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Miscelánea del aburrimiento político  

Pablo Iglesias, durante su comparecencia en la comisión de investigación sobre la financiación de los partidos políticos en el Senado.

No me gustaron en su día las alusiones despectivas de Pablo Iglesias al que llamó “Régimen de 1978”. No fue de sus invenciones más afortunadas semejante ofensa a quienes lucharon y padecieron bajo el franquismo y a los que perdieron la vida en el intento de allanar el camino a esa Constitución que, con todas sus deficiencias e impotencias, ha servido de mucho desde aquella fecha a hoy, cuando a la vista está la necesidad de una reforma que las elimine y aborde cuanto en 1978 quedó en el tintero por entender que no podía tirarse de la cuerda sin romperla. El grupo de constituyentes redactores lo integraron siete diputados: tres centristas representantes de las distintas corrientes del partido creado por Adolfo Suárez para sacar  adelante la cosa; junto a ellos, un representante de los sectores del Movimiento que habían evolucionado desde el franquismo a la aceptación de la democracia, y por último un dirigente del PSUC, el partido de los comunistas catalanes y otro del PSOE. Los siete fueron capaces de llegar a acuerdos suficientes que alejaran la posibilidad de enfrentamientos y hasta de una nueva guerra que muchos consideraban poco menos que inevitable.

La comisión constituyente, como digo, llegó a acuerdos suficientes para tener la fiesta en paz aunque quedaran en el aire muchas cosas y otras tantas que ni siquiera se abordaron. Y como ha señalado López Burniol, España tenía a principios del siglo XX cuatro problemas de los que pueden considerarse superados tres: el Ejército, la Iglesia y la cuestión agraria, por lo que queda aún pendiente sólo el cuarto, el de la estructura territorial del Estado. Respecto a éste, el mismo autor considera que el problema catalán es, en realidad, el problema español porque, indica, “cada vez que España se libera de la ortopedia dictatorial que compensa la debilidad congénita del Estado, el problema fundamental al redactar la correspondiente Constitución es el de la estructura  territorial del Estado”. Ocurrió, indica, con Primo de Rivera,  en los primeros momentos de la II República y al inicio de la Transición. Eso en el siglo XX, porque en el XIX tuvimos la fracasada Constitución federal contra la que desempeñó un papel relevante León y Castillo, que la hundió en el Parlamento con un brillante discurso.

El actual conflicto catalán no hace sino confirmar esta visión del devenir político español. Bueno, el catalán y otros más o menos en potencia, aunque sea el catalán el que está ahora mismo en efervescencia debido a que la derecha española es torpe y  malintencionada, pues la política que preconiza con Cataluña lleva al enconamiento de posiciones. La torpeza de Rajoy, la de buscar réditos electorales en el resto del país tratando a Cataluña de forma nada amigable, ha acabado, al cabo de los años (desde 2004 a esta parte) agravando una situación que no parece tener ya vuelta atrás. Sobre todo cuando Pablo Casado, ahora máximo dirigente del PP y Albert Rivera, de Ciudadanos, exigen a Pedro Sánchez mayor rigor con Cataluña y poco menos que desembarque en allí a sangre y fuego y endurezca la aplicación del artículo 155, como si la cuestión del acomodo-desacomodo de Cataluña en España fuera asimilable al caso de una hinchada futbolera salida de madre. Los intentos de Pedro Sánchez, lo de reducir la hinchazón del encono tratando de abrir un espacio de entendimiento y diálogo, lo han querido presentar al electorado del resto de España como claudicación, una clara rendición ante el secesionismo catalán, con el que Sánchez ha llegado a acuerdos, aseguran, dejando al Estado a merced de Quim Torra y sus no más presentables compañeros de viaje. Trata la derecha, tan patriótica ella, de impedir que Sánchez encuentre una vía que ponga en piedras de ocho la solución del conflicto. Tiemblan ante la posibilidad de que les fastidien el discurso. Me resulta desolador el descarado recurso del PP y Cs a la mentira y contemplar la quiebra de la antes confortable convivencia catalana, producto de una cultura y una determinada forma de ser ciudadana a la que procura la derecha españolista violentar con especies de que son ellos, los catalanes, quienes gobiernan España y dan órdenes a Sánchez.  

