Defendiendo Argentina, ma non tropo
Futboleros de toda la vida, y ya se sabe que más sabe el diablo por futbolero que por viejo, mi generación, que por otra parte vimos llegar los primeros autos al pueblo, la radio, la luz eléctrica, el agua corriente después de años jalando agua de las aljibes, el papel higiénico, la tele, el CD y luego lo vimos morir asesinado por internet, los móviles etc., etc., seguimos un proceso parecido con el fútbol, dos piedras en la carretera, el dueño de la pelota era el rey de la pandilla, luego arreglando canteros, los de las poblaciones mayores campos de tierra, a veces barrizales, y luego la red de campos de césped y luego los de césped artificial, las transmisiones de radio y luego el blanco y negro y el color y el digitalismo y el fútbol base y los etcéteras que ustedes quieran y todos los padres en plan padres de Maradona, en fin, y los que conocimos el fútbol a través de la radio si la teníamos y leyendo el diario Marca cómo no vamos a poder perdonar el papelón de Argentina en el mundial si aquí por mucho que hablen de Masías y Fábricas, que también, jugamos como jugamos y somos los mejores confirmado después de este Mundial y nuestros entrenadores entrenan a los mejores clubs del planeta, pues por mucho que esto sea cierto no sería tan cierto si a España no hubiese llegado un argentino llamado Alfredo Di Stéfano que nos sacó del rompe y raja y luego breve y brillante como una estrella fugaz un tal Maradona y no te digo nada la velocidad de juego, la técnica y la genialidad que aportó el que cierra el trío celestial, un tal Messi, cómo no estar agradecidos a ese país donde el fútbol es una religión callejera y popular, y cómo no perdonarles el horrible papelón y el mal perder de esa nefasta actuación contra España, dirigida esta por un tal de la Fuente, un seleccionador que habla y actúa como un maestro del estoicismo, como un discípulo tardío pero aventajado de Séneca y Marco Aurelio. (Mis abuelos emigraron a Argentina, y de allí trajeron un ahorro para casa y negocio, mi madre nació en Argentina, crecí escuchando los tangos de Gardel, y recuerdo el hambre que mató en la posguerra la carne y el trigo del país hermano, eso también es memoria, por eso a las personas de mucha edad no nos es difícil olvidar esa ida de olla de los jugadores de la albiceleste, sin olvidar lo que debe nuestra lengua a Borges y Cortázar, sin hablar de Les Luthiers, etc.).