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El ‘criterio’ de Clavijo es particular

Fernando Clavijo, en un Consejo de Gobierno

Luis Ibarra sale de la Autoridad Portuaria de La Luz tras siete años de una gestión que deja muy alto el listón, como ha reconocido Juan J. Cardona, su sucesor. Entre los aciertos de Ibarra, que han sido muchos, destaco para dar una idea la drástica reducción de la deuda del ente a razón de 36.000 euros diarios, lo que permite al Puerto abordar con mayores garantías los proyectos de futuro que, imagino, impulsarán a la ciudad de Las Palmas y a Gran Canaria.

El relevo no ha tenido otra disonancia, por llamarla de algún modo sin decir palabrotas, que el pueblerinismo político de Fernando Clavijo; al que pasaría por alto si no fuera por su reconocimiento de que cesó a Ibarra siguiendo un  “criterio político”, de  “oportunidad política”. Lo dijo en respuesta a Román Rodríguez (NC) que le reprochó proceder al cese y nombramiento de Ibarra y Cardona en función de sus conchabos con el PP y no de los  “intereses generales”. Y ocurrió que en esa su “aclaración”, el presidente se llenó de balón y preguntó, retóricamente, quién decide qué es el interés general para añadir, didácticamente eso sí, que  “las reglas del juego son las que son”. O sea: ignora a quien toca definir el interés general, pero no duda de que prevalecen las  “reglas del juego” de la partitocracia, es decir, las impuestas por los partidos para repartirse el botín obtenido en las batallas electorales. De lo que deduzco que para Clavijo son los partidos quienes definen los intereses generales identificando como tales los suyos y su partido, que para eso hicieron las reglas del juego.

Contenedores en el Puerto de la Luz.

Contenedores en el Puerto de la Luz. Archivo

Y digo  “botín” no por molestar, que también, sino para recordar de nuevo a Alejandro Nieto, catedrático de Derecho Administrativo que fue en La Laguna. Creo haber dicho en otro lugar que para Nieto España es una cleptocracia corrupta en la que el Poder es eso, un botín del que los partidos disponen a su antojo, esto es, de acuerdo con las reglas de juego impuestas por ellos mismos y que tan bien le parecen al presidente canario. Con lo que se confirma que, en efecto, el criterio de Clavijo es particular.

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El brujo debe saber de hierbas

Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España

R ajoy tiene un problemita. No es casual que haya reunido en su Gobierno no digo que lo peor de cada casa porque igual son los mejores de que dispone. El hechicero debe saber de hierbas o contar con alguien que las entienda y no parece tener a mano, el presidente, una meiga o un meigo (que haberlos, háylos también).

No insistiré en la torpe política catalana de Rajoy porque igual no son hervores los que le faltan sino que le mueve el designio de desempolvar un autoritarismo disfrazado de falsa constitucionalidad sin la menor consideración ni respeto a la sensibilidad ajena; como cuando se jactó en la tele de haber destinado   “cero euros”  al cumplimiento de la ley de la Memoria Histórica al tiempo que doblaba ante las cámaras los dedos índice y pulgar y los unía por las puntas formando eso, un cero. Estuvo muy a juego con Rafael Hernando, portavoz parlamentario del PP, para quien las familias quieren recuperar los restos de sus familiares asesinados por los franquistas para obtener algún dinerillo. De milagro no les reprochó que no los reclamaran bajo la dictadura. Y todo eso en boca de los mismos que han fijado desgravaciones fiscales a quienes apoyen a la Fundación Francisco Franco de enaltecimiento a su figura; como si fuera una ONG. Son hechos que no dan qué pensar, no hace falta: es la derechona.

Cientos de esteladas ondean en las calles de Catalunya.

