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Un rato con Ramón Betancor

Espero que la vida no haga con él lo mismo que él hizo con Mario Rojas al final de su primera novela. Está tremendamente vivo, curioso, inquieto, activo.

Queridos amigos:

Lea me regala el día de Reyes, de este año, la novela, con dedicatoria del autor, ‘Caídos del Suel, de Ramón Betancor: "Para Miguel, un amante del arte y de la buena música, de otro amante del arte y de la buena música. Con cariño. Ramón".Venía escuchando, siempre de manera positiva, de la labor literaria de Ramón, en concreto de ‘Caídos del Suel, desde hacía meses. En un noticiero televisivo regional, donde se le veía detrás del escaparate de una librería en Gran Canaria escribiendo con su portátil, en prensa, en Facebook...‘Caídos del Suelo’ lo puse en la mesa de noche, a veces me desvelo, y desde hace tiempo sé que es mejor leer, ver una película, que tomar un somnífero; pero no esperé a desvelarme para empezar con ella, comencé a hacerlo al llegar a la cama ese mismo día de Reyes. En cuatro días la leí y la repasé. A la mañana siguiente de cerrarla, vine a la tienda por la calle Real, entré en la Librería  Papiro y compré ‘Colgados del Suelo’, segunda entrega de la trilogía, que leí también, siempre de noche y de otro par de tragos. Espero poder leer pronto la última entrega, ‘Historia del Clan’.

Ramón es de la edad de mis dos sobrinos mayores. Sus padres son padrino y madrina de uno de ellos, de Rubén, y viceversa, mi hermana y mi cuñado son padrino y madrina de una de sus hermanas, de Estelita. Lo conozco, por tanto, casi desde que nació. Un verano, a él y a su hermana  les di,  durante un mes, clases particulares. Cuando era veinteañero, otro sobrino mío, de otra rama, David, tocó en un conjunto de rock con él; recuerdo algún concierto  del grupo  en el Teatro Chico. Unos años más tarde encargué una publicidad televisiva, y fue él quien la realizó, trabajaba de cámara en una televisiónlocal. A partir de ahí, no supe nada mas de él hasta que apareció su imagen en aquella televisión regional…Lea, que es la hija mayor de mi compañera, tiene íntima amistad con  otra hermana de Ramón, Alicia. De ahí viene el que Lea me haya regalado, dedicada, ‘Caídos del Suelo’.

Ramón Betancor y yo en Las Cosas Buenas de Miguel.

Ramón Betancor y yo en Las Cosas Buenas de Miguel.

Así que el camino estaba sembrado para que Ramón y Miguel se encontrasen un rato,  como en las novelas, en Las Cosas Buenas de Miguel,  el sábado posterior a la presentación de su segunda novela.Desde que supe lo de la presentación en La Cosmológica de ‘Colgados del Suelo’, tuve idea de que ese sería el día para compartir un rato con él. No recordaba que tenía una invitación de Rosina Herrera, soprano, para asistir a su concierto, Nuove Musique (Barroco Italiano de la primera mitad del siglo XVIII) con Carlos Oramas, tiorba, así que tuve que escribirle a Ramón en Facebook. "Ramón, lo tenía pendiente, pero a última hora se me cruzó otra historia que tengo que poner por delante, es una historia de ‘otro clan’. He leído tus dos novelas, publicadas, espero la tercera, por eso quería acercarme a La Cosmológica.  Te llamaré para ver si podemos quedar en otro momento, pero no entre medio de gin tonics, como en tus dos preciosidades de novelas, si no entre medio de vinos o cavas, que es lo que yo bebo en esta novela de mi vida".Después del concierto de Rosina y Carlos, en Las Antiguas Salinas, en Los Cancajos, Breña Baja, me encuentro con Ramón Betancor saliendo del Cosmos. "Disculpa, Ramón... ¿salió todo bien?". "No te preocupes, Miguel, leí tu mensaje. Sí, salió todo bien". "¿Te viene bien que nos veamos mañana a la una, en Las Cosas Buenas de Miguel? Te noto cansado, Ramón". "Sí, nos vemos mañana, Miguel". Ramón llegó acompañado de la misma mujer con la que estaba en El Cosmos, algo más cerca de la una y media que de la una, con las manos tocando el reloj de pulsera y disculpándose por llegar algo tarde y porque también se tenía que ir pronto. Había acompañado a su madre a misa, y luego tenía que ir a comer con ella. Ramón regresaba en esa misma tarde a Gran Canaria. (Entiendo que en subir, porque se sube, del Muelle a La Alameda, se tarda muchos más que en bajar de La Alameda al Muelle,  si no,  preguntádselo a los salmones, preguntadles si  tardaron más cuando les tocó subir a desovar en un río, en el que muchos de ellos dejaron hasta  la vida, que en bajarlo ¡Igual le ocurre a las personas!, por eso son tan pocos los que llegan a La Alameda, o llegan tarde). 

Yo sentía su prisa, como la sentí cuando Esther R. Medina estuvo en la tienda por primera vez, que  lo hizo también con prisa, y aún hoy, siempre que la veo, tiene prisa, por ello, tengo varias velocidades para enseñar la tienda, la de crucero, que es la mía, y la que exigen los amigos, o las  circunstancias. ¡Cuánto os perdéis de la vida aquellos que siempre tenéis prisa! Capté que aquel momento era una toma de contacto de la tienda,  el despegue de una amistad, y de algunos quehaceres en común. 

