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EL CHESTER DE SANDRA LORENZO

Belén Lorenzo: la elegancia de la brevedad

La escritora palmera se sienta en el Chester de Sandra Lorenzo e invita a “disfrutar de cada momento siempre, estén confinados o no”.

Belén Lorenzo.

Belén Lorenzo.

Se sienta en mi Chester Belén Lorenzo. En más de una ocasión nos han preguntado si tenemos algún tipo de parentesco por nuestro primer apellido, y a la pregunta, ambas contestamos esbozando una ligera sonrisa: “Somos compañeras de letra”. Este chester es de Lorenzo a Lorenzo. Belén es la elegancia de la brevedad, en unas líneas puede contar tantas cosas y de tal profundidad, que asombra al lector, le sorprende, le coge casi desprevenido, hace que vuelvas a visitar sus libros, porque en una segunda lectura, encuentras algo más con total seguridad. Belén y yo hemos coincidido en muchos sitios, pero me quedo con nuestras charlas en la guagua, donde ella siempre sostiene un cuaderno o algún libro. Nos solemos despedir en el antiguo parador, me la imagino junto a su pequeño cofre de recortes, creando sin parar, con sus sorprendentes rayuelas y aforismos, porque para Belén todas las palabras cuentan, mientras crea relatos para leer de pie y máximas bajo mínimos. Hoy se escribe en el chester un nuevo microrrelato en medio de un estado de alarma, creada por un enemigo invisible. Espero verte pronto, mientras pagamos un ticket de guagua, para ponernos al día, mientras sostienes tus cuadernos. ¡Hasta la próxima parada! Belén Lorenzo bienvenida a mi Chester

-Pregunta obligatoria en estos días: ¿Cómo llevas los días de confinamiento?

-Los llevo bien, suelo adaptarme a los cambios. He intentado mantener la vida que tenía justo antes de empezar el confinamiento, acomodándola a la realidad de hoy, y eso me ha ayudado a mantenerme concentrada en el futuro: trabajando desde el presente, sigo haciendo planes para más adelante, sin saber cuándo serán realidad ni de qué manera se concretarán. En realidad, esto último no tiene importancia: lo fundamental es seguir avanzando.

-¿Tienes prevista una visita a una librería de confianza en la fase 1?

-Me encantaría, pero de momento creo que no podré ir por una cuestión de horario, según tengo entendido. Por las mañanas teletrabajo, y si lo dejo para más tarde, cuando pueda salir a partir de las 20:00 horas, ya estarán cerradas. De todas formas, soy una compradora de libros compulsiva, y por eso no he sentido la falta de las librerías en estos días, ya que tenía (y tengo) una enorme cantidad de lecturas pendientes. Sí he echado de menos la libertad de poder ir con tiempo a una librería, ojear con calma, charlar… Y eso de momento no lo podré hacer, pero las librerías serán de los primeros lugares a los que vaya.

-¿Cuándo comienzas a escribir? ¿llegó pronto esa llamada de las letras?

-Recuerdo que escribía de pequeña, que tenía mucha imaginación y que me encantaba contar historias, pero no tengo un momento definido. Siempre me gustó leer y comencé muy pronto. Mi madre me enseñó antes de que empezara a ir al colegio y me llevaba a las librerías. Al final, de tanto leer, empecé a escribir, pero nunca imaginé que publicaría libros. Esa ha sido una de las grandes sorpresas que me ha dado la vida, porque lo veía como un mundo lejano y, sin darme cuenta, un día entré en él. En ese sentido, sí hay un momento importante, y es cuando abrí mi primer blog en 2010. A partir de entonces empecé a acostumbrarme a que me leyeran personas desconocidas, y eso sí significó un antes y un después en cuanto a la escritura. 

-Tienes tres blog literarios activos: Relatos para leer de pie, Todas las palabras cuentan y Máximas bajo mínimos. ¿Qué podemos encontrar en ellos?

