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Casado y otras mentiras

Pablo Casado en la entrada de Moncloa.

Debo lamentar y lamento  la despiadada relación del colega Ignacio Escolar de los tendenciosos bulos de Pablo Casado acerca de inmigración, inmigrantes y asimilados. Se pasó de rosca el colega pues, aun teniendo razón, no tuvo en cuenta que debió llevarle tiempo al nuevo mandarín del PP prepararse para batir nuevos récords académicos. No está al alcance del común aprobar del zapatazo tropecientas asignaturas, acabar  un máster tan esquivo que ni se sabe si existe y ni les cuento de  la restauración de la imagen de José Manuel Soria que deja tamañita la del Pórtico de la Gloria compostelano. Claro que Casado no pertenece a ese común como bien demuestra la fulgurante trayectoria que lo aupó a la presidencia del partido que lleva aparejada la diplomatura de enterado de la caja del agua que concedían los antiguos isleños socarrones a quienes se empeñaban en virar las tornas sin saber de los turnos para regar y sus adulamientos. Ese fue el origen de la titulación, por llamarla de alguna manera, que se fue extendiendo a otros ámbitos en los que ni puedo extenderme aquí.

Volviendo a lo que iba, es comprensible que con semejante dispersión se le fuera el baifo a Casado al anunciar su visita a Ceuta y Algeciras “para abrazar a la Guardia Civil y a la Policía Nacional”, lo que dio al perverso periodista mencionado ocasión de sugerirle que aprovechara para fotografiarse con los voluntarios de las ONGs y aclararles que no les reprocha, qué va, su dedicación a salvar vidas de sujetos tan peligrosos como los que huyen de sus países; niños incluidos, pues es fama que acaban creciendo.

Dos inmigrantes saltan la valla de Ceuta y resultan heridos por cortes de las alambradas

Dos inmigrantes saltan la valla de Ceuta y resultan heridos por cortes de las alambradas. EFE.

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Congreso con resaca

Fachada del Congreso de los Diputados

"Yo  solo he sido presidente del PP catorce años; del Gobierno, ocho años y diputado veinte, pero, probablemente, eso no da derecho a ninguna invitación”. Así expresó José María Aznar su contrariedad ante el feo que le hizo ¡a Él!, la Comisión organizadora que no lo invitó al alarde de democracia   ma non troppo  del Congreso del PP. La Comisión aprovechó la elaborada soberbia con que proclamó el ex líder no sentirse representado por nada ni por nadie para no cursarle la invitación y no darle la oportunidad de rechazarla. Por si alguien no recuerda el aplastante peso del hoy ex de casi todo, recordaré que el mismísimo Fidel Castro lo llamaba “Franquito”; admirativa y respetuosamente, claro. Una consideración del difunto líder cubano en abierto contraste con el cenutrio proceder de la Comisión congresual incapaz de comprender que los prontos de personajes de su calibre los provoca un Ego inevitablemente inflamado de por demás; un malejón que en la Sanidad pública pasa por mera hinchazón y en la privada llaman “tumefacción” o “intumescencia”. Todavía hay clases.

Si indagamos en la génesis del supuesto desencuentro de Aznar y de los organizadores del Congreso, imagino que inquietó a los comisionados que Aznar no sintiera representada su Grandeza ni por Dios bendito. Aunque no sé la razón de semejante inquietud salvo que sean demasiado jóvenes y no tengan un abuelo que les cuente batallitas como la de que el presidente Bush lo llamaba “ansar”, vocablo castellano derivado del latín (ansereris=ganso) perdonando el modo de señalar pues bien sabido es que, aunque en desuso, llamar eso, ganso, a alguien, sigue siendo un insulto sólo tolerable, por lo visto, en labios del amo interino del mundo, cual fue el caso.

