Las calmas de septiembre
Septiembre lleva consigo esa sutil insinuación del comienzo; esa vuelta a la vida acompasada por otros aires que nos traen un poco de alivio, esa puerta de un último trimestre propio de balances que en este año no son nada halagüeños: noticias de un panorama nacional y mundial que cuanto menos han sido incendiarias. Septiembre nos va acercando a un nuevo año que como siempre albergará la esperanza de entrar en él con buen pie. Me toca abrazarme a este septiembre que también recuerda que todo sigue. Muchos han pasado por mi vida y no siempre han traído todo lo bueno que se espera; pero fiel a sus momentos y vivencias, sigo basándome en su calma, en su templanza y afinidad con esa estación que se cuela en sus últimos días y es la mía; el otoño.
No siento triste esa neblina que se me antoja cercana; la espero junto al caer de las hojas que enmudecen en el suelo. Espero ese otoño que solo es mío, mi página en blanco en la que escribo la canción que lleva su nombre: ‘Septiembre’.
Dibujo esa calma que miro en las orillas y baña la inmensidad de sus mares. Hubo un septiembre que se hizo ceniza para renacer de nuevo. Dejó huellas maltrechas de silencios y heridas de lavas que caminaron por dentro arrastrando las tristezas; de lavas que avanzaron por fuera y rompieron la vida.
Pero sigo amándote septiembre, me quedo con lo bueno, con tus CALMAS, con tu sabor a fiesta, con tu color, con el balanceo de tus acordes,
con el recuerdo de los que también pusieron ilusión en ti.
Fuiste telón cerrado de escenarios que te esperaron, y despertaste en las sombras de los marcados momentos de tristes calendarios, de calles vacías que te ocultaron, de vientos arrolladores que no pasaron; pero siempre regresas con tu mejor vestido, con esa inmensidad que si naufraga en lo bravío renace de tus calmas.