30 de mayo, Día de Canarias

Por qué Canarias vive un auge de la reivindicación de su identidad: ''Se lo debemos a las generaciones pasadas y futuras“

Imagen de archivo de dos mujeres caminando por una calle de La Graciosa.

Jennifer Jiménez / Natalia G. Vargas

Las Palmas de Gran Canaria / Arrecife —
30 de mayo de 2026 05:31 h

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Quevedo dice que “no se muda ni borracho” de Canarias. Lo canta con un marcado acento canario mientras sigue liderando la lista de los artistas más escuchados de España con un disco que describe lo que significan para él sus islas. Por todo el país también suenan otras voces canarias, como la de Valeria Castro o la de las pioneras del género urbano, Las K-Narias. Mostrar al mundo ese lenguaje es una labor en la que han pisado fuerte escritoras isleñas como Andrea Abreu, con su reconocida obra Panza de Burro, en la que cuenta una infancia en Icod de Los Vinos con una madre que limpia viviendas vacacionales. También lo ha hecho Lana Corujo, que ha revolucionado la literatura con su libro Han cantado bingo, mezclando el paisaje de Lanzarote con una narrativa sobre la infancia de dos hermanas. 

El 95% de la población del archipiélago se siente orgullosa de serlo. Así lo reflejó recientemente una macroencuesta del Gobierno de Canarias que destacó que la identidad canaria se relaciona con haber vivido o vivir en Canarias como el factor esencial. La macroencuesta destaca que un 83,5% de los encuestados le da valor a haber nacido en las islas y, en tercer lugar, a hablar el español propio del archipiélago (75%). En cuanto al posicionamiento identitario, el 41,3% afirma sentirse más canario que español, mientras que un 11,1% declara sentirse únicamente canario. 

En los últimos años, se ha producido un auge de la reivindicación de la canariedad, en especial entre la gente joven. En ello coinciden investigadoras como Daniasa Curbelo: “Sin duda alguna. Hace poco se lo comentaba a un amigo con el que iba paseando por la calle. Nos cruzamos con una adolescente que llevaba unas pintas entre góticas y punkis. Con sus botas negras de hebilla, medias rotas, ojos pintados de negro... ¡Y dos argollas canarias!”, cuenta.

“Este accesorio, que es un elemento fundamental en la indumentaria tradicional canaria, pudo haberse quedado anclado en la generación de nuestras abuelas. Sin embargo, veo que las generaciones más jóvenes están volviendo a utilizarlas”, apunta. Para Curbelo, este fenómeno no podría entenderse si no hablamos del auge que la canariedad ha experimentado en los últimos años, y que ha conseguido volver a vincular a la población más joven con “elementos, tradiciones y costumbres que nos distinguen como pueblo”.

Para la investigadora Nayra Ramírez, “estamos atravesando lo que algunos han denominado una nueva ola de la canariedad. Lo que me parece más significativo es que este proceso se está desarrollando de manera paralela a un sentimiento de pérdida, provocado por un malestar colectivo ante la explotación de nuestro Archipiélago”. Y añade que “al funcionar como una ola, las reivindicaciones identitarias tienden a intensificarse en momentos de tensión como el actual, pero no son procesos estables. La mayoría de las veces corren el riesgo de diluirse, ya sea por cooptación institucional o porque pierden fuerza a medida que cambian las condiciones que los impulsan”.   

Ramírez considera que lo novedoso de esta etapa radica en la manera en que se están articulando nuevos espacios de socialización para que dicha identidad emerja y se fortalezca, “especialmente mediante redes sociales, podcasts y otras formas de producción cultural contemporánea. Esta mayor presencia de nuevas voces en el espacio público permite una pluralidad de relatos sobre qué significa habitar estas islas y, así, pensar de manera comunitaria sobre su historia, su presente y su futuro”.

Sobre qué se entiende por identidad, señala que es una pregunta compleja, con multitud de matices y fricciones. “Pese a que podría interpretarse como un modo de expresión cultural con una serie de elementos comunes, en realidad constituye un campo de disputa influido por relaciones históricas de poder, categorías como la raza, el género, la clase y otros factores de índole generacional. No obstante, a todo ello añadiría las emociones. En la actualidad, presenciamos la conformación de una suerte de comunidad afectiva, principalmente movilizada por el orgullo de pertenencia, similar a lo acontecido en la década de los 80 con la puesta en valor de nuestra cultura popular”. 