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De esta agua no beberé…

Juan Marín, Susana Díaz, Juanma Moreno y Teresa Rodríguez, en un debate.

Siento curiosidad por ver cómo se reparten PP y Ciudadanos el botín andaluz, que diría Alejandro Nieto, sin que se note que para hacerse con toda o la mejor parte son capaces de matar un burro a pellizcones. También me gustaría saber hasta qué punto contribuyeron al descalabro socialista quienes dieron en denostar el ‘régimen de 1978’ en plan progre; se les acusa de beneficiar con su matraquilla a los herederos del franquismo y, en general, a la ultra derecha que ya se ve con posibilidades de gobernar y que cuenta, a lo que parece, con el asesoramiento y posible coordinación de Steve Bannon, que fuera jefe de la campaña de Donald Trump. El hombre, al parecer, tiene ya casi montada una especie de Internacional trumpista para acabar con las instituciones, los tratados, los acuerdos comerciales, el multilaterismo en general considerado contrario al American first. Lo de Andalucía sería un éxito suyo.

Antes de seguir conviene dejar claro que ante el desalojo de los socialistas en Andalucía, después de casi cuarenta años de una gestión política y administrativa poco satisfactoria, además de tocada por la corrupción, Susana Díaz, al envolverse diría que patéticamente en la bandera andaluza, dio imagen de impotencia, lo que agigantó, por así decir, la estatura de sus rivales. Que el grueso del debate no fuera alrededor de los problemas andaluces para perderse en conflictos nacionales, especialmente el catalán, también debió influir lo suyo como causa no sé si principal de la elevada abstención. Si lo bueno cansa, es lógico que canse antes lo que no es tan bueno y que a los andaluces, que no han palpado la mejora real de sus vidas les irrite ver al susanismo envuelto en la bandera andaluza. Tenía el PSOE merecida su derrota por preocupante que pueda ser lo que viene ahora.

En ese marco habría que hablar de los que han conformado el autodenominado bloque constitucionalista muy dentro de la tendencia de la derecha española a satanizar con ánimo excluyente a todo bicho viviente que no diga amén. Ahora, al ver a Moreno y a Marín requiriendo el apoyo de Vox para poner a Susana Díaz en la puerta de la calle y la entusiasta disposición de Abascal a prestarlo, no sé qué pensar. Porque si PP y Ciudadanos se declaran, fíjense ustedes, constitucionalistas, europeístas y lo que haga falta, los de Vox alardean de una xenofobia centrada en los musulmanes, a los que acusan de querer invadir España muy en las tesis de Aznar. Olvidan, claro, que los árabes estuvieron ocho siglos en la Península donde dejaron huellas muy profundas y un patrimonio cultural que va mucho más allá de los formidables monumentos que denotan una refinada civilización que ha contribuido lo suyo a que España sea hoy una potencia turística mundial de primer orden. No es preciso insistir por ese lado, pues cualquier ciudadano con conocimientos primarios sabe lo que hay. Lo que me permite poner como ilustre ejemplo de esta pervivencia histórica el lustroso negro del pelo aznariano en los mejores momentos del ex presidente; bigote incluido, claro.

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Refulgente Morales

El presidente de Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales, en el último pleno.