-En los dos primeros he ido publicando historias breves y, en el último, aforismos. Todos ellos han funcionado como laboratorios de escritura: he ido probando opciones hasta hacerme con un estilo propio. Comencé escribiendo microrrelatos que, con el tiempo, se fueron haciendo cada vez más breves, lindando con el campo del aforismo. Cuando eso ocurrió abrí Todas las palabras cuentan para publicar los textos escritos con un material narrativo mínimo y, unos años después, nació Máximas bajo mínimos para dar cabida a los escritos aforísticos.

-Eres archivera, ¿es un trabajo que te aporta muchas historias que contar?

-Bueno, en realidad me aporta la vida en general: el deambular, el observar, imaginar… Pero mi actividad también me regala historias o, tal vez, otra mirada hacia las historias. Por ejemplo, Saramago tiene una novela donde los archivos tienen su importancia: Todos los nombres. Inevitablemente, mi acercamiento hacia ese libro parte de mi experiencia. Eso que me ocurre como lectora, me sucede también como escritora, pero tengo la sensación de que, me dedicara a lo que me dedicara, miraría igual. En el fondo, creo que es más una cuestión de visión interior.

-Tu publicación con Cartonera Island Breve historia de un cuento que soñaba con ser un título, me encantó, ¿nos cuentas algo sobre ese proyecto?

-Fue algo muy especial para mí ya que se trataba de mi primera oportunidad, el primer trabajo físico, en papel, que podía mostrar. Después de publicar textos en Internet, uno de los editores de Cartonera Island, Carlos Bruno, me pidió que seleccionara algunos para publicarlos con ellos. Decir que sí a eso me llevó a vivir un montón de experiencias nuevas que agradezco inmensamente: conocer a los demás miembros del equipo, que la ilustradora Reyes Sánchez pusiera imagen a algunos de los micros, poder leer aquellos textos en diversos lugares, mis primeras entrevistas y colaboraciones… Fue un despertar y lo recuerdo con mucho cariño.

-La música también forma parte de la vida de Belén. ¿Letras y notas van de la mano?

-En mi caso creo que sí. De hecho, hay quien percibe musicalidad en mi manera de escribir y eso me llama mucho la atención porque no es algo que haga de manera consciente. Intento escribir lo mejor que puedo, no engañarme a mí misma como lectora: suelo ser muy crítica con lo que hago, mi filtro es muy exigente y es el primero que pasan (o no) mis textos.  Dentro de esos parámetros, no contemplo la musicalidad a nivel consciente, pero creo que sí lo hago de  manera inconsciente. Y luego, como tema, la música también ha tenido un espacio en lo que escribo: siempre acaba apareciendo por algún lado…

-¿Tu trabajo con la Fundación MAPFRE Guanarteme Leo en las calles y tu obra colectiva Leyendas de La Palma con Cartas Diferentes Ediciones, cómo surgen?

-Esas dos publicaciones coincidieron en el tiempo, fueron presentadas en 2016 con un mes de diferencia, pero respondieron a impulsos muy distintos. En el primer caso se trata de un poemario que se encuentra dentro de la colección Canarias en Letras y fue una enorme oportunidad que vino de la mano del director de esa publicación, el escritor Félix Hormiga. Él contactó conmigo para publicar poemas míos juntos a los de una escritora de Fuerteventura, María Valerón. De esa manera, las dos empezamos a formar parte de la familia de la fundación, ya que siempre trata a sus autores con mucho cariño y de esa experiencia me he llevado muy buenos momentos a nivel personal. En cuanto a la escritura de las leyendas de La Palma, fue una apuesta personal de un pintor checo afincado en la isla, Alexej Dvorak, quien quería realizar obras con esa temática partiendo de textos que pudieran formar parte de un libro. Para ello contactó con Manuel Poggio Capote (cronista oficial de Santa Cruz de La Palma y fundador de Cartas Diferentes Ediciones), quien a su vez habló conmigo. Entre ambos dimos forma a una selección de leyendas para que fueran ilustradas por Dvorak.

-¿Qué te regaló tu obra A pesar de todo (Escritura entre las nubes)?