Antes de sentarnos a seguir compartiendo, ofrezco vino blanco, vino tinto y cava. Nos miramos las caras a ver quién respondía primero, y no recuerdo bien quién fue el que en milésimas de segundo arrastró por los demás, la palabra talismán fue: cava. Pensé primeramente abrir Cava Integral de Llopart, al momento entendí que para la ocasión venía mejor Gran Reserva Original 1887 Brut Nature de Llopart, es el cava con el que Llopart celebró su 125 cumpleaños, y con el que nosotros tres íbamos también a celebrar algo importante, el estar, en cuerpo y alma, juntos por primera vez, en Las Cosas Buenas de Miguel, y con muchos sueños por delante... Lo acompañamos con jamón y  lomo de Juan Pedro Domecq, aceitunas de Kalamata y patatas fritas San Nicasio con sal rosa del Himalaya.Una vez sentados, como nos veis en la foto,  continuamos hablando de arte y buena música, y a  tercias también, nos iniciamos en el cava. Hablamos sobre la música en sus dos novelas, quizás  cuando salga la tercera lo hace con un CD de las canciones que Ramón hace, como buen mago, aparecer en ellas,  algunos de sus personajes, las ciudades de la novela, de su afición a los sonetos y acrósticos, de los cientos de gin tonics,  cervezas y botellas de vino que se beben los personajes, de tantas muertes y asesinatos, de que la novela tiene mucho de cinematográfica, ¡Quizás la veamos un día impresa en  celuloide! Al mismo tiempo, hablábamos también de las condiciones que reúne el local de Las Cosas Buenas de Miguel para hacer veladas literarias y otras actividades culturales. Le comenté de la que hicimos con Juan Francisco Capote, ‘Balando con Cabras’, que Facundo Fierro había estado con Antonio Gamoneda, Premio Nacional de Las Letras, que tengo un cuadro y un libro dedicado por Gunter Grass, que Jorge Perdigón, después de los conciertos de Acapo, viene con los músicos a degustar viandas y vinos, que tengo grabaciones únicas, con cuarenta años de edad, de Luis Cobiella, cuadros de Siro Manuel, Anelio, Luis Morera, reproducciones de Bruno Brandt (gran amigo de mi abuelo Agustín ), esculturas de Brita Drude, plumillas de Ángel Fernández Santos, cosas de cine, tertulias, lecturas de poemas... y un sinfín de objetos y recuerdos por las paredes.Ramón, como lo cuenta el artículo de Esther R. Medina, y como él me lo reafirma, una noche del 2011, cuando vino a pasar unos días en la casa de su madre, encendió el ordenador en el que era su cuarto, vio un fondo blanco, y cómo ese fondo blanco se llenaba y llenaba de letras, así se escribieron sus novelas, encontrándose con ellas, y así, nuevamente,  volvió a incendiarnos con su creatividad.

Yo, Las Cosas Buenas de Miguel, soy uno de esos bienaventurados  incendiados. Me comenta Ramón que durante unos años su creatividad se durmió, que quizás por eso haya rebrotado con esta fuerza, como le dice su amigo César, de Ojalá Muchá. En todas las  cosas de la vida es necesario el sueño, opino yo,  pero me da la impresión de que Ramón no va a dejar dormir jamás a su creatividad, esa creatividad suya no se puede parar, aquel sueño, que duró unos años,  ocurrió para traernos estos otros sueños de creatividad que son sus novelas. Yo noté el rebullir de esa creatividad en las horas que estuvimos juntos, está tremendamente vivo, curioso, inquieto, activo. Esta trilogía, estas tres primeras novelas, son las primeras de una largo número de ellas que van ir aclarando, como los días, va a tener una creación tan numerosa como la del  Mario Rojas de su primera novela. Espero que la vida no haga con él lo mismo que él hizo con Mario Rojas al final de su primera novela. Le deseo que la vida le dé muchos años, felicidad, que muera rodeado de bisnietos, y que abramos muchísimas más botellas de cava, tantas como las que  la salud y la vida nos permitan.Teníamos el tiempo en contra, eran las horas oficiales de almorzar, como llamamos nosotros a la comida. Su madre, Estela, lo llamaba al teléfono.

Duró poco el rato entre los tres, fue casi fugaz, sí, pero duró, fue intenso y es el principio de otros que  vamos a seguir teniendo en Las Cosas Buenas de Miguel, con  él y algunos de sus amigos. Los ratos peores son aquellos que no ocurren... Cuando Lea me regaló ‘Caídos del Cielo’, vi, por desearlo, que sucedería este rato, luego, este sábado pasado, palpé lo auténtica que es su dedicatoria, es verdad que somos cada uno dos amantes del arte y de la buena música, y que me tiene  cariño. Yo le añado a su dedicatoria, que también somos amantes de Las Cosas Buenas, y que le tengo también cariño.

Abrazos por El Lado del Corazón. Salud y Alegría Interior.

Las Cosas Buenas de Miguel

A los amigos del lado Oeste de la Isla os pedimos, por favor, que nos hagáis el pedido lo antes posible, tenemos unos días bastantes movidos.

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