Cientos de esteladas ondean en las calles de Catalunya. Efe

Por otra parte, la trayectoria política de Rajoy es la de un ser que no puede ser, como diría Pancho Guerra. No insistiré, por cansancio, en el recordatorio de la oleada de corrupción de su presidencia que dejó tamañita a la del PSOE; por cuantías, comunidades afectadas, número de altos y altísimos cargos en modo presuntos desvalijadores. Que la Justicia detectara la existencia de una caja B indica que, en principio, no está de acuerdo con la tesis del PP de que son los individuos quienes se corrompen, no las organizaciones, qué va. Una opinión que le escuché, si no recuerdo mal, a Fernando Martínez Maillo, responsable de organización del PP.

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¿El prestigio del PP?

Militantes de PP ondean banderas del partido. (EFE).

Es curioso que casi todos los medios hayan tratado el último episodio de la serie Cifuentes sólo desde la perspectiva del daño al prestigio del PP porque no comprendo que después de los años que llevamos a escándalo cuasi diario nos salgan con eso de no sé qué prestigio. Llevo meses con la impresión de que tratan, por todos los medios (nunca mejor dicho) de que coloquemos todo eso en un segundo plano, como algo poco significativo, de esas cosas que ocurren.

También se insiste poco, más allá de la crítica puntual, en la política de Rajoy y del PP en Cataluña que ha derivado en el feo conflicto que ya afecta a la misma UE que, la verdad, no está para demasiados trotes. Si se fijan, que a eso voy, toda la responsabilidad se ha cargado en los independentistas, que la tienen claro está, con olvido de la trayectoria de Rajoy y del PP desde 2004 a esta parte lo que ya es motivo de desprestigio más que suficiente que el caso Cifuentes aumenta pero no sorprende.

Quiero decir que lo de Cifuentes nada añade al desprestigio del PP. Lo que no significa negar su gravedad para el prestigio y credibilidad de la Universidad española en el exterior, en perjuicio de nuestros jóvenes que pueden tropezar con dificultades para encontrar trabajo fuera. Dudo, qué quieren, que nada tenga que ver este escándalo Cifuentes con que la Universidad Rey Juan Carlos esté en la órbita del PP. Y no es la universitaria la única institución afectada por esa política porque tampoco parece que a la Justicia le vaya demasiado bien por el empeño pepero de “delegarle” su función de hacer política. Sin ignorar la tendencia de no pocos jueces y fiscales a mantener las mejores relaciones con el Poder Ejecutivo que en un país como éste rinde buenos beneficios. Como ya en otras ocasiones me he referido a estos asuntos, sólo insistiré en algo elemental que no lo parece: al Gobierno central corresponde hacer y dirigir la política y cuando eso no es así, el despropósito está servido.

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De la fijación catalana al desgobierno

Congreso de los Diputados vacío

En 2008 Ariel puso en las librerías   El desgobierno de lo público, de Alejandro Nieto, que fuera catedrático de Derecho Administrativo en La Laguna donde mantuvo, entre finales de los 60 y principios de los 70 del siglo pasado, un Seminario de Derecho Administrativo Especial Canario que marcó un hito en el conocimiento de las especialidades isleñas. Nieto ocupó luego cátedras de su especialidad en universidades de Madrid y Barcelona, presidió el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y fue en 1997 Premio Nacional de Ensayo. En la obra mencionada, el profesor Nieto utiliza el concepto de   “desgobierno”  como equivalente de la corrupción a la que considera tan descomunal que ha hecho del Estado español el botín alternativo de los partidos políticos.

En el desgobierno, indica, los intereses privados de los gobernantes y sus mandantes se anteponen a los públicos y generales a los que se procura la estricta satisfacción para asegurar el sosiego de la población que se refuerza mediante la invención o el fomento de problemas marginales (religiosos, étnicos, nacionalistas, políticos, sexistas, deportivos) que la entretengan. Al propio tiempo, la clase dominante procura captar como cómplices suyos a gente de las filas de los dominados al tiempo que hace víctima de una dominación despiadada a la masa creciente de marginados integrantes de un ejército laboral de reserva en el que surgen grupos que   “practican comportamientos depredadores de baja intensidad que la sociedad opulenta puede permitirse sin graves quebrantos”. Para Nieto, en fin,   “lo que vaya a pasar -y cuándo- con esta bomba de relojería es impredecible y lo único seguro es que el desgobierno de lo público es el mejor abrigo del descontento social y de una eventual revolución”.