Se comparta o no la política de Antonio Morales, es evidente que buena parte de los feroces ataques contra él los debe a su actitud en materia energética y medioambiental, la que tanto sirvió a la causa de desenmascarar a José Manuel Soria ante no pocos isleños. Hoy se advierte más que ayer la escasa solidaridad social de quienes son capaces de matar un burro a pellizcones por un euro o el apoyo económico a su candidatura, en el caso de los políticos. Pero lo mismo que digo un cosa, digo también que han reforzado los efectos de esos ataques las reacciones de Morales determinadas por una irreprimible propensión a la cólera de alto voltaje y más propia de los viejos caciques rurales que del presidente del Cabildo de una isla del peso poblacional y económico de Gran Canaria. Morales, en definitiva, está ya donde querían ponerlo para que no estorbe quienes llevan por delante de los del conjunto social sus intereses privados con las correspondientes secuelas. Como se está viendo en el caso de la ampliación del puerto agaetense de Las Nieves en que el Gobierno regional ha ignorado el sentir de los directamente afectados y de la opinión pública grancanaria. Tiene tela que vuelvan a repetir para esa ampliación las mismas promesas y expectativas no materializadas de cuando se construyó. Pero éste no es el asunto de hoy.

No entraré en demasiados pormenores en lo que toca a la actual política cabildicia. No sirve de nada aunque, qué quieren, divierta que partidos que nunca han disparado un chícharo por el medio natural reprochen al gobierno insular de Morales el incumplimiento del compromiso de su consejero del ramo de plantar 1,5 millones de árboles y duplicar la masa forestal de la isla en quince años. Un reproche tan fuera de lugar como la respuesta presidencial, en el último pleno, a la pregunta del consejero Bravo de Laguna sobre el grado de cumplimiento del programa de gobierno: según Morales se han creado 40.000 empleos y buen número de nuevas empresas, al tiempo que aumentó la afluencia turística gracias a las mayores conexiones aéreas. No estuve, ya digo, en el pleno por lo que no sé si explicó el presidente qué rayos pinta el Cabildo en menesteres como el de establecer conexiones aéreas, por mentar uno. Como siga presumiendo de logros que no son de su negociado, acabaremos por cargarle hasta la mala racha de la UD.

Lamento además no haber asistido al pleno último por no poder aclararles aquí nada de la cuestión central, es decir, si la calva del presidente Morales reluce por su propio brillor natural o si es el sudor nervioso provocado por el acoso de la oposición la causa del efecto cuasi lumínico. O vayan ustedes a saber si fue la aureola de los mártires en las estampas religiosas lo que percibió en la cocorota presidencial Aurora del Rosario, consejera del PP, pues fue ella la que puso sobre la mesa la cuestión. Marcó Aurora, en efecto, la casilla que atribuía el fulgor al humedecimiento de la superficie craneana del presidente debido al nerviosismo de que le sacara los colores la mal intencionada oposición. Replicó Morales, hasta ahí podíamos llegar, que el suyo era brillo fetén, del bueno mientras que a la señora consejera le suda el bigote malamente desprovista de la virtud de la luminosidad. La ocurrencia de Morales le valió que lo tacharan de machista, misógino y qué sé yo. Aunque yo no diría tanto porque lo que de verdad tiene trascendencia es la torpeza de Morales, su falta de contención y tino para evitar las zancadillas. No se puede jugar al fútbol, pongo por ejemplo, sin tener claro que te darán patadas. Su manera de enfrentarse Morales a quienes le han buscado con éxito las cosquillas lleva camino de dejar en la cuneta una opción que pueda contrabalancear la dirección política de la isla y eso sí que sería grave en estos momentos: vivimos con algo más que la sensación de que el sistema que nos ha traído hasta aquí desde la segunda guerra mundial, con todos sus defectos, incongruencias e incluso injusticias  se está yendo a la porra y armarse políticamente, o sea, tener claro cuáles son los problemas reales, parece absolutamente necesario.

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Son como niños

Pablo Casado, líder del PP nacional.

“Hay que acabar con la corrupción socialista”. El otro día, como tantos otros a las ocho de la mañana, una hora menos en Canarias, la radio/despertador me metió a la SER en la cama. Consumía yo, en la forma acostumbrada, las dosis de estiramientos y bostezos de ordenanza y comenzaba a irritarme la voz chillona, grabada en un acto político pepero. Llegó un momento en que no pude aguantar la trémula indignación con la que proclamó que la corrupción a erradicar era la socialista, en lo que se mostraba comprensivo con las del PP cosa del pasado y de iniciativas individuales aisladas no “del PP” sino urdidas “contra el PP, si bien concedía la posibilidad de que fueran simples errores. Eso a pesar de la evidencia del saqueo sin precedentes del país con implicaciones de altos cargos peperos con actuaciones que responden a un “protocolo” establecido para llevárselo crudo. Los tribunales han señalado las responsabilidades del PP como organización que los peperos niegan como si los demás no tuviéramos ojos en la cara y ellos respetaran, como dicen, las resoluciones judiciales: menos ésta, de la que han llegado a negar su existencia.   

