La paternidad más allá de la biología
Dijo Alice Walker, escritora afroamericana y feminista: “Si traes hijos al mundo, ámalos con el corazón y el alma”.
Cada día se normaliza más esa conducta que adoptan muchos padres cuando hay una separación o un divorcio de por medio. Vidas separadas, nuevos caminos e hijos que sufren todas las consecuencias. La balanza del compromiso se descompensa. Cientos de circunstancias externas se apoderan de uno de los responsables de ese germen y da comienzo el baile del pasotismo desmedido.
Tú eres la madre..., mis hijos ya son mayores..., yo quiero vivir mi vida..., éstas son algunas de las frases favoritas más pronunciadas por padres que están maquillando el verdadero significado de esas palabras donde en realidad se esconde la irresponsabilidad, el egoísmo y la cobardía.
Porque cuando una pareja decide separar sus caminos, un hijo es para toda la vida. En el mundo actual, los desafíos de la paternidad son complejos. Las separaciones y las nuevas relaciones pueden poner a prueba la capacidad de un padre para mantener el equilibrio entre sus responsabilidades y sus deseos personales.
Ser padre es un compromiso que se extiende más allá de la biología. Es un vínculo emocional y moral que exige atención, esfuerzo y, sobre todo, amor. En esta sociedad, donde las familias se reconfiguran constantemente, es crucial recordar que el papel de un padre no se disuelve con una separación, sino que se transforma. Sin embargo, es fundamental recordar que los hijos no son pasajeros en este viaje; son compañeros permanentes que dependen de nuestra guía y apoyo. El pasotismo, o la indiferencia hacia las necesidades emocionales y físicas de los hijos, es una trampa en la que muchos padres caen sin darse cuenta.
Es de justicia poner sobre la mesa el valor que sacan todas esas madres para sacar a sus hijos adelante solas por la ausencia de un padre. Ellas que saben lo que es tener un ser en su vientre y sentir el latido de un corazón tan menudo entienden a la perfección la frase de Walker. Todos esos seres que no piden nacer y que llegan al mundo tienen todo el derecho de una respuesta. No basta con decirles que fue una imprudencia, que elegiste mal la figura paterna, que no tienes respuestas o simplemente guardar silencio por no decirle a tu hijo que su padre es un ser mezquino e irresponsable que no ha sabido amarlo a pesar de haber puesto su semilla.
Tampoco basta con proveer a tu vástago de cosas materiales para que no eche en falta esa conexión emocional. Hay que evitar todas esas cosas con una actitud proactiva y consciente. Ponerse en el lugar de los hijos ayuda a comprender mejor sus sentimientos y reacciones, practicar la empatía aunque sea de vez en cuando fomenta las relaciones sólidas.
El amor de un hijo no se puede comparar con nada en el mundo. Es el compromiso más único y enriquecedor que existe. Remendar los errores evitará que esa famosa frase que dice: “Los errores del pasado tienen su eco en la eternidad” retumbe en la conciencia con el paso del tiempo.