Agrega el profesor que España no es una democracia sino una cleptocracia, una sociedad profundamente corrupta pues ni las sospechas de corrupción ni las condenas afectan a la credibilidad de los políticos, que son presentados y reelegidos como si nada hubiera pasado. Y a una sociedad corrupta le corresponde un Gobierno también corrupto y una oposición a la que se le va la fuerza por la boca. Anota, asimismo, que la superprotección del sistema y la autocomplacencia impide a los políticos ver el problema y ocuparse de él por lo que siguen tan a gusto en   “una autonomía irresponsable, es decir, carente de control, ya que el único que existe, el judicial, es totalmente inoperante”.

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De cuando destruyeron el entorno del Guiniguada

Agua corriendo bajo el Puente Verdugo, Barranco del Guiniguada, 1940.

Fragmento de un texto del autor

En octubre de 1991, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria imprimió como libro un texto mío, con excelentes fotografías de Andrés Solana, que murió “édito” pero inédito al decidir la corporación no distribuirlo. Se quería, por lo visto, un canto a las excelencias de la ciudad y lo consideraron “demasiado crítico”, según supe años después pues nadie me dio en su momento explicación alguna ni la oportunidad de explicar que lo mío no era la promoción publicitaria ni el fuerte de los munícipes de entonces la cortesía. Quizá para ahorrarse el pago de honorarios que no reclamé para no perder el tiempo.

Arrancaba el dicho “édito”-inédito del pleno municipal que decidió la bárbara destrucción del eje fundacional de la ciudad de Las Palmas condenado en los años 60-70 por un alcalde al que no podía rechistársele. Parece oportuno recordar aquel pleno ahora que se habla de hacer algo para devolverle a la ciudad algo de lo que entonces le quitaron. Ahí va.

Recuerdo la sesión municipal que decidió sepultar el barranco Guiniguada, entrañable aprendiz de río, derruir los puentes de Piedra y Palo que lo cruzaban y liquidar, en suma, el singular entorno urbano del eje primigenio fundacional de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria para construir el acceso al centro de la isla.

Fue a finales de los 60 o principios de los 70. Los plenos se celebraban entonces a última hora de la tarde y las imágenes las envuelve en mis recuerdos una raquítica luz de débiles bombillos que esparcían a la penumbra por los rincones del salón de plenos. Aunque, a lo mejor, el salón estaba bien iluminado y lo ensombrece en mi memoria el silencio entristecido de los concejales que consideraban el proyecto contra la ciudad y su historia pero no se atrevían a contrariar al alcalde de entonces, José Ramírez Bethencourt, hombre de grandes cualidades entre las que no figuraba el sentido de futuro. Las críticas de la Prensa aunque sin grandes aspavientos habían tropezado ya con las presiones a los periódicos a los que se “persuadió” de que no debían secundar la campaña de los comunistas y sus “compañeros de viaje” por más que la oposición antifranquista no quería saber nada de un asunto de “pequeños burgueses” que no afectaba, decía, a los superiores intereses de la clase trabajadora.

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¿De Madrid al cielo? Según

Los ministros cantan en Semana Santa “El novio de la muerte” con los legionarios. (EFE).