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Tierra de alegantines

Congreso de los Diputados

Guillermo  Mariscal es uno de los quince diputados de las Islas. Lo es del PP y por la provincia de Las Palmas. Se posó en su escaño hace 16 años y allí sigue sin otra función que calentar el escaño porque, la verdad, no se explica que más de tres lustros de parlamentario no le hayan proporcionado ocasión alguna de dejarse ver o sentir sin que esa circunstancia pusiera en riesgo sus sucesivas reelecciones: lo que no debería sorprendernos pues la cooptación es el mecanismo principal del PP para la elaboración de sus candidaturas. En lo que no entraré porque no es asunto que me quite el sueño aunque, eso sí, choca que Mariscal acepte pasar desapercibido casi diría que con desprecio de la alta graduación, militar por supuesto, de su apellido. Ignoro si ha aportado algo en su ya larga etapa parlamentaria aunque barrunto que no me he perdido nada pues la primera noticia de su existencia acabo de tenerla estos días en que el dicho Mariscal se ha dirigido a los canarios para advertirnos de que Sánchez no piensa cumplir los compromisos de Rajoy con Canarias. No digo que no esté en lo cierto y que el Gobierno socialista igual pasa olímpicamente de las Islas, pero recuerdo que lo mismo ha hecho el PP, que tanto montan uno y otro: una cosa es una cosa y dos cosas dar por sentado que Rajoy hubiera cumplido de seguir al frente del Gobierno. Dicho en otras palabras: no sería la primera vez que el Gobierno español, arrimando su coloración de cada momento, nos deja a los indígenas isleños en palanca, con las asentaderas al aire y caras de idiota. Sobre todo a los nacionaleros de CC porque, al fin y al cabo, para los socialistas y los peperos canarios lo que haga Madrid está bien. Con algún matiz y amagos de enfrentamiento aunque, sospecho, más por cuestiones partidistas internas que otra cosa.

Resulta casi obligada la referencia a Albert Rivera, que es, no sé si lo han notado, un político de diseño pensado para relevar a Rajoy como referencia del centro-derecha y de los intereses que gravitan en su entorno. Estoy seguro de que a Rivera no se le pasó por la cabeza el triunfo de la censura de Sánchez al que consideraba un cantamañanas fracasado. Y como no hay una sin dos, Rajoy cogió puerta y lo dejó sin objetivo, descolocado ante un panorama político dominado por el Gobierno de Pedro Sánchez y otro mediático, el que entró enseguida en el forcejeo para hacerse con la presidencia del PP.

Albert Rivera, presidente de Ciudadanos

Albert Rivera, presidente de Ciudadanos Efe

Pero a lo que iba: no le salieron las cuentas a Rivera que sigue tentando el enfrentamiento abierto, mientras más duro mejor, con el separatismo catalán. Una política que hace salivar a Inés Arrimadas que nos ha salido de armas tomar. No paran, ambos dos, de embestir los intentos del Gobierno Sánchez, Borrell incluido, de rebajar las tensiones para que ambas partes cojan el teléfono e introducir el grado de racionalidad que permita ir reduciendo el grado de judicialización del conflicto, lo que no ha contribuido, todo lo contrario, a facilitar una salida al conflicto. La judicialización, en fin, no ha contribuido a acercar las soluciones y ha provocado roces con la Justicia de otros países en los que ya está plenamente instaurada la independencia del Poder Judicial respecto al Ejecutivo. Todos estos tiras y aflojas con imputaciones irresponsables al presidente Sánchez por pagar con sus aproximaciones al diálogo las facturas que ya le están pasando los independentistas por ayudarle a ganar la moción de censura que lo sentó en La Moncloa. Es imposible no recordar los días de Zapatero al que llegaron a acusar de haber acordado con ETA el criminal atentado de Atocha para facilitarle el triunfo en las elecciones de 2004. Hasta 2011 estuvieron los peperos machacando a Zapatero con cuanto se les viniera a las manos fuera verdad o mentira y todavía siguieron culpándolo de la crisis económica internacional mientras desarrollaba su política de cargar a las capas sociales menos favorecidas el mayor peso de la crisis. Recuerden, si no, las amnistías fiscales.

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Agaete: intentan engañarnos de nuevo

Manifestación en contra del macromuelle de Agaete, frente a Presidencia del Gobierno.

