La Rebelión de los Gomeros en la poesía popular

El 21 de noviembre de 1488, a raíz de la ejecución en Guahedum de Hernán Peraza, se produce en La Gomera una rebelión que, por su trágico final, significará para los gomeros el fin definitivo de su condición de pueblo libre. 526 años después, La Gomera se resiste a olvidar el acontecimiento más importante de toda la Historia de esta isla.

Una breve descripción de los hechos

Los primeros contactos con los europeos fueron un período caracterizado, primero, por las sucesivas rapiñas para la captura de esclavos y, segundo, por los pactos de esos europeos con alguno de los cuatro bandos en que se encontraba dividida la isla. De estos pactos el que más nos interesa es el Pacto de Colactación o Hermanamiento (consistente en beber leche del mismo gánigo) que selló Hernán Peraza El Viejo con los bandos de Ipalán y Mulagua.

Hernán Peraza El Joven ratificará el pacto de su abuelo, pero mientras Peraza quiso entender el pacto como un acto de vasallaje hacia él, los gomeros lo seguían entendiendo como un acto de hermanamiento y de ayuda entre ellos con una serie de leyes de obligado cumplimiento. Hernán Peraza El Joven lo incumplió, no sólo al cautivar esclavos y tratar despiadadamente a los gomeros, sino al mantener relaciones con Iballa, su hermana, en virtud del acuerdo suscrito. Las relaciones entre miembros de un mismo bando estaban totalmente prohibidas para evitar la consanguinidad, impidiendo las uniones entre personas con lazos de parentesco.

Estos hechos determinan que el consejo de gomeros, el órgano de mayor autoridad de la isla, se reúna y decida la condena a muerte de Hernán Peraza. Hautacuperche, el elegido por los dioses, es el encargado de llevar a cabo la ejecución en Guahedum, donde el conde visitaba a Iballa.

La Rebelión de Los Gomeros en la poesía popular

Por eso los gomeros no podemos ser amigos de los castellanos, acostumbraba a sentenciar Dña. Concha Dorta (Valle Gran Rey, 1908-2002), una de las más cualificadas informantes en romances y coplas de La Gomera, cuando acababa de recitar, con memoria prodigiosa, las Coplas de Hupalupo, como ella las llamaba. Era una delicia escucharla recitar los versos que aprendió en su juventud: La Reina doña Isabel/ La Católica tenía/ una dama que decía/ que era su bello vergel… Vivía esta historia con pasión, como algo propio, haciendo las observaciones y puntualizaciones oportunas para un mejor seguimiento del hilo argumental.

Con la vitalidad de su relato, le daba sentido a la poesía popular, como uno de los ejes fundamentales de la oralidad, y con ello de la memoria de un pueblo. Como bien dicen los versos de Lucas Mesa Cabello en su “Romance a La Gomera”:

La Gomera tuvo historia pero no se la escribieron.

La historia de La Gomera se mantiene en el silencio:

el motivo no lo sé, pero yo me paro y pienso:

pueblo que no tenga historia, para mí es un pueblo muerto.

En las narraciones orales, los gomeros hemos recordado nuestra historia. Hemos seguido honrando las gestas de los antiguos. Y en ese baúl de la memoria que hemos heredado de nuestros mayores, y nosotros pasaremos a nuestros hijos, ¿cómo no iba a ocupar un lugar destacado el hecho más importante de nuestra historia, que ha marcado profundamente a la isla y a sus habitantes? La rebelión, sus hechos y personajes quedaron grabados a sangre y fuego en nuestra memoria colectiva, que es la fuente principal de donde beben nuestros poetas populares para recrear, una y otra vez, el acontecimiento bajo diferentes formas, con los envoltorios propios de cada época y el momento, pero manteniendo el núcleo de una historia que aún hoy sigue cautivando. En realidad poco importa que las versiones versificadas más antiguas que han llegado hasta nosotros sean de fecha relativamente reciente: principios del siglo XX. Eso no les resta credibilidad, porque es en esa permanencia imborrable en la memoria de los gomeros donde reside su verdadera autoridad.

Los siglos catorce y quince para La Gomera fueron

siglos de mucha penuria, de dolor y sufrimiento (…)

a la tierra de Hupalupa que es el rey de los gomeros,

también a su hija Ibaya que fue la perla y espejo

donde se miró su padre y cuantos la conocieron.

En defensa de Ibaya aquí la muerte le dieron

al señor Hernán Peraza hombre orgulloso y severo.

Al autor de este romance sólo le guía un deseo:

que se cante en nuestra Villa, que se cante en nuestro pueblo,

que se cante en nuestros barrios, porque siempre habrán gomeros

que deseen conservar el canto de sus abuelos.

Los que nacimos aquí a Hupalupa le debemos

la historia que nos legaron de la Baja del Secreto.

Algunos investigadores sostienen que el origen de las diversas variantes que fueron sacando los poetas populares gomeros, no es otro que las coplas de tambor que durante siglos cantaron sus antepasados. Sin embargo, si existieron esas coplas, no han llegado hasta nosotros. Lo que sí está claro es que esta es una historia que los gomeros se niegan a olvidar. ¿Por qué negarle la credibilidad a la tradición oral gomera y a los poetas populares, cuyas composiciones hunden sus raíces en los mismos hechos que han sido transmitidos a través de generaciones de gomeros?

La Rebelión en décimas

La emigración a Cuba de finales del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX, y el retorno de los indianos, ocasionó, en la sociedad rural canaria, la transformación más importante hasta la llegada del turismo. En el campo de la música popular, la irrupción del punto cubano, con la utilización de la décima como forma poética, supuso que muchos poetas populares escogieran esta vía de expresión, muchas veces en detrimento de las coplas (romances de temática local).