Pancho Guerra diría que Rajoy es un ser que no puede ser. Pero lo es. Pensábamos, recuerden, que ganaría por goleada las elecciones de 2004 y Zapatero lo dejó en la calle y sin llavín. La rasquera le dio combustible para las casi dos legislaturas de presidencia socialista que siguieron antes de que lograra ganar en 2011. Desde entonces ha llevado al Gobierno a tantas mediocridades que no hay por donde cogerlo. Los ministros cantando en Semana Santa “El novio de la muerte” con los legionarios conduciendo al Cristo crucificado dan la medida de semejante caterva, aún en el caso de que fuera un montaje satírico de La Sexta. Les pega, quiero decir. Encima, la oposición no está en la onda de los cambios estructurales propuestos por los expertos; los que poco o nada insisten, conscientes de que esos cambios no convienen a los intereses que el Gobierno defiende. Así, ya se sabe que el proyecto de Presupuestos 2018 carece de referencias a líneas económicas y abunda en “guiños electoralistas”. Mientras la oposición discute quien la tiene más grande, el centro-derecha ocupa el espacio político en lo que prepara el enlucido de fachada con el cambio generacional. Y llama la atención que se diga de Albert Rivera que no se sabe si está con el Gobierno o es oposición. Pura retórica porque la ambigüedad deja de serlo a poco advirtamos que nada ha propuesto o dicho que afecte a la estructura de poder a la que se aferra Rajoy.

La carajera catalana ha hecho que no se sepa ya si es que Rajoy no las ve venir o si lo suyo es la falta de escrúpulos que ya luciera en la infame campaña contra Zapatero, la que inició en 2004 y con la que continúan todavía hoy algunos peperos que lo culpan de la crisis económica. Como si el ex presidente socialista fuera poderosísimo líder mundial capaz de arrastrar al planeta a un desastre a poco se levante de mala tiempla. Las cosas llegaron a tal absurdo que medios adictos al PP llegaron a acusar a Zapatero de haber pactado con ETA el criminal atentado de Atocha para llegar a La Moncloa sin más afán que vengar desde allí a su abuelo, fusilado por los franquistas en la guerra civil. La venganza sería la reforma de los Estatutos de Autonomía concebida para romper España. No creí entonces, como no lo creo ahora, que el PP tuviera que ver con semejantes dislates atribuibles, eso sí, a seguidores pasados de rosca y a los que desde luego no corrigió ya que por aquellos días el ínclito José Manuel Soria llegó a asegurar que Zapatero planeaba quitarle dinero a los pensionistas para dárselo a los catalanes.

De todos modos, fue Rajoy quien dio pie. Porque a él se debe la perversa interpretación de la promesa de Zapatero de aceptar la reforma del Estatut que saliera del Parlament. Quiso expresar que no obstaculizaría políticamente el proceso, no que por decreto fuera a exonerar al texto catalán de cumplir los requisitos legales exigidos en una democracia constitucional. Aquí jugó el PP con la ignorancia de mucha gente que no acababa de distinguir entre la voluntad que Franco imponía sobre todas las cosas y el funcionamiento democrático.

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El insularismo, según Clavijo

Fernando Clavijo en el Debate del Estado de la Nacionalidad Canaria 2018

La condena del insularismo por Fernando Clavijo en el último debate parlamentario sobre el estado de la nacionalidad provocó risas. Especial gracia tuvo que no revelara el presidente en qué isla descubrió anidada la bicha ya que, por supuesto, descartó a la de su residencia, la que incubó a ATI-CC y endilgó el baldón a Gran Canaria sin agradecerle que fuera la que más le rió el chiste. Porque tiene tela que señale precisamente a la Isla que nunca ha avalado en las urnas a las candidaturas insularistas en cuantas ocasiones electorales intentaron coger cacho con sus miserables planteamientos. No es que los grancanarios sean mejores, peores o medio pensionistas: sencillamente no les mola el insularismo del que los acusan apenas abren la boca, quizá esperando una respuesta en la misma clave insularista que legitime las mezquindades de un Gobierno lamentable. Muy significativo es que los áticos y su Gobierno estén siempre con la escopeta preparada sin que nunca figure entre su munición datos, cifras, razones, etcétera que contrarresten las informaciones que circulan: se limiten a negarlo todo, a descalificar a los críticos silenciándolos allí donde puede y a exigir que se acepte su palabra como de Dios.