Durante  semanas asistimos a la batalla de Santiago Negrín por mantenerse al frente de RTVC (Radio Televisión Canaria por mal nombre). La pugna, con su trasfondo económico-político de a quien le toca conceder el favor y a quien se le hace, la tuvo en el candelabro de los periódicos, el candelero que se decía antiguamente; lo que llevó a maliciar que algo les iba en el asunto a las empresas periodísticas que juegan al tiro porque me toca. Aunque, en verdad, no se les notó mucho ya que la polvacera de las idas y venidas de protagonistas, antagonistas por despachos políticos, comisiones parlamentarias y juzgados relegó las pretensiones multimedia de los periódicos. Así, las dichas pretensiones, que arrancaron como determinantes de la disputa, vieron negada su virtualidad desencadenante tras pasar por las fases intermedias de presuntas, sospechadas, improbables, etcétera, hasta que de pronto dejó de hablarse del asunto sin que sepamos si fue por acuerdo de las partes o porque uno de los contendientes se hizo con el santo y la peana.

A Pepe Rivero, el buen amigo que se fue, le divertía de estas escaramuzas calcular la duración del intercambio de guantazos en los papeles impresos a partir de dos variables: la magnitud e intensidad en el arranque del enfrentamiento y su naturaleza, o sea, si se discutían intereses generales o los privados a los que suelen prestarle los papeles mayor atención. Variables a las que cabe añadir como tercera y privativa de Pepe su conocimiento de la sociedad isleña y de las cabras que guarda. Le bastaban estos factores y los puntuales sobrevenidos en cada caso para anticipar qué bronca no rebasaría la primera semana, cuál se quedaría a las puertas de la tercera y la que llevaba trazas de llegar al mes del que jamás pasó ninguna, según sus estadísticas. Y eran de ver sus risas cuando, de ahora para después, la disputa desaparecía como dije de las páginas de los periódicos sin que nadie nos contara en qué había acabado todo.

Confieso que no seguí el lío de Negrín contra el mundo cruel más allá de los titulares y sumarios de las informaciones. Uno ya no tiene fuelle para fajarse con estas cosas ni la desenvoltura marxista suficiente para establecer si era o no la primera parte contratante la que debe considerarse eso, parte primera de la primera parte: si Groucho decidió no pasar a la segunda parte, no seré yo quien lo haga. Además, estoy seguro de que el manual del buen marxista recuerda que nunca segundas partes fueron buenas y a eso me atengo; por sí o por no.

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Son como niños (peligrosos)

El rey Felipe VI, Pedro Sánchez y Quim Torra, en la Inauguración de los Juegos del Mediterráneo.

Quim Torra aprovechó la inauguración de los Juegos del Mediterráneo de Tarragona para escenificar la ruptura de relaciones con la Casa Real no sé si de Cataluña, de la Generalitat, de los secesionistas o la suya personal. El caso es que a pesar de saber que a los monarcas los entrenan para que le echen cara a estas situaciones, me complace imaginar la real sofoquina de Felipe VI ante la osadía del president que lo puso respetuosamente de vuelta y media por delegación de Puigdemont, seguramente. Aunque no por eso mereció menos Felipe VI el desplante tras su comparecencia en TV a raíz del 1 de Octubre catalán en que se alineó con la violencia autoritaria al justificar, de hecho, el apaleamiento de quienes intentaban votar. Recibieron hasta los ancianos sorprendidos en el acto de liar un cigarrito de picadura no fuera a resultar el papelillo una muy subversiva papeleta de voto. Espero que a estas alturas y en vista de lo actuado (y apaleado) sepa ya el rey que el sentido y el tono de aquel mensaje no favorecen al negocio familiar que tiene, como activo fundamental, el principio de que “el rey reina, pero no gobierna”, lema o eslogan tan conocido como el de la “chispa de la vida”, aunque refresque menos. Y que reina por ser hijo de su padre, nada que ver, debo aclarar, con lo que quieren decir los conejeros cuando aseguran que “el niño está reinando”, en referencia al “reinar” anotado por Galdós en su libreta de voces canarias con el significado de “hacer todo mal, por enfurruñarse”. Me recordó aquel “contigo no me ajunto más” con que los críos de mi época comunicaban la ruptura de relaciones a su ocasional enemigo, la que solía durar hasta el día siguiente en que volvían a las mismas. Diría que aquellos “reinados” infantiles eran transitivos y por tanto más llevaderos y menos perjudiciales para la salud gracias a la posibilidad de descargue que no tienen los cabreos sordos que se te enzurronan por acumulación a medida que se cumplen años hasta que por último sobreviene el correspondiente yuyo.

