La Avenida Marítima entra en su último capítulo: cómo será la tercera fase y qué oportunidades puede aprovechar Santa Cruz de La Palma
La capital palmera inicia la tercera y última fase de la remodelación de su frente costero. El contrato está resuelto y financiado; el tramo Tedote–Las Nieves completará el gran paseo que une casco histórico, playa y mar. En paralelo, la ciudad encara, con serenidad y pragmatismo, tres debates útiles: una gran estancia frente a los balcones tradicionales, el ajuste de rasantes donde hoy el nivel de la avenida no coincide con el de las casas históricas, y un plan realista de aparcamiento que acompañe al nuevo escenario urbano.
Por qué esta fase importa (y mucho)
Santa Cruz de La Palma llega a la recta final de su operación urbana más determinante en décadas. La tercera fase de la Avenida Marítima —entre la calle Tedote y la avenida de Las Nieves— es la pieza que faltaba para coser, de forma continua, casco histórico, paseo y playa. La licitación se publicó en otoño de 2024, el expediente figura resuelto en la Plataforma de Contratación y la financiación está asegurada vía Fdcan (Cabildo de La Palma). En términos de gestión pública, es una triple garantía: hay proyecto, hay contrato y hay dinero.
La obra no parte de cero. En las fases previas se fijaron las claves del nuevo frente litoral: menos calzada y más acera, un malecón bajo de basalto como borde amable entre ciudad y arena, y una idea de conjunto que privilegia caminar, estar y mirar. Esa gramática —que ya ha cambiado la manera de usar la avenida— es la que la tercera fase extenderá hasta cerrar el conjunto. La ciudad, por tanto, no discute si el cambio es deseable (lo es); discute cómo rematarlo bien para que sea útil, cómodo, bello y funcional durante muchos años.
Qué se va a ejecutar: el proyecto, explicado sin tecnicismos
El tramo Tedote–Las Nieves replica la lógica ya conocida: dos carriles, aceras amplias, continuidad de materiales y mobiliario, y una relación franca con la playa urbana creada por el Estado mediante espigones y dique sumergido. Esta ingeniería litoral, completada hace unos años, es la que ha permitido que hoy el paseo y la arena “se hablen” con naturalidad.
La tercera fase persigue tres objetivos sencillos de entender:
- Continuidad: que el ciudadano no note el “salto” entre fases, ni en pavimentos ni en secciones.
- Accesibilidad: que el paseo se lea como una alfombra continua con itinerarios cómodos para todos —también para quien empuja un carrito o usa silla de ruedas—.
- Vida urbana: que el espacio funcione como salón cívico lineal, con sombra, bancos, luz, terrazas ordenadas y cruce seguro con los ejes que conectan con la Calle Real.
En suma, no es un proyecto de “más hormigón”, sino de mejor espacio público. Y aquí empieza lo interesante: cómo afinar aún más, sin renunciar a lo ya aprobado, para elevar el resultado final.
Las rasantes: un viejo problema con una solución a mano
Quien camine con atención percibe algo que venimos arrastrando “desde siempre”: dos niveles que no encajan del todo. Por un lado, el plano de la Avenida (ensanchado y elevado en la segunda mitad del siglo XX); por otro, el plano más bajo en el que están las traseras de algunas casas de la Calle Real que asoman a la Avenida. Entre ambos aparece, en varios puntos, una especie de zanja o depresión: una solución de circunstancias que nunca se llegó a coser del todo y que genera microbarreras para la accesibilidad y una lectura “a dos alturas” del mismo borde urbano.
¿Dónde es más evidente? Frente a los balcones tradicionales de la Avenida —el icono de madera que todos tenemos en la retina—, donde existe una franja amplia a cota inferior que rompe la continuidad del paseo. Precisamente ahí se dibuja una oportunidad de oro que no contradice el proyecto: convertir ese desnivel en una gran estancia. ¿Cómo? Con una plataforma única (acera y calzada al mismo nivel) que, mediante texturas y un tráfico muy calmado, entregue más espacio al peatón, integre accesos a comercios y portales y recupere para la ciudad un espacio cívico memorable ante sus balcones.
La propuesta no exige “tocar todo”. Se trata de aprovechar lo que ya existe (esa cota más baja) para ordenarla como una plaza lineal con bancos, sombra y una transición amable hacia el plano del malecón. Es, además, una mejora que refuerza la identidad patrimonial de Santa Cruz de La Palma: los balcones piden un primer plano despejado, un vestíbulo urbano desde el que mirar la arquitectura y el Atlántico sin tropiezos.
¿Se puede bajar a la arena “como en un pequeño anfiteatro”?