También es de mucha risa que adornaran su Gobierno con un vicepresidente grancanario que por ahí anda; que sigan con sus favores a empresarios a los que suponen con capacidad para impedir que los llamados canariones se subleven, además de tirarle los tejos a José Miguel Bravo quien, al decir de las bífidas lenguas, se deja querer y ya le han perdonado sus denuncias del desequilibrio y que fuera quien encargó los informes para ponerlo en evidencia. Intentonas tan divertidas como la explicación que han encontrado algunos áticos, algunos amigos míos, a que el insularismo no cuaje en Gran Canaria: por lo visto, Gran Canaria no necesita un insularismo específico porque todas sus fuerzas políticas son eso, insularistas perdidas. Uno de esos amigos, lagunero y cachondo por más señas, disculpa a sus paisanos porque, dice, a todos nos educaron en el santo amor al Teide y el odio al canarión, revelación que se le permite porque va seguida con el acto de contricción de pagar la siguiente ronda.

Viene esto a cuento no del chusco debate de referencia que de nada sirve. Cosa que saben sus señorías pues el propio Gobierno pasa de él, empezando por el propio presidente, y deja que se aprueben propuestas y más propuestas en su ausencia sabedor de que nadie se ocupará de ejecutarlas ni de hacer el conteo de cumplimientos; como ocurrió con las del anterior debate y así sucesivamente, pero hacia atrás. Setecientas y un pico holgado fueron las propuestas de este año con lo que ya me contarán.

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El 155, ensayo de recentralización

El Senado autoriza al Gobierno la aplicación del artículo 155 en Catalunya

Andoni Ortuzar, presidente del Partido Nacionalista Vasco (PNV), dijo a Haridian Mederos, en  La Provincia , que los suyos apoyarán los Presupuestos del Estado a condición de que el Gobierno suspenda la aplicación del artículo 155 en Cataluña. Y como Euskadi recibirá dineros gruesos a cambio del favor, igual chocan la coherencia política y la tentación de coger el dinero y a correr. Merecen, pues, atención las respuestas del dirigente euskaldún a las bien dirigidas preguntas de Mederos. Porque a la vista de ese posible conflicto conviene poner las barbas en remojo porque lo de Cataluña no es excepcional sino consecuencia de la visión dislocada del país que aún caracolea en las entrañas del PP. El cantante Serrat se ha referido a la feria de disparates que oye a diario, en alusión a la ausencia de racionalidad, pero yo me temo que haberla, háyla, sólo que es una racionalidad distinta, la que en poco considera al común.

Hay en el escaparate de la feria montada en Cataluña algo muy parecido a la voluntad de no entenderse con una sobrecarga emotiva y un problema idiomático falso, artificial si se prefiere, utilizado para remover el río y ganen pescadores tramposos. Los que dispongan de caña, claro. Y me pregunto si en esto del maltrato a la lengua española y la rebaja del catalán significa algo que mi nieta catalana, de 6 años, pase de uno a otro idioma según se las vea con el avi de allá o el abuelo de acá; y que su hermano pequeño ya balbucee en bilingüe sus retahílas. También me pregunto si son tan cortitos de sesera los catalanes para rechazar un idioma que hablan millones de clientes potenciales en el mundo que además representa una cultura tan relevante como la española.

Mariano Rajoy interviene en el debate de la moción de censura para responder a Irene Montero

Mariano Rajoy en el Congreso Marta Jara

Sin embargo, me parece menos subjetivo que mis apreciaciones personales el análisis del escritor Miguel Barrero, en  El País , al señalar que de las seis autonomías con lenguas cooficiales sólo en dos -Cataluña y Euskadi- ha gobernado de manera clara un nacionalismo más o menos soberanista según la ocasión y mientras en las otras cuatro -Galicia, Navarra, Comunidad Valenciana y Baleares- el PP ha tenido la batuta más tiempo. A su observación añade Barrero el gran predicamento de que gozaban en Cataluña y Euskadi sus lenguas mucho antes de que fuera declaradas cooficiales; a pesar, añadiría yo, de la feroz represión que sufrieron bajo el franquismo: “ Poco hay que escarbar para concluir , remata Barrero,   que es la economía no la sociolingüística, la que hace girar los goznes de sus reivindicaciones “. Diría que por las dos bandas porque si el nacionalismo tiende al exclusivismo para sus nacionales, los grandes intereses en las cercanías influyentes del Gobierno central determinan medidas puntuales y líneas políticas, como la reducción o eliminación de las autonomías por poner un ejemplo, al servicio de círculos de intereses poderosos nada redistributivos y con un Gobierno cicatero a su medida dispuesto a ponerles en bandeja una buena recentralización.