Vaya por delante que a nadie le parece mal que un partido de Gobierno, como el PP, llame a acabar con la corrupción venga de donde venga, sea del PSOE o de los Templarios; pero manda huevos que el PP, precisamente, se rasgue las vestiduras de esa forma, al  precio que están las telas. Además de desvergüenza, denotan los populares un absoluto desprecio del buen sentido del ciudadanaje al que pretende engañar. Es una muestra más de la desconsideración y el desprecio de esta derecha atrasada a la que conviene diferenciar de la otra derecha culta y democrática. Por un momento, llegué a pensar que Ciudadanos, el partido de Rivera, provenía de esos círculos que vieron venir el naufragio de Rajoy. Tremendo error pues se ha visto que Rivera y sus mujeres y hombres de confianza se empeñan en recrear el mito del enfrentamiento de las dos Españas con un enfrentamiento en condiciones como las que tan bien han servido al reaccionarismo español. Si no, fíjense en que la España de Rivera comienza por rechazar y no “ajuntarse” con autonomistas y nada les digo de separatistas. Y lo hace en unos términos que excluyen cualquier posibilidad no ya de entendimiento y comprensión. Por no extenderme demasiado recuerden, el supuesto escupitajo que le lanzara al ministro Borrrell el diputado Jordi Salvador, de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC).

Como se ha informado, el único que vio revolotear el pollo hasta el extremo de llegó admitirse la posibilidad de que el lapo no llegara a formarse en la distinguida garganta de dicho diputado que no pasó del mero regurgitar sin entrar, ni salir, en la intención final de Salvador pues no puedo poder descartar ni su mala intención ni que, enrealidad, tuviera el diputado catalán un acceso de carraspera al pasar ante Borrell y tratar de darle las buenas tardes. Recuerden que, por citar un caso conocido, a Lorenzo Olarte se le desrizaba el pelo cuando se cruzaba con él por los pasillos. Recuérdese que Borrel quiso aplicarle a Canarias el 155 por los días en que Olarte afirmaba que Madrid iba a enterarse de lo que vale un peine. Pero a lo que iba: el escupitajo que nadie vio le sirvió a Rivera para afirmar que Sánchez escupe a diario a todos los españoles. Mientras, su socio y sin embargo rival, el masterizado (que no pasterizado) Casado, acusa al presidente de no salir a defender a su ministro, comentario que completa Maíllo, introduciendo la sospecha de que el silencio se debe a que el socialista le debe la presidencia, justamente a Rufián, también diputado de ERC.  Son como niños.

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Del encanallamiento a la infamia, o al revés

Pedro Sánchez

Al parecer, el seguritas que planeó matar a Pedro Sánchez, ese “rojo de mierda”, no anda bien de la cabeza; ni del alma, añadiría, pues hay que odiar mucho para plantearse semejante magnicidio en un país atiborrado de símbolos y mitos; desde los religiosos a esa bandera y ese himno que tantas veces ha servido de pretexto para sacudirle el polvo a quienes no piensan igual, a los que lucen un color de piel diferente, o guarecen malamente su miseria en cualquier recoveco callejero donde pasan las noches envueltos en periódicos bajo cartones.  

Son odios degradantes y se te cae el alma a los pies al ver promoviendo fobias a políticos que se disputan el Poder, el “botín” como llama Alejandro Nieto, catedrático de Administrativo, a las golosas “adherencias” derivadas de las urnas. A Nieto lo recordamos en La Laguna de finales de los 60 y principios de los 70, al frente del seminario de su asignatura dirigiendo unos Estudios de Derecho Administrativo Especial Canario que hicieron época.