Es en este marco de esplendor del punto cubano en La Gomera cuando aparecen la versiones en décimas que conocemos, vinculadas además a poetas de Valle Gran Rey, donde la memoria de los acontecimientos permanece muy viva por ser el lugar donde la tradición sitúa parte de los acontecimientos: Conjura en la Baja del Secreto, residencia de Hupalupo en Gerián… Son las conocidas como Décimas sobre la legendaria Baja del Secreto y Torre del Conde3, atribuidas al poeta Manuel Roldán Dorta (Valle Gran Rey, 1878-1968) y compuestas alrededor de 1930. Su popularidad es grande y son muchos los que conocen su existencia (en muchos casos ya desligadas del autor), siendo capaces de recitar partes o fragmentos sueltos. No sabemos hasta qué punto el poeta Manuel Roldán utilizó para su obra sólo lo que él sabía por la rica tradición oral, lo recogido en los relatos escritos por los cronistas e historiadores y, en tercer lugar, lo que él mismo inventó como autor5. Lo que sí está claro es que estas décimas se extendieron por toda la isla y se han unido al resto de narraciones tradicionales.

También otro gran poeta popular gomero, Manuel Navarro Rolo (Valle Gran Rey 1907-S/C de Tenerife 1979), hizo una versión, en forma de 22 espinelas, tituladas A la histórica Baja del Secreto, escritas posteriormente a las de Roldán (alrededor de 1966), aunque son menos conocidas que las de éste, y que se centran fundamentalmente en los motivos que llevaron a los gomeros a tomar la decisión de ejecutar a Hernán Peraza y la reunión de los conjurados en la Baja del Secreto.

Más recientemente, otros poetas populares han recreado este suceso, como es el caso del repentista cubano Raúl Herrera en su libro Mis mejores décimas. El gomero Tanagua Hernández Ferrer también recrea la historia, tanto en décimas como en coplas, en su libro Versos de un entorno8. Y también Los Sabandeños le dedicaron un disco9, La Rebelión de los gomeros (muerte de Hernán Peraza), en el año 1983, en donde ponían música a las versos de las Décimas sobre la legendaria Baja del Secreto.

Las décimas y la memoria

La tradición oral es la principal fuente de la que beben los poetas populares que han recreado la rebelión. Tradición oral, cronistas e historiadores a veces coinciden y otras no tanto, incluso a veces divergen claramente. Posiblemente, elementos ajenos a la historia se han introducido en ella, pero no cabe duda de que el elemento fundamental permanece: la rebelión de los gomeros ante una situación que consideraban injusta y la posterior cruenta represión que marcó, por su brutalidad, la conciencia isleña.

Nos gustaría aquí resaltar algunos pasajes, entresacados de las versiones populares en décimas, que manifiestan claramente la visión que ha permanecido en la memoria de los gomeros.

Hupalupa es, sin duda, el personaje central de la Rebelión. Tradición popular, cronistas e historiadores coinciden en asignarle un papel de gran ascendiente sobre los gomeros. Una especie de jefe espiritual, con autoridad moral sobre el resto. Posiblemente investido con las características de adivino.

La Gomera por grandeza

en el siglo quince dio

un sabio, sol que brilló

de propia naturaleza.

Soberana fortaleza

bella esclarecida luz,

fue decidida virtud

en la tradición aquella

cuya refulgente estrella

de la primer magnitud.

Los restos arqueológicos, los relatos populares sobre adivinos y la toponimia con topónimos como Montaña del Adivino y Toscones de Aguamuje, imprimen un carácter particular a la zona. Por otro lado, en una fecha tan tardía como finales del siglo XVIII, el entonces párroco de Chipude D. José Fernández Prieto y Salazar nos deja la siguiente referencia sobre la Fortaleza de Chipude: allí se van á hacer los exorcismos cuando hay plagas. Lo cual nos da idea sobre el carácter sagrado que, pese a la cristianización, aún mantenía la Fortaleza de Chipude, reivindicada por los gomeros como el lugar de celebración de muchos de sus rituales y que no pocos investigadores han ignorado por no considerar relevante la tradición oral de los habitantes de la zona.

Sobre su actitud tras la muerte de Peraza, la tradición popular recoge una versión bien distinta de la que sostienen algunos historiadores, puesto que es el propio Hupalupo quien encabeza la Rebelión.

Hupalupo diligente

su ejército preparó,

y con hondas los armó,

arengándoles fielmente:

- Debéis de tener presente

que nos vienen a engañar,

debémonos replegar

a orilla de la montaña,

y, aunque venga toda España,

no nos podrán derrotar.

Incluso cuando llega Pedro de Vera y urde su plan de ofrecer perdón a los gomeros, incita a que no lo acepten:

Por fin ofrece perdón,

a los guanches la Condesa

y fue tanta su simpleza,

que aceptan con decisión,

dijo Hupalupo: – ¡Traición,

señores traen urdida!

Yo y mi familia querida

eso no hemos de aceptar,

al que lleguen a agarrar,

ha de ser quemado en vida.

Después de verlo todo perdido y después de poner a su familia a salvo -sobre la identidad de los amantes también existe controversia-, Hupalupo puso fin a su vida:

Cuando el gran sabio perdió

de vista su fiel pareja,

sin pronunciar una queja,

por un risco se lanzó.

Allí su vida acabó

pero no acabó en la historia

pues su bondad fue notoria,

sabio de naturaleza

y en pago de sus promesas,

Dios le recogió en la Gloria.

Este es el Hupalupo que ha pervivido en la memoria oral de los gomeros.

Artículo original publicado por Miguel Ángel Hernández en 2009 en el numero 288 de la revista Bienmesabe