicado el poemario Mujer sin párpados y el fanzine Primavera que sangra, pero no fue hasta aquella novela, cocida a fuego lento en un taller de escritura de Sabrina Urraca bajo el nombre del fenómeno meteorológico típico en el norte de las Islas, cuando Abreu saltó definitivamente a la primera línea de la literatura con su jerga kinki canaria.
Ese identificativo cultural es el que está injerto en la que será su última novela. Pajaritos preñados, ambientada en el noreste de Tenerife, narra la historia de Cathaysa, una adolescente que, al cumplir dieciséis años, se enfrenta al descubrimiento del deseo, la violencia y la necesidad de escapar de un entorno marcado por la precariedad y por un pasado que continúa presente. A través de su voz y de la de su padre, El Tiznado, Andrea Abreu retrata un universo familiar y vecinal en el que el amor, la posesión, la ternura y el peligro se entrelazan, mientras sus protagonistas intentan imaginar una vida diferente.
Desaparecer para volver a escribir
Para escribirla, Abreu necesitó desaparecer casi seis años de la primera línea mediática, tal y como cuenta al periódico El País en una entrevista, donde además descubrió un diagnóstico que la identificaría aún más con uno de los principales personajes de la novela: la neurodivergencia. Esta variación natural en el funcionamiento y procesamiento del cerebro humano difiere de lo que la sociedad considera normal o neurotípico. Ser neurodivergente implica experimentar y procesar aspectos como la comunicación, las relaciones sociales, las emociones o los estímulos del entorno de una manera diferente, sin que esa diferencia deba entenderse necesariamente como una carencia o un trastorno.
Una portada con sello canario
La imagen que acompaña a esta nueva ficción también esconde una historia. La fotógrafa Lilia Ana Ramos Martín (La Matanza de Acentejo, Tenerife, 1988) es la culpable. Ella cuenta en sus redes sociales que, hace aproximadamente un año y medio, Andrea le confesó que le encantaría que una de las fotografías de su proyecto creativo This is Acentejo fuese la portada de su nueva novela. En ella, un cabrero llamado José Manuel aparece subido a un caballo de aspecto plateado. Cuando se lo dijo le quedaba la última parte por escribir pero, para la artista, también canaria, ya era “suficiente regalo saber que esa imagen rondaba su cabeza”.
La autora presentará Pajaritos preñados en Santa Cruz de Tenerife el próximo jueves 10 de septiembre y en Las Palmas de Gran Canaria el sábado 12 de septiembre. Posteriormente, Andrea Abreu también se encontrará con sus lectores el martes 22 de septiembre en Barcelona y el viernes 25 de septiembre en Madrid.
Sinopsis de 'Pajaritos preñados'
En un barrio de cuestas empinadas, arropado por la brumacera del Norte de la isla, Cathaysa cumple dieciséis años con la sensación de que todo ocurre demasiado rápido y, sin embargo, de que nunca nada cambia. Creció en un entorno que no da tregua y en el que el pasado no desaparece, solo se filtra, se adapta y encuentra nuevas formas de persistir. Aquí, en pleno descubrimiento del cuerpo, y del deseo de otros cuerpos, la infancia no termina: se rompe en miles de fiscos.
Pajaritos preñados es la historia de ese quiebre, y también del de El Tiznado, padre de Cathaysa, un espíritu hedonista marcado por la precariedad, la ausencia y la culpa. En su pequeño mundo conocido –el que forman Engracia, la madre, espejo en el que Cathaysa no quiere mirarse; Tío Aurelio; las amigas, La Macha y Chaxiraxi, que se quieren como hermanas y se entienden a macanazos, y un primo que la reclama como si le perteneciera–, la aparición de otro hombre y el deseo de fuga abrirán para ellos caminos distintos, aunque no menos inciertos, en los que tal vez las decisiones no encierren una verdadera elección.
Las voces de Cathaysa y El Tiznado, ambas afiladas, contradictorias, ferozmente vivas, sabias y sananas a un mismo tiempo, avanzan acompañadas por un coro de mujeres que todo lo ven desde las ventanas y de hombres que todo lo callan desde los bares, trazando un mapa emocional donde el amor se confunde con posesión, la ternura con violencia y el deseo con peligro. Con una escritura radicalmente propia –que recoge la oralidad y la desborda hasta convertirla en materia literaria–, Andrea Abreu construye un universo donde el lenguaje late al ritmo de los cuerpos y del paisaje. Lejos de cualquier mirada complaciente, Pajaritos preñados se sostiene en la complejidad de aquello que rara vez se nombra y se adentra magistralmente en la intimidad de los personajes para mostrar la crudeza de lo cotidiano y la fragilidad de quienes intentan, a pesar de todo, cambear, imaginar otra vida.