Música
Mover el culo detrás de Jorge Drexler
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Gracias al troglodita Donald Trump y a su ejército de proletarios ignorantes, lo latino se ha convertido en una transgresión, lo cual dice bastante no solo de lo inculta que es la corriente fascista que sufrimos sino de la fuerza que tiene lo latino. Jorge Drexler ha sacado nuevo disco. Una noticia que debería en sí misma ser destacada si no fuera porque estamos quizás ante la obra más comprometida del artista uruguayo afincado en España hace tres décadas. Para hacer este Taracá, que es como se llama, Drexler regresó al Uruguay para reencontrarse con lo que nunca perdió de vista y componer un disco con una marcada candombe, que no es otra cosa que un regreso mucho más atrás de América, justo hasta África, donde todo empezó, por muchos empeños por taparlo con deportaciones e imposiciones pseudoculturales. En fin.
Riquísimo en arreglos y orquestación, Taracá es un tributo enorme a las músicas de Latinoamérica, particularmente a las del Uruguay y sus percusiones. Con el máximo protagonismo al tambor chico y su aportación inigualable a casi todos los ritmos.
En cuanto a las letras, Drexler ha vuelto a provocarnos con sus canciones, que son himnos. Como lo fue Todo se transforma (“cada uno da lo que recibe; luego recibe lo que da”) o Movimiento (“yo no soy de aquí, pero tú tampoco”). Pero ahora lo hace en un momento clave, que él mismo define escuetamente en Nuestro trabajo (“se preguntarán qué es lo que hacemos cantándole al amor mientras el mundo se va al carajo”), pero profundiza muy oportunamente en ¿Hay alguien A.I.?, una intromisión festiva, pero muy preocupada, por los efectos de la inteligencia artificial.
Pero donde realmente levanta un monumento al compromiso es en Ante la duda, baila. El uruguayo no es Bad Bunny; tampoco es Bruce Springsteen o Taylor Swift, ni falta que le hace; pero hace su especial contribución a la recuperación de la humanidad en el ámbito de su influencia, y la de Jorge Drexler es la de ser un creador muy influyente en España y en Latinoamérica, un creador que sacude a su modo las conciencias inteligentes para que no se adormezcan o se resignen. Y esto debemos agradecérselo.
Porque podía haberse quedado en hacer un disco homenaje a su padre, que fue perseguido también y acabó exiliado en Uruguay, sin remangarse y entrar en faena. Pero eligió la etnia, el folclore del pueblo que le vio nacer, la percusión y los ritmos más acendrados para componer su décimo quinto disco, el de la madurez que permiten los sesenta años, la mitad de ellos en España por culpa de un tal Martínez, más conocido por su nombre artístico de Sabina.
Hay que mover el culo, lo dice Drexler en su canción más evidente de este Taracá, Ante la duda, baila, en la que recuerda que esta no es la primera involución que sufrimos, que ya hubo virreyes, caciques y papas que prohibían bailar porque se excitaban las bajas pasiones. Y que, finalizando el siglo XX, en 1995, hubo quien intentó prohibir el reggaetón en Puerto Rico por el contenido sexual de la danza que lo acompaña. “Pero ahora se baila en todo el mundo, sin el más mínimo disimulo”, se regodea Jorge Drexler.
Es en esta pieza donde está el grito de guerra, la llamada a la rebelión, que no es otra que la de oponerse a todo esto de la manera más pacífica pero natural posible, sin levantarse en armas ni violencias. Solo bailando, moviendo ese culo. Ante la duda, baila.