Me he detenido en el mundo infantil porque, como les tengo dicho, son como niños. Como se vio este mismo jueves, en Washington, con la que se armó en el acto previo a la apertura oficial del Folklife Festival, de la Smithsonian Institution. Como se trataba de un acto privado, sin la presencia de medios informativos, no dispongo, en el momento de escribir, de los textos de las intervenciones del volcánico president y del embajador Pedro Morenés, del que Dios nos libre y guarde a poco le demos para atrás en la moviola. Un poco en plan resumen, diría que se juntó el hambre con las ganas de comer.

Fue Torra quien inició el número en un escenario que debe calificarse de poco adecuado para justa tan singular. Tanto Torra como Morenés se nombraron a sus respectivas en inglés lo que no impidió que el público se quedara en 33 con un asunto, el conflicto político catalán, que no estaba ni era esperado en el Festival. Salvo, claro, que lo incluyeran por último, que no avisaran y acabaran por considerar la bronca manifestación neofolklórica.

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El país de las cosas raras

Bandera española. (DP).

El pasado viernes, día 15 de junio, se celebró, en el Centro de Mayores de San Fernando de Maspalomas, el I Foro de Periodismo organizado por Canarias Ahora. Asistieron varios periodistas vinculados a medios peninsulares y entre las cuestiones debatidas figuró la forma en que los medios digitales se le han echado por delante a los de papel que, al decir, han perdido credibilidad por diversas razones que en principio, aconsejarían a los digitales abogar por una regulación que proteja los intereses de lectores y usuarios de las redes sociales que difunden noticias y rumores falsos.

Entre los debates obligados abordó el Foro la incidencia en la profesión de las llamadas “nuevas tecnologías”; que ya no lo son tanto, por más que sigan aportando aplicaciones y abriendo espacios a explorar. Estamos al principio de una nueva era de la que sólo sabemos que será diferente a lo habido hasta ahora. Aunque seguramente seguirá tal cual la siempre tensa relación de los medios independientes con la subordinación servil de los que no lo son a la alianza del poder y el dinero. Esta alianza tiende a coger al burro por las orejas, antigua expresión isleña del dominio que una persona puede ejercer sobre otra, en este caso el periodista. Fueron muchas horas de debate y de intercambio de ideas con el salón de actos del Centro de Mayores lleno.

Y empiezo con las cosas raras.

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El PP, a la carga

Rafael Hernando, portavoz del PP en el Congreso de los Diputados. (EFE).

El Gobierno de Pedro Sánchez acogerá en España a los 629 migrantes del Aquarius y el PP puso el grito en el cielo calificando el gesto de propagandístico, más efectista que efectivo, además de peligroso pues puede provocar, asegura, ese efecto llamada que sólo toleran a futbolistas que contribuyan a mantener “la mejor liga del mundo”. Entre los dirigentes del partido que critican la iniciativa figura Fernando Martínez Maillo, coordinador nacional y número tres de la formación, quien recordó que se trata de un problema de la UE a la que corresponde resolverlo, con olvido no sólo de que España se comprometió en 2015 ante la Comisión Europea a recibir una cuota de 17.337 personas de las que en abril pasado, según el Ministerio del Interior, habían llegado solamente 2.792. Es evidente que es el impacto sobre el electorado lo que le preocupa de la iniciativa del PSOE.

No cabía esperar del PP una reacción distinta, si bien algunos de sus destacados cargos regionales se han ofrecido a echar una mano, junto a los de otras comunidades a los que considero conscientes de las proporciones que llegó a alcanzar la emigración española; por razones económicas, sociales y políticas e incluso para escapar del componente genocida que en Canarias, donde no hubo guerra ni frente de batalla, evidenció el elevado número de muertos y desaparecidos, simples trabajadores o sindicalistas. En este sentido, me indignó en su día el portavoz parlamentario del PP, Rafael Hernando, al opinar que quienes andan ahora alrededor de la Memoria histórica lo hacen porque hay dinerillo de por medio; como si bajo el franquismo hubiera la menor posibilidad de abrir cunetas y sepulturas colectivas. Sin olvidar a Pablo Casado, vicesecretario de Comunicación, al que pude ver, también en la TV, muy enfadado y despreciativo confesarse harto de “esa gente” que sigue con las “batallitas del abuelo” (textual). Si estos dos botones de muestra revelan un talante poco sensible, no les digo del en que Rajoy unió las puntas de los dedos pulgar e índice de su mano derecha en forma de cero para señalar la cantidad de euros destinados a cumplir la ley de la Memoria histórica, como si de un éxito del Gobierno se tratara. No parecen haber entendido que si la Transición puso el acento en la necesidad de lograr la reconciliación nacional, ésta no quiere decir olvido para no caer en las mismas. Ni actitudes como las que reflejan estas anécdotas.