Ese “orgullo canario”, asegura que posteriormente “fue banalizado de forma abstracta en logotipos y pegatinas, ha sido nuevamente canalizado, por poner dos ejemplos, a través de manifestaciones como la música y la literatura. Este fenómeno está relacionado con un fortalecimiento de la autoestima al legitimar artísticamente el dialecto canario y nuestras tradiciones. Es fascinante ver el éxito del fenómeno Quevedo o que en las bibliotecas haya lista de espera para sacar en préstamo libros como Las Galletas de Óscar Liam o Han cantado bingo de Lana Corujo. Ahora bien, el peligro consiste en que en todo este fortalecimiento se vea sometido a una constante necesidad de validación externa. Para ser pueblo, primero tenemos que creerlo nosotros mismos”.

Identidad y turistificación 

Según la macroencuesta del Gobierno canario, la identidad canaria se fundamenta en especial en la vinculación afectiva con el entorno local y natural. De hecho, más del 90% de la ciudadanía considera importante que se proteja, conserve y difunda el patrimonio cultural. La defensa del territorio es la protagonista de uno de los mayores movimientos sociales del archipiélago, que exige la protección de los espacios naturales y de las especies que habitan en ellos frente al modelo de turismo de masas. 

“El fenómeno de la turistificación influye en nuestra identidad en la medida en que fuimos educados y educadas para servir al extranjero”, asevera la investigadora. “Nunca olvidaré cuando, estando en el instituto en Buenavista, un pueblo empobrecido, abandonado institucionalmente y con falta de oportunidades para la juventud, la profesora de inglés nos dijo que todo lo que aprendiéramos con ella nos iba a ser útil para atender bien a los guiris del Puerto de la Cruz”, recuerda.

“Para ella, ese era nuestro destino profesional: servir. Las autoridades políticas también se han encargado de fomentar estas nociones con campañas publicitarias y eslóganes, como ese que define a Tenerife como una ”isla amable“. Si la isla es amable es porque sus habitantes también lo somos, ¿para quién? De nuevo para el turismo”, apostilla Curbelo.

Sobre cómo influye la turistificación en la identidad canaria, la investigadora Nayra Ramírez destaca que no es un problema exclusivo de las Islas, sino un fenómeno local, común al resto de territorios del Estado. “Aunque esto es cierto, la diferencia radica en que en Canarias dicho modelo depredador no puede entenderse como algo reciente. Más bien, se inscribe en una condición histórica más amplia, caracterizada por dinámicas de colonialidad de larga duración”, explica. 

“Desde la plantación de caña de azúcar hasta la plantación hotelera, se establece una delgada línea, como ya han señalado numerosos teóricos. Se trata de una forma de organizar las islas y las relaciones de poder con antecedentes profundos que continúan operando en el presente. El ejemplo más ilustrativo se encuentra en los polémicos cuadros del Parlamento de Canarias, donde se negocia la cesión de una noble indígena en nombre de la isla. Es ese entreguismo de nuestras élites políticas lo que continúa perpetuando la desigualdad en Canarias”, asegura. 

A juicio de Ramírez, “quienes se resisten a ello no tienen derecho a la representación, ni en los cuadros ni en la vida pública”. “De ahí la importancia que mencionaba anteriormente sobre las redes sociales como medio para articular relatos contrahegemónicos y disputar activamente el sentido de nuestra identidad”, subraya.

Para la investigadora, “mientras exista una ganancia económica, persistirá esa exotización porque hay demasiados intereses en juego. Su supervivencia depende de fomentar la explotación continua de la idea del paraíso. La gran foto de familia de nuestra clase política en FITUR es la máxima expresión de este cinismo. Por otro lado, hay que advertir que, desde las producciones culturales, a veces también se corre el riesgo de caer en un juego de autoexotización que desplaza e invisibiliza los problemas reales que nos afectan”.

Sobre cómo han afectado las últimas movilizaciones a nuestra percepción sobre Canarias y al concepto de identidad, señala que “una isla son raíces en el mar. Nuestro entorno inmediato es nuestra razón vital. Por ahí decían que ser canaria es ser del mundo desde aquí. A ello añadiría el planteamiento del estar y el derecho a la permanencia. Las últimas canciones de Quevedo -con todo y este riesgo de autoexotización- están poniendo este tema del derecho a la permanencia sobre la mesa de conversación”. 

“Mientras las instituciones de Las Palmas de Gran Canaria viven inmersas en la preocupación por ”ser“ designadas como la capital europea de la cultura, el resto de los isleños estamos preocupados por el ”bienestar“ de nuestro Archipiélago y por sobrevivir a las condiciones materiales que nos imponen. Esto afecta tanto a lo humano como a lo no-humano. En las últimas manifestaciones, sentí una profunda emoción al observar que desde los movimientos sociales se convocaba a rebelarse también ”por nuestros cardones y por nuestras tabaibas“. Aquí nos jugamos el futuro de todas las especies. La conexión con nuestra tierra y su defensa es de carácter ancestral. Se la debemos a quienes nos antecedieron y a las generaciones futuras”, añade Ramírez.