No tiene Nieto buena opinión de la democracia española en la que distingue dos mundos: el oficial, que presenta al Estado como una institución altruista y servicial que busca el bien los ciudadanos; y el mundo real en que el Estado se muestra como “un aparato de dominación patrimonializado por un grupo reducido de gobernantes”. Y recuerda nuestro autor los primeros pasos del sistema liberal constitucional español (1833-1839) y cómo, al estabilizarse  cristalizó en el caciquismo, que es una de las formas más vergonzosas de desgobierno. El caciquismo fue, en efecto, el hilo vertebrador de una democracia degenerada hasta los tuétanos por el maridaje de la corrupción política y de la económica”. Es lo que tenemos: un Estado débil a merced de las autonomías, de los sindicatos, de las asociaciones corporativas, del empresariado, de las grandes corporaciones internacionales, etcétera, por lo que ha de obrar con ponderación “para encajar con sumo cuidado todas las piezas”. Hay que cerrar acuerdos y hacer tantas concesiones que nada propio queda por lo que “gobernar se reduce a mantenerse en el Poder”. A esta alienación de los Gobiernos se corresponde la de los partidos, que han perdido sus señas de identidad originarias y sólo conservan un objetivo común: “ganar las elecciones y una vez en el Poder –con o sin aliados- mantenerse en él”.

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Jugar con fuego quema

Albert Rivera (izquierda) y Pablo Casado (derecha), en una imagen de archivo

Me pregunto cuándo dejará la derecha (PP-Cs, quiero decir) de considerarnos idiotas y de actuar como si el país fuera suyo. Una idea tan arraigada en su mentalidad que perder el Gobierno les pareció un despojo. Ilegal, por supuesto. Así, tras ganar los socialistas La Moncloa, volvió el PP a lucir su mal perder con la desvergüenza de tildar de okupa a Sánchez ciscándose en la Constitución y en el Congreso de los Diputados, pues si la primera estableció la moción de censura, al segundo, depositario de la soberanía nacional, corresponde aceptarla o rechazarla. Y nada digo de la coña de reprocharle a Sánchez su ambición; como si Casado y Rivera no buscaran también ser califas en lugar del Califa.

Pero hay cosas que deberían preocuparnos más. Como que esa derecha pepera no pare de atizar rescoldos de viejas cuestiones hasta convertirlos en brasas tan activas que con unos pocos soplidos más pueden convertirse en incendio sin control. Y en eso están Casado y Rivera que ya han dictado sentencia contra los dirigentes catalanes que llevan ya un año en prisión preventiva. Se han anticipado a los jueces dentro de su estrategia de encabronar a todo bicho viviente. La forma de exigir que suban a los presos catalanes a la picota y cuanto les indigna la opinión de los juristas que no ven el delito de rebelión resulta significativo: hay en la derecha algo muy parecido al odio aunque su verdadero objetivo sea Sánchez al que hacen cómplice de los separatistas por sugerir a la Abogacía del Estado, que está a las órdenes del Gobierno, que no impute a Junqueras y compañía el delito de rebelión. Además de exigirle que ni se le ocurra indultar a los reos, dando por descontado que Sánchez lo intentará al momento como pago a cuenta de su apoyo. Casado y Rivera son, en definitiva, las cabezas visibles de una derecha política cada vez más claramente decantada como heredera no de Franco sino de su significado en el devenir histórico de España bajo el peso asfixiante de la derecha social y económica. Una situación que no es nueva como tampoco lo es la salida violenta a que conduce. Es tremenda la mediocridad de la actual dirigencia del PP.