-Fue mi primer proyecto personal, en el que me volqué con total consciencia. Los anteriores habían partido de un elemento externo, de una propuesta ajena, y habían sido publicaciones sujetas a condicionantes de diversa índole en los que no podía decidir. Pero en este caso no solo tenía una nueva obra que ofrecer, sino que podía concretar cualquier detalle, así que lo pensé todo muy bien. Le escribí a Ramón Araújo, un gran amigo y un minimalista máximo, para pedirle que escribiera el prólogo y busqué editorial. La sorpresa vino al contactar con Emilio Barrionuevo para que me hiciera una foto que pudiera publicar en la solapa del libro: me convenció de que la portada debía ser un retrato mío, y así fue. Se lo planteé a Elena Morales, la editora de Escritura entre las nubes, y lanzamos el libro así, conmigo en la portada. Eso jamás se me hubiera ocurrido, fue algo totalmente inesperado.

-Y así llegamos hasta tu última obra, Etéreos (Escritura entre las nubes), que a título personal me parece una obra tan elegante como su portada. Aquí te acompañan Emilio Barrionuevo y Carmen Ponte Dávila… Te escuchamos…

-Sí, ese ha sido mi último proyecto: un libro de microrrelatos ambientados en una isla ficticia muy similar a La Palma. Después de la experiencia anterior volví a confiar en Escritura entre las nubes y en Emilio Barrionuevo. Tenía claro que la portada debía ser un personaje del libro, y recordé una sesión de fotos que Barrionuevo le había hecho a una bailarina en plena Santa Cruz de La Palma. Una vez elegida una imagen de Carmen Ponte en blanco y negro en unas escaleras de la ciudad, le comenté a él que me gustaría un retrato exterior a color para la solapa, a modo de contraste. De esta manera, tuve plenamente definida la cubierta antes de terminar el contenido del libro. Los microrrelatos fueron cuajando con el paso de los meses en un texto homogéneo.

-Participas en revistas como En Tiempos de Aletheia. Cuéntanos en qué otros medios podemos encontrar tu trabajo.

-He escrito para algunos medios digitales como la revista Turismo y Cultura de Canarias, dirigida por Fátima Hernández; sin embargo, ahora estoy volcada en ese proyecto capitaneado por el escritor Andrés Expósito, En Tiempos de Aletheia. Se trata de una revista mensual de pensamiento y opinión donde voy contando las biografías de mujeres que han destacado en diversos ámbitos: filosofía, música, escultura, fotografía… Eso me ha permitido algo que me apetecía desde hace tiempo, y es conocer con mayor profundidad la trayectoria de algunas personas que llaman mi atención. Como mi colaboración se enmarca dentro de la sección Mujer: Ayer, Hoy y Mañana solo ofrezco perfiles femeninos, pero creo que es algo necesario, ya que en muchas ocasiones se da visibilidad a aspectos menos conocidos de hechos muy trillados. En mi último artículo, por ejemplo, se aborda la personalidad de Milena Jesenská intentando ofrecer una imagen más amplia de ella, sin centrarla en su amistad con Franz Kafka.

-Nos recomiendas alguna lectura para estos días, lecturas de mesita de noche…

-Acabo de terminar Una vocación imposible de Juan José Millás, autor que me gusta mucho. Ese fue uno de los libros que compré justo antes de iniciar el confinamiento, y agradecí mucho tenerlo en casa para pasar estos días, ya que me encanta la escritura de Millás. Pero podría recomendar también otros más cercanos a los géneros que trabajo, como Cazadores de letras: minificción reunida de Ana María Shua y Fuegos de palabras: el aforismo poético español de los siglos XX y XXI (1900-2014) de Carmen Camacho.

-¿Algún mensaje para los lectores del Chester? Este espacio está abierto para lo que quieras contar, porque “todas las palabras cuentan”.

-Solo puedo recomendarles que disfruten mucho de cada momento siempre, estén confinados o no. Hay un margen para la elección en cada situación que vivimos, y es cómo afrontarla: buscando lo bueno de cada instante se vive mejor, estoy convencida.

Y con esta sabia recomendación despedimos a Belén Lorenzo, porque al fin y al cabo la vida es un carpe diem. Hasta la próxima.

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