Hablar sin complejos 

En la identidad canaria, la lengua juega un papel fundamental. “Las lenguas son un instrumento de comunicación y eso es lo que las define, pero también son un elemento identitario. Es una de las cosas que más nos delata, por encima de cualquier otra como puede ser la vestimenta o los rasgos físicos. Nada más hablar, estamos delatando nuestro lugar de origen”, explica el miembro colaborador de la Academia Canaria de la Lengua y profesor de Secundaria Zebensui Rodríguez Álvarez. 

Para Rodríguez, el auge de la identidad canaria no es nuevo, sino que se remonta a los años 80 con la aprobación de la Constitución Española en 1978 y el desarrollo de las identidades regionales o autonómicas. “Lo que sí ocurre en los últimos tiempos es que, probablemente, se esté afinando un poquito más en la forma en la que se lleva a cabo esa reivindicación”, matiza. Durante mucho tiempo, el español de Canarias solo se usaba en contextos informales e incluso jocosos. Ahora, apunta el docente, hemos aprendido que el español de Canarias se puede utilizar en contextos formales y de prestigio.

“Lo vemos con cantantes que no renuncian a su modalidad de habla, y que incluso la exhiben de forma consciente en contextos que no son los del humor ni la informalidad”, ejemplifica. Para Rodríguez, el reto que aún queda pendiente es comprender que todas las modalidades de habla son exactamente igual de legítimas. “No existen razones filológicas para pensar que el español de Canarias es inferior a otras modalidades de habla. El problema es una cuestión simplemente de prejuicios, no de filología”, subraya. “No hay una mejor que otra desde el punto de vista lingüístico, académico y comunicativo. Todos los adjetivos que podamos poner a las lenguas a partir de ahí corresponderán a cuestiones de tipo social”, añade el filólogo.

Identidad canaria y perspectiva de género

“Creo que las perspectivas desde donde históricamente se trató (y todavía) se trata de definir nuestras identidades es innegablemente masculina. Por ejemplo, el androcentrismo que impregna la forma en la que tratamos de observar nuestro pasado indígena es fácilmente perceptible a través de las esculturas que ocupan el espacio público de Canarias. ¿Cuántas de esas esculturas representan a figuras masculinas, hercúleas y viriles? La gran mayoría. Los cuerpos de las mujeres y otros cuerpos fuera de esta dicotomía hombre-mujer que también pudieron existir antes de la Conquista, tal y como apuntan vestigios arqueológicos, están subrepresentados. Y las imágenes también tienen el poder de construir identidad, tanto colectiva como individual, ya que son narrativas visuales”, expone Daniasa Curbelo. 

La investigadora apunta que siempre le ha llamado la atención que, “en estos debates tan complejos, pidan opinión a una travesti. Llevo años diciendo que la identidad canaria tiene algunas similitudes con las identidades trans, y todo radica en el ejercicio de autodeterminación. Que, por cierto, es un concepto asociado a este territorio desde posturas nacionalistas o independentistas desde hace décadas. 

“Pero, a nivel identitario, creo que todas las personas canarias hemos tenido que sacudirnos alguna vez de encima las imágenes y conceptos que otros sujetos depositan sobre nuestros cuerpos: ”qué sexy suena tu acento“, ”seguro que eres más fogosa en la cama“, ”no hablas bien“, ”qué gracioso suenas“, etc. Este tipo de apreciaciones externas pueden lograr definirte si te las terminas creyendo, y por eso es importante cuestionar las definiciones que otras personas hacen de quiénes somos realmente, tal y como hacemos todas las personas que rechazamos el género que nos asignaron al nacer”, agrega. 

Daniasa Curbelo expone que ahora “la gente dice que Canarias y lo canario ”está de moda“ porque hay cantantes, artistas o profesionales de otros sectores que crean productos culturales con esa suerte de sello identitario por no modificar el acento, utilizar palabras propias de nuestro dialecto o iconografía que se puede remontar hasta nuestro pasado indígena. Y veo que hay quien habla de una especie de exotización de lo canario para el público de fuera de nuestras islas”. 

“Mi opinión es que Canarias ”está de moda“ desde hace quinientos años. Por ejemplo, cuando entre los siglos XVI-XVII se comercializaba con ”momias“ guanches o sangre de drago para hacer productos cosméticos en Europa o también cuando se puso de moda en las cortes europeas el Baile del Canario, que es un tipo de danza tradicional que bailaban los y las indígenas esclavizados que fueron llevados hasta allá. La exotización de lo canario no es responsabilidad de ningún artista actual, sino que forma parte de la lógica colonialista con la que se percibe a Canarias desde otros lugares. Lo que vivimos actualmente es un proceso de espectacularización de la identidad, que es otro asunto”, concluye Curbelo.

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