En ese contexto se entiende la desmesurada rabieta de la pareja con el usurpador. La reacción de Casado y Rivera ha sido tal que pone negro sobre blanco como móvil a la venganza, no a la Justicia, aunque no sean los catalanes sino Sánchez la principal pieza a cobrar. Si no, ahí tienen la provocativa convocatoria de Casado a los partidos “constitucionalistas” con motivo del 40º cumpleaños de la Constitución. Es tan significativa la exclusión explícita del PSOE como que se le deje fuera a iniciativa del PP, heredero directo de Alianza Popular a la que costó Dios y ayuda convencer para que aceptara la Constitución. Fueron necesarios tremendos apaños para que el franquismo y los franquistas gozaran de la vista gorda que permitió a personajes siniestros como Billyel Niño prosperar en democracia a despecho de las víctimas de sus torturas, que se sintieron insultadas; o a Villarejo tener en vilo mediante chantaje a la clase política.

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"…Y no nos dejes caer en la crispación"

El líder del PP, Pablo Casado, en la sesión del control al Gobierno

Para Pablo Casado gobierna España un golpista. Trata, el muy masterizado, de prolongar la tradición pepera que ya luciera el PP en todo su esplendor contra Zapatero. Pero si éste aguantó estoicamente los insultos y calumnias que estos sujetos presentan como oposición política, me da que con Sánchez pinchan en hueso; como barrunta Peridis,  que se apresuró a convocar al ángel de la guardia del presidente en su viñeta de El País: ¡No pierdas la calma, Pedro! Reza conmigo: y no nos dejes caer en la crispación mas líbranos de Aznar. Amén Jesús”, le dijo el ángel a su protegido, según Peridis..   

Conviene subrayar la desvergüenza de la imputación en boca del líder de un partido que no es referente de honestidad, que defiende los símbolos franquistas y pide que se respete la libertad de expresión de quienes enaltecen la figura de un dictador sangriento que, aparte de hacerse con el poder tras un golpe de Estado devenido en guerra civil, mandó fusilar a los que agarró practicándola. Que sus restos puedan acabar en la Catedral de la Almudena es significativo del país que nos ha tocado.  

Llamar “golpista” a Sánchez está en la línea de la infame “oposición”  tradicional del PP; no es un flatus verbi.  El recurso lo estrenaron con Felipe González y con él sorroballaron después a Zapatero; ahora Casado quiere hacer lo mismo con Sánchez. Sin descuidar el apoderamiento por su partido de la bandera y el himno nacionales con el mismo espíritu franquista de marcar la línea de separación de las tópicas “dos Españas”, la que diferenciaba entre “fusilantes y los a fusilar”, de donde quizá venga “afusilamiento” y “afusilado” que todavía hay quien lo dice.   

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Casado y su absentismo académico

Pablo Casado

En el PP y sus círculos adyacentes y subyacentes retribuidos claman contra los Presupuestos 2019 de Pedro Sánchez. Para Casado conducen a otra recesión sin disimular cierto regocijo pues su esperanza de medro reside en que caiga sobre nuestras cabezas otra década desastrosa sin haber eliminado aún las secuelas de la que, dicen, ha pasado ya. Y lo hace Casado, oye, emulando a Pedro Sánchez al no citar correctamente, con el entrecomillado de ordenanza, a los analistas que advirtieron de esa posibilidad. En resumidas cuentas: Casado ha tropezado con las consecuencias de su absentismo académico al no asistir a clase cuando explicaron que las crisis periódicas son las impulsoras de la renovación del capitalismo; unas lecciones, las perdidas, que cubren el trecho que va de Marx a Schumpeter y los desacuerdos del segundo con Keynes respecto al papel del empresariado en la generación y remonte de las crisis. Para Schumpeter éstas las provocan los empresarios creativos, los que rompen con sus iniciativas el statu quo de los mercados competitivos y los desequilibran con innovaciones que acaban, por último, impulsando el crecimiento posterior, el que restablece el equilibrio hasta la próxima. Schumpeter discrepaba de Keynes por su rechazo a que fueran los políticos, no la iniciativa privada, los conductores de la economía. Quiero decir que si, como desea Casado, sobreviene una nueva crisis, estaría dentro de la normalidad capitalista.        