Por suerte para todos, PP incluido, hay quienes en las filas de la gaviota no comparten semejante mentalidad. Empezando por Nuñez Feijóo, presidente de Galicia y uno de los posibles sucesores de Rajoy, que está dispuesto a aceptar migrantes; como lo está el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, mientras Ana Pastor, presidenta del Congreso de los Diputados, se pronunció también a favor de de un “comportamiento humanitario”.

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Y dos huevos moles

José A. Alemán en el Foro de Periodismo de Gran Canaria

Me di cuenta de que era viejo por primera vez al sorprenderme añadiendo a los dígitos que arrastro, muy al estilo Rajoy, lo de “dicho de otra manera: ya he cumplido unos cuantos años” . O sea: una edad en que es inevitable el reblandecimiento que aprovecharon Carlos Sosa y Alexis González para traerme aquí, so pretexto de que 18 años contra corriente en este gremio tienen tela. 

Yo estaba ocupado con un postre de huevos moles  cuando ellos me pusieron en el aprieto. Y debieron darse cuenta entonces de mis reiteraciones viejunas, porque añadieron enseguida la opción de no hablarle a ustedes, recoger el recordatorio y volver a mi asiento.  No sabían que cojo güiros y no se percataron de que calé su compartida esperanza de que escogiera la segunda opción y no les arruinara el acto, de modo que elegí la primera, para fastidiar.

Pero como no soy rencoroso, por comodidad y no por espíritu cristiano, agradezco, a los dos, la ocasión de contarles que la primera lección de Periodismo la recibí en el Colegio, en 3º o 4º de Bachillerato, de cierto entrenador de fútbol que redujo este deporte a cuatro movimientos en la cancha: “vista larga, paso corto, mala intención y brincos al portero”.  

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Cinco islas en busca de pleito

Parlamento de Canarias

Cada año, ya  cerca del verano, dedico unos días a deshacerme de papeles y recortes de Prensa acumulados durante el curso que acaba para acoger a los que han de venir en el siguiente. Y en eso andaba cuando surgió del montón Casimiro Curbelo, el indómito gomero que no para de rasgarse las vestiduras, indignado ante el aherrojamiento de las islas no capitalinas por el centralismo de las dos capitalinas. En una nota grapada al recorte correspondiente me sugería yo a mí mismo, pasando de la transitividad del verbo, indagar si disponía Curbelo de fondo de armario suficiente para cambiarse las camisas desgarradas en el furor de la contienda; y ya puesto, averiguar si es consciente de que con la matraquilla de la infelicidad de las islas disminuidas pasa por alto que por primera vez, tras doscientos y pico años desde la institucionalización del pleito insular en las Cortes de Cádiz, las dos capitales canarias lograron ponerse de acuerdo en algo; aunque sea a costa, eso sí, de escachar a las cinco “adyacentes” arrebatándoles la triple paridad: alguien tiene que pagar el pato.

Como comer y rascar todo es empezar, seguí revolviendo la montonera de la que surgió el manifiesto intitulado  Islas , al que no tengo el gusto de conocer más allá del suelto con la noticia de su existencia. Firman la papela varios ex presidentes de los Cabildos de las islas postergadas en apoyo de la tesis-guía de Curbelo, a saber: la pugna entre Tenerife y Gran Canaria por el poder político y económico ha derivado en un centralismo   “ciego y asfixiante”  que lleva a los firmantes a considerar la reforma electoral   “absolutamente innecesaria” , que es lo que querían demostrar. Esa reforma electoral, repito, lleva aparejada la desaparición de la triple paridad.

