No hay culpas, sin culpables
He leído con mucha atención las reflexiones en este soporte digital del presidente de la Confederación de Empresarios de la Pequeña y Mediana Empresa (Cepyme) de La Palma, don Tomás Barreto Lorenzo. Coincido plenamente en la disparidad de trato que ha existido respecto a la promoción de las islas mayores y de las menores, unas con sus hoteles a tope favorecidos por una mejor conectividad y otras al cincuenta por ciento, puesto que el “destino Canarias” no se proyecta en situación de igualdad en todas las islas. Y tiene razón al señalar que “las islas más potentes en actividad turística de Canarias, tienen tal nivel de demanda que probablemente tendrán dificultades para atenderla en su totalidad, por lo que incluso recomiendan que el sector hotelero haga los esfuerzos necesarios para poder alojar a los clientes de todos los turoperadores, con especial cuidado hacia los pequeños y medianos, (aquí añado los de las islas mal llamadas menores) para evitar que tengan problemas y salgan del mercado turístico de nuestra comunidad”. Ya era hora de que se dieran cuenta y que “turísticamente” Canarias hay que “venderla” como una unidad. Sólo se acuerdan ahora cuando el próximo invierno podría existir una demanda sobrante que puede optar por otros destinos.
Parece que el turismo es un potente instrumento que, en términos de estrategia económica, es el primer renglón económico de Canarias, pero cuyo rendimiento se queda únicamente en determinadas islas, mientras que el resto espera permanentemente por las migajas. Y creemos que no debe ser así. Sin necesidad de opinar sobre la talla política o las capacidades para ejercer el cargo de los dirigentes insulares y locales, debemos reclamar al Gobierno autónomo un trato igualitario en la promoción y en los costes de una conectividad que si ya es cara para los propios habitantes del territorio, resulta inviable para los que indagan con la intención de visitarnos desde fuera del Archipiélago. Hace falta un compromiso que esté por encima de los intereses de unos pocos. Por eso es que no entiendo la actitud de nuestros políticos. Cada vez que opinamos piensan que les llevamos la contraria, que creemos que ellos no quieren, como los que más, a su tierra. Pero nos acordamos de aquella frase de San Bernardo: “la culpa no está en el sentimiento, sino en el consentimiento”. Y desde las Islas menores creo que se ha consentido mucho a las mayores en el turismo, en la agricultura, en el comercio? en todo.
Elegante ha sido don Tomás Barreto al atenuar la carga política del problema: “cuando uno compara la situación de unas y otras islas, le parece que esto tendría que tener solución. Y probablemente, hasta sin mayor intervención de organismos públicos, que por supuesto sería deseable y positivo que ayuden, tanto influyendo en la conectividad como en la promoción”. A grave culpa, suave comprensión.
Don Tomás, cuando hemos votado por determinados políticos, lo hemos hecho para que defiendan nuestros intereses y nuestro afán por incrementar la conectividad y agilizar la llegada y el tránsito y la salida de los turistas; con la finalidad de que incentiven la construcción, el mantenimiento y la mejora de las infraestructuras; y también lo hemos hecho, considerando que entre sus cometidos estaba mejorar las condiciones de nuestras carreteras y accesos a lugares de interés; lo hicimos siendo conscientes que facilitar el tránsito, inculcar y desarrollar una conciencia ciudadana sobre la importancia del turismo y la conservación del patrimonio cultural y natural, les iba en el cargo; y que tampoco debían ser ajenos a la difusión y conservación de nuestros enclaves turísticos, que desde sus puestos en Cabildo y ayuntamientos debían promover un desarrollo equilibrado y que éste no tenía por qué estar reñido con unos visitantes que “más de una vez nos han demostrado que tienen criterios de conservación del medio ambiente, del ahorro de la energía y de la preservación de las riquezas naturales, por encima de los propios palmeros. Lo que pasa es que nunca, y ya va siendo hora, han sido capaces de diagnosticar con certeza los males que, en La Palma, aquejan al sector.
De todas formas, parece haber copiado mi pensamiento cuando se refiere a que “determinadas empresas, cadenas hoteleras con establecimientos en varias islas, dedicaran alguna atención a ”desviar“ clientes de donde prevén que tienen plena ocupación u overbooking hacia sus propios hoteles con demasiadas camas libres, pues de esta forma se alcanzaría una ocupación en La Palma muy interesante. No es tarea fácil, pero seguro -señala usted, y estamos de acuerdo- que es mucho más efectiva y práctica que dedicar las energías a cargar sobre otros”. Mire por donde, al menos somos dos los que pensamos así. Creemos que hasta desde el punto de vista empresarial, y más en los tiempos que corren, ha de abordarse el desarrollo turístico en Canarias como un proceso que debe contemplar una gestión global de los recursos de todas y cada una de las islas, con el fin de asegurar su continuidad.
Señores, la culpa del asno no podemos seguir echándosela a la albarda. Pero si no les gusta que con nuestra opinión discrepemos, les aliviaremos de la carga, e imitando a Fiódor Dostoievski, les diremos que “es culpa nuestra, culpa nuestra y personal, que La Palma vaya mal”.