Es patético, por otro lado, el grito de Casado a Bruselas para que le ayude a tumbar a Sánchez. Tiene todo el sabor del viejo convencimiento de la derecha española que fundamenta su patriotismo en la idea de que el país es de su propiedad, lo que le lleva a considerar apropiación indebida que gobierne un extraño y llama a que le ayuden a restablecer el orden divino. Esa mentalidad crucificó a Zapatero, que sufrió la campaña más infame que se recuerda y pretende calzar ahora, con los mismos procedimientos, por Pedro Sánchez al que califican de “okupa” con desprecio a la Constitución y al Congreso de los Diputados, donde reside la soberanía nacional o no, según convenga a esta derecha.

Debe relacionarse el modo de hacer oposición de Casado con el ascenso de la ultradereha fascista. El PP la acogió durante años en su seno pero su despegue europeo indica que ya es el momento de asomar las orejas: al parecer, los ultras agazapados en el PP comienzan a nutrir a Vox con militantes y votos. A los ultrafachas les benefició  que la Transición quisiera tener la fiesta en paz y pusiera siempre por delante su afán de convivencia que presuponía un olvido generoso. Lo que permitió, por ejemplo, las reiteradas condecoraciones a personajes tipo de Billy el Niño, y otros; promovió la tolerancia y la protección de jueces y altos funcionarios apegados a los modos y maneras de la dictadura que ha “implementado” deliberadamente hasta el borde de la ruptura definitiva la cuestión catalana; permitió a la Iglesia apoderarse de centenares o miles de inmuebles y fincas, además de piezas muy valiosas del patrimonio nacional, como la mezquita de Córdoba previo pago, eso sí, de 30 euros. Sin olvidar las burlas sangrantes con que obsequió Rafael Hernando, en funciones de portavoz del PP, a quienes buscan a sus familiares asesinados por cunetas, pozos, simas y fosas comunes; o a Rajoy alardeando en televisión como un mérito extraordinario su incumplimiento de la Ley de Memoria Histórica a la que había destinado “cero euros” dirigiendo a la Cámara su mano derecha con los dedos índice y pulgar de su mano derecha unidos. Hay un largo etcétera de horrores y desvergüenzas y considerables dosis de mediocridad. Desde el canto del himno legionario por varios ministros al “desconcierto” de las prostitutas señalado por la ex ministra pepera Dolors Montserrat, actual portavoz en el Congreso, donde derrapó de tal manera que desplazó del hit parade el “finiquito” de Bárcenas detallado por Cospedal en forma de simulación. O el no menor derrape de la también ex ministra García Tejerina para la que un niño castellano-leonés de ocho años posee más conocimientos que otro andaluz de diez. Por más que el récord del despropósito de la semana es para Teodoro García Egea, secretario general del PP, que reprochó al Gobierno socialista andaluz gastarse más dinero en prostitución que en Educación. 

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¡La derecha, madre!

Albert Rivera y Pablo Casado durante el desfile del 12 de Octubre. EFE

Creo que fue Luis Cernuda quien admitió que sí, que él era español, “pero sin ganas”. Lo traigo a colación porque aumenta el número de desganados, hartos de la crispación política que hizo nuevo acto de presencia con los insultos y pitadas a Pedro Sánchez en los actos del 12 de Octubre. Dado que Felipe y Zapatero también se llevaron su porción en las celebraciones que les tocaron, a diferencia de Aznar y Rajoy en sus casos, no es temeraria la sospecha de que el PP promueve abubiaduras exclusivas para los socialistas. Refuerza el barrunto de la denominación de origen pepera que destacara en el griterío el calificativo de “okupa” al presidente. En definitiva: tratan el PP y su ex marca blanca ciudadana de encochinar a la gente; porque llamar ”okupa” a Sánchez denota la deliberada ocultación por el PP a sus familiares, clientes, amigos y personas piadosas que pasaban por allí de que la moción de censura no es ocurrencia gratuita sino que está prevista en la Constitución (artículos 113, 114, 115) y la aprueba o rechaza el Congreso de los Diputados; por lo que llamar ”okupa” a Sánchez es arrumbar el texto fundamental de la democracia española por la misma derecha que se proclama hipócritamente constitucionalista en Cataluña y se cisca de vientre a chorrillo abierto en el Congreso, depositario de la soberanía nacional.    