Vaya por delante la razón que asiste al líder gomero, que hace bien en contar con mudas suficientes no vayan a cogerlo desabrigado los airotes. Es justo, pues, que trate de ampliar el ámbito espacial del pleito para que quepan y participen en él las cinco islas no capitalinas. Ya está bien de abusos como éste de que las dos capitalinas se apoderaran del pleito cuando las Cortes de Cádiz y sigan hoy sin soltarlo. Se han reservado, pues, la exclusiva de tirarse los trastos a la cabeza devenido en auténtica seña de identidad. Y si creen que exagero, recuerden que Coalición Canaria (CC) declaró la competencia entre islas quinta esencia de la personalidad política canaria. Lo hicieron en el Congreso nacionalero celebrado poco antes de montarse en el machito.

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Esa persona por la que preguntan

Mariano Rajoy

C omo debo escribir esta colaboración antes de que se haya votado la censura a esa persona por la que ustedes preguntan, iré en sentido contrario al del Gran Wyoming: si él inicia   El Intermedio , en La Sexta, dando por descontado que los telespectadores ya conocen las noticias y que a él toca contarles la verdad, yo adelantaré la verdad que recuerdo a la noticia. Dicho sea desde la indignación que provoca esa misma persona que, como fin de fiesta, se resiste a coger puerta.

Llevo meses recordando en estos artículos la trayectoria de esa persona desde 2004, el año en que Zapatero lo derrotó en las urnas. Desde entonces, se convirtió en el inspirador o consentidor, táchese lo que no proceda, de la feroz y canallesca campaña pepera contra el presidente electo que trataron de pasar por ejercicio de oposición política. Lo acusaron de cómplice y aliado de ETA para llegar a La Moncloa y de tener también acuerdos con los catalanes para romper la unidad de España. Llegaron a afirmar que a Zapatero lo movía el afán de vengar a su abuelo militar, fusilado por los franquistas durante la guerra civil. Como recordarán, en plena jornada de reflexión de aquellas elecciones de 2004 saltaron por los aires los trenes de Atocha que el PP, su gente y armada mediática atribuyeron a los etarras aliados de los socialistas negándose a aceptar durante el resto de la primera legislatura de Zapatero la evidente autoría yihadista que se vengaba, así, de la participación de España en la agresión a Irak. Todo para salvarle el palmito a Aznar que arrancó del Congreso de los Diputados la autorización para intervenir. Una vez ganada la votación, los diputados del PP puestos en pie aplaudieron con entusiasmo el “éxito” que permitiría a su líder, Aznar o sea, poner los pies en la mesa de centro del rancho, creo que tejano, de su amigo Bush. Aznar se pasó por el arco del triunfo el sentir de la opinión pública. Franco no lo hubiera hecho mejor.

Es posible que la campaña se urdiera en los sótanos de esta derecha. Incluso diría que el PP pudo limitarse a “dejarse querer” y a valorar en cuanta medida le favorecía la armada mediática de la que han trascendido casos de financiación por el partido para evitar cierres o facilitar aperturas de medios adictos. En definitiva, pudo evitar no pocos excesos pero los dejó porque le venían bien. La tónica siguió igual en la segunda legislatura de Zapatero, que terminó con las elecciones anticipadas de 2011, a las que no concurrió Zapatero y que hicieron presidente a esa persona que saben ustedes. Durante este segundo periodo socialista, que no llegó a completarse, la campaña del PP continuó con la misma virulencia. Además de las imputaciones acumuladas, aprovecharon que no era la economía el fuerte de Zapatero para hacerlo responsable o poco menos de la crisis internacional en términos que apuntaban al líder socialista como el hombre más poderoso del planeta al frente de una economía, la española, capaz de arrastrar al desastre al resto de las naciones. La campaña, pues, prosiguió con el PP machacando a Zapatero, oponiéndose de la peor de las maneras a cualquier iniciativa suya, lo que no deja de ser grave deslealtad con el país pues sólo buscaba impedirle gobernar. Como se vio cuando, tras las elecciones 2011, esa persona que les dije se sentó en La Moncloa y comenzó a aplicar las mismas medidas que criticó a su antecesor, agravadas en perjuicio de los ciudadanos rasos y siguiendo asimismo fielmente las órdenes de Merkel. El monotema de la escasa competencia económica de su entonces rival socialista lo tiene esa persona tan asumido que la aludió, al menos dos veces en el debate de la censura del jueves pasado.

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