Pensar hondo, un libro para escribirnos

Víctor Álamo de la Rosa

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El debate es largo, pero el problema es que es también muy urgente: no hay organismo local, nacional o supranacional, Unión Europea incluida, que no venga alertando sobre las consecuencias peligrosísimas del deterioro paulatino de la escritura y la lectura, dos acciones que en realidad son sinónimas. El profesorado, por supuesto, viene igualmente avisando de ese nuevo analfabetismo funcional que se está instaurando, malcriado y roedor, en las generaciones de gentes que ya acumulan estos veinticinco años de siglo XXI. Patético. Toda la información del mundo a golpe de clic y, al mismo tiempo, toda la imposibilidad de pensar hondo. No nos entendemos porque todo es ruido.

Vienen a cuento estas reflexiones demoledoras porque acaba de publicarse el libro Pensar hondo y decir sutil. La composición escrita: práctica de sus procesos, del profesor y lingüista José Jacinto Hernández, un señor tomo de tomo y lomo que casi redondea las setecientas páginas, pero invocando el canónico instruir deleitando. Lo ha publicado la editorial Dykinson Libros y, además de en formato físico, al volumen también se puede acceder en edición electrónica. Así que no hay excusa, aunque, no mintamos, este gran trabajo filológico no esté destinado al gran público, sino, más bien, a la comunidad educativa y, en particular, a los profesores de Lengua y Literatura, huerfanitos en la fronda de la campante ignorancia.      

Nos jactamos de contar, por ejemplo, que en el curro recibimos correos electrónicos cuya redacción es ininteligible. Ironizamos sobre los comentarios en redes sociales, guasaps y otros hilos de conversación internetera al percatarnos de que nadie ha leído, es decir, comprendido, el comentario anterior, instaurándose una especie de diálogo de besugos sin vocación para comprender. Y nadie se entiende durante la retahíla macabrona. Mucha gente “leída”, como se decía antes (esas personas antiguas del siglo XX), se abstiene actualmente hasta de opinar por culpa de los hinchas descerebrados, fanáticos del improperio. Los profesores de Enseñanza Secundaria estamos más que acostumbrados a descubrir en clase, en cursos presuntamente avanzados, a alumnado sin la menor destreza en una escritura básica, a menudo hasta sin caligrafía, cuando milagrosamente se logra que agarren papel y boli. ¿Escribir, profe? ¿Y eso qué es? Porque la manada se acostumbró a las insignificancias de la gamificación, toma palabro pedantuelo en vez de pedagógico. Y así, poco a poco, van llegando, van llegando a todas las esferas de la sociedad (política, sanidad, educación, funcionariado, Mercadona, restauración y hoteles…), porque el desmoronamiento sociológico que nos está trayendo el siglo XXI ya es una evidencia. Una realidad para quien quiera abrir los ojos.

El libro hermoso y profesional de José Jacinto Hernández no habla directamente de todo esto, sino que enfoca su sabiduría inteligente hacia algo tan aparentemente sencillo como enseñarnos a escribir. Escribir. Piénsese un instante. Así de simple, si no fuera porque demasiada gente enteradita piensa que sabe hacerlo, que sabe escribir. Y resulta que no. Pensar hondo y decir sutil tiene su gramática, nunca mejor dicho. Este volumen, muy práctico, desciende hasta la menudencia para que aprendamos a elaborar enunciados y párrafos, ganemos conciencia ortográfica y sintáctica, implementemos el acervo léxico y así podamos salir de la repetida cárcel de mil palabras que nos vale para todo, roto o descosido, cual pendenciera navaja multiusos. Porque el vocabulario es algo dinosaurio, valga el ripio, por aquello de la extinción.

Un sabio José Jacinto Hernández se curra con precisión didáctica unas instrucciones y ejemplos, respondidos después en las páginas de solucionario, para que su libro valga como manual y facilite el autoaprendizaje. Aprender a aprender, porque aprende quien quiere y le pone al menos unas ganas. Es decir, este monumental trabajo informa, pero también forma, para que nadie siga empeñado en deformar (el lenguaje). Claridad, concisión, corrección, naturalidad, armonía, son los conceptos que riegan la intención, es decir, enseñarnos a escribir, potenciando expresión y contenido, coherencia y cohesión. José Jacinto Hernández, valiéndose de su larga experiencia como profesor de Lengua y Literatura, planea su libro para el adiestramiento lingüístico y asentar nuestro aprendizaje. El fin último de este libro fenomenal es hacernos felices, regalarnos conciencia de lenguaje para que sepamos ir por el mundo, entender, entendernos y, sobre todo, escribirnos. Qué grande, cuando se produce, es la magia del entendimiento.