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Mujeres y pensionistas en rebeldía

Manifestación feminista del 8M a la izquierda y manifestación por las pensiones a la derecha

Tancredo López fue un novillero valenciano sin fortuna que cierta tarde, de finales del XIX, puso en el centro del coso taurino de su ciudad, frente al toril, un pequeño pedestal, al que se subió vestido y pintado de blanco, dispuesto a presentar al respetable la suerte taurina de su invención, la que dio lugar al “dontancredismo” llamado. Consistía la ocurrencia en mantenerse sobre la peana muy quietecito al salir al bicho, verlo detenerse a echar un vistazo en derredor y descubrir la silueta inmóvil del primer don Tancredo de la historia.

No sabemos qué pasaría por la cabeza de nuestro héroe mientras el animal afilaba las pezuñas delanteras rastrillando la arena del coso. Quizá le sobrecogieran los poderosos resoplidos del cornúpeta al tensar el cuerpo, músculo a músculo en modo ballesta, para salir disparado a por él, rabioso, como si fuera quien le levantó su vaca favorita. Mientras, López parecía rezar aunque en realidad musitaba, una vez y otra, la gran verdad de que más   cornás  da el hambre para sofocar el impulso de echarse a correr. Había calculado en frío que el toro aflojaría la carrera al acercársele sin percibir señal suya alguna de ser o padecer; ni de respirar siquiera. Entonces, esperaba, se detendría para acercársele cautamente tras un instante de vacilación y olisquearlo con ese modo de hacerlo de las reses desconfiadas que le permitiría tomarse su tiempo y decidir a qué carta quedarse antes de dar media vuelta e irse hundido en la duda existencial de quién soy y qué hago aquí.

Ocurrió todo, pues, como le aseguraron los defensores de la superior inteligencia de los astados: dieron por hecho que, confundido ante la impavidez de López, pensaría que era una estatua de duro mármol y no iba él a descuernarse para satisfacer el gusto por la sangre del tendido. Y como fue bien, pasó López por alto que le echaran un morlaco de los granditos y mirar atravesado en lugar de la vaquilla candorosa que dijeron.

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Pararon el mundo

Manifestación del 8-M en Las Palmas de Gran Canaria

María José López Santana, senadora de Nueva Canarias, tuvo una buena dosis de protagonismo en la Cámara hace unos días. Las ministras Montserrat, de Sanidad y Tejerina, de Agricultura rechazaron despreciativamente la huelga del jueves con el anuncio de que ellas la harían a la japonesa, o sea, que trabajarían ese día más que nunca. La senadora canaria, muy oportuna, se levantó entonces en su escaño para indicar, más o menos, si pretendían que las   kellys  hicieran en los hoteles ese día el doble de habitaciones. No recuerdo exactamente sus palabras, pero sí el sentido con que las pronunció de forma tan rotunda que no le quedó a Rajoy sino expresar su acuerdo con María José López y descalificar a sus ministras. Lo que da idea de los apuros del presidente y su Gobierno añadidos a la movilización de los pensionistas ante la tomadura de pelo de otra ministra, la de Empleo Fátima Báñez, que cursó a los pensionistas el aviso de la subida de las pensiones un 0,25, seguramente menos de lo que costó el franqueo de cada sobre.

No sé cual fue la reacción de la ministra Montserrat porque es muy difícil retener los rollos interminables que se mete, repletos de repeticiones y reiteraciones de su catalaneidad y “estupendez”, con perdón, a poco le pregunten si está lloviendo. Pero Tejerina, además de estar de acuerdo con que el presidente la desautorizara, cambió de discurso para pasar al bando de las conformes con la movilización.

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