En las celebraciones del 12 de Octubre, demostró Pablo Casado, primer espada del PP, que aprobar tropecientas asignaturas fumándose las clases tiene sus riesgos. Porque se lució discurseando en Málaga que la Hispanidad es “el hito más importante de la Humanidad, sólo comparable con la romanización”; y que España es la Nación “más vieja de Europa”, como decía Rajoy no sé si aconsejado por primo, el que lo convenció de que el cambio climático es un cuento chino.Debe ser que tampoco fue Casado a clase el día que tocaban estos asuntos  por lo que se comprende que varios historiadores (Álvarez Junco, Santos Juliá, José Luis Corral, que yo sepa) acudieran a llenar esa laguna  y aclarándole las cosas para que no siga largando cancaburradas.

En hablando de historiadores, me pareció útil una observación sobre el franquismo del hispanista francés Joseph Pérez para quien lo de Franco “más que un régimen fascista, como se escribe a veces, fue un intento de detener la historia y retornar a unos orígenes míticos: los Reyes Católicos, el imperio, el Siglo de Oro […] Franco hubiera querido borrar de la historia de España todo el siglo XIX, el liberalismo extranjero que había conducido a la degeneración del ser español” (Entender la Historia de EspañaLa Esfera de los Libros, 2011). Pérez da así a Casado la posibilidad de que lo rebajemos de facha heredero del que habitara entre nosotros,con la lucecita de El Pardo encendida de fijo, a la más tolerable y cuasi cariñosa condición de totorota; peligroso, eso sí, vista la cara de asombro de Jean-Claude Juncker, presidente del Consejo europeo, al decirle el muchacho que España “es un desastre”. Y no contento con eso el propio Casado ya ha anunciado un nuevo viaje a la capital de la UE para bloquear el proyecto de Presupuestos del Estado. Yo, de Felipe VI, estaría preocupado con los vivas al rey de este individuo. Quizá le tranquilizara que el anuncio no hundiera la Bolsa del taponazo.  

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Casado y otras mentiras

Pablo Casado en la entrada de Moncloa.

Debo lamentar y lamento la despiadada relación del colega Ignacio Escolar de los tendenciosos bulos de Pablo Casado acerca de inmigración, inmigrantes y asimilados. Se pasó de rosca el colega pues, aun teniendo razón, no tuvo en cuenta que debió llevarle tiempo al nuevo mandarín del PP prepararse para batir nuevos récords académicos. No está al alcance del común aprobar del zapatazo tropecientas asignaturas, acabar un máster tan esquivo que ni se sabe si existe y ni les cuento de la restauración de la imagen de José Manuel Soria que deja tamañita la del Pórtico de la Gloria compostelano. Claro que Casado no pertenece a ese común como bien demuestra la fulgurante trayectoria que lo aupó a la presidencia del partido que lleva aparejada la diplomatura de enterado de la caja del agua que concedían los antiguos isleños socarrones a quienes se empeñaban en virar las tornas sin saber de los turnos para regar y sus adulamientos. Ese fue el origen de la titulación, por llamarla de alguna manera, que se fue extendiendo a otros ámbitos en los que ni puedo extenderme aquí.

Volviendo a lo que iba, es comprensible que con semejante dispersión se le fuera el baifo a Casado al anunciar su visita a Ceuta y Algeciras “para abrazar a la Guardia Civil y a la Policía Nacional”, lo que dio al perverso periodista mencionado ocasión de sugerirle que aprovechara para fotografiarse con los voluntarios de las ONGs y aclararles que no les reprocha, qué va, su dedicación a salvar vidas de sujetos tan peligrosos como los que huyen de sus países; niños incluidos, pues es fama que acaban creciendo.

Dos inmigrantes saltan la valla de Ceuta y resultan heridos por cortes de las alambradas

Dos inmigrantes saltan la valla de Ceuta y resultan heridos por cortes de las alambradas. EFE.

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