La demanda ciudadana es lógica: si hemos acercado la ciudad al mar, ¿por qué no ofrecer accesos cómodos en forma de escaleras-grada que, de paso, funcionen como bancos para sentarse a ver el océano? La respuesta corta es: sí, se puede estudiar. La respuesta completa incluye condiciones:
- Dominio Público Marítimo-Terrestre (DPMT). Toda ocupación o instalación que “muerda” el DPMT —la franja pública de ribera— requiere autorización de Costas y, en su caso, canon. Hablamos de la Ley de Costas, y de su Reglamento que fijan con detalle usos y procedimientos. Esto no es un obstáculo; es el camino para hacerlo bien.
- Dinámica litoral y seguridad. La playa de Santa Cruz no es “natural” en sentido estricto: está protegida por espigones y un dique sumergido. Cualquier grada o rampa debe demostrar que no interfiere con la morfodinámica de la arena —que sube y baja— ni crea riesgos con mareas vivas o temporales. Es ingeniería razonable y sobradamente conocida.
- Accesibilidad y mantenimiento. Las gradas deben sumar —no restar— accesibilidad, prever pasamanos, huellas generosas, y materiales resistentes a la salinidad y la abrasión. También asumir que la arena se mueve: habrá que limpiar y reponer.
Con esas reglas, hay una vía sensata y progresiva: pilotar un prototipo en el tramo de los balcones (el más simbólico), en versión desmontable o semifija que no invada o apenas roce el DPMT, y medir su uso y su mantenimiento durante una temporada. Si funciona, se replica; si no, se retira sin traumas. Es una innovación prudente y, sobre todo, reversible. Y no es incompatible con el proyecto en curso: se puede tramitar en paralelo como mejora funcional ligada a la activación cultural del paseo.
El escenario junto a los balcones: cultura sin hipotecar la playa
La ciudad vive de su día a día, pero también de sus momentos. La idea de un escenario desmontable junto a los balcones tradicionales, sobre la playa, apunta a esos momentos: conciertos de pequeño formato, lecturas, actos cívicos con el Atlántico de fondo. ¿Es posible? Sí, con tres cautelas:
- Temporalidad clara (ventanas de uso acotadas) y reversibilidad total.
- Autorización de Costas si ocupa DPMT, o diseño “en voladizo” desde el plano urbano que no lo invada.
- Compatibilidad con la vida de playa (sin privatizar espacio público) y con los umbrales de ruido.
De nuevo, el enfoque piloto es sensato: probar un verano, evaluar impactos y ajustar. En caso de autorizarse, la propia normativa de Costas prevé cánones por ocupación y condicionantes (lo que, además, introduce disciplina de uso y mantenimiento).
Aparcamiento: la pequeña polémica útil que conviene ordenar
El talón de Aquiles de cualquier transformación en un centro histórico es el estacionamiento. La capital palmera arrastra un déficit real desde hace años: asociaciones empresariales y prensa local lo cuantificaron ya en casi mil plazas perdidas desde comienzos de siglo por la suma de distintas operaciones urbanas. No es un dato “para alarmar”; es un dato de trabajo.
¿Qué se ha hecho? Bolsas temporales en campañas o fiestas (Carnaval, Bajada), habilitaciones puntuales (por ejemplo, 120 plazas en la entrada sur en 2023), y ampliaciones muy localizadas (caso del barrio de El Pilar, con nuevas plazas en proyecto). Son pasos útiles, pero insuficientes para la escala del problema.
La buena noticia es que la tercera fase de la Avenida llega con dos palancas a mano para mejorar ya el panorama:
a) Avenida de Las Nieves: reordenar con sentido y ganar plazas.
El eje comprendido desde el Barco de la Virgen hasta la propia Avenida Marítima dispone de espacio y márgenes hoy infrautilizados. Una reordenación integral —asociada a la nueva rotonda en el cruce Las Nieves–Marítima— puede generar plazas en batería bien diseñadas, con itinerarios peatonales claros y paradas de guaguas dignas. El propio proyecto de la rotonda, anunciado por el Ayuntamiento con aval del Cabildo, se presentó como una mejora que elimina semáforos y aumenta capacidad de aparcamiento en el entorno. Ahí hay kilómetros cuadrados de oportunidad razonable, a muy pocos minutos a pie del corazón comercial
b) Palacio de Justicia: concentrar servicios… y llevar coches fuera del centro.
El acuerdo entre el Gobierno de Canarias y el Ayuntamiento para el Palacio de Justicia —con plaza y un aparcamiento previsto de unas 100 plazas— abre una vía de descongestión: si la Administración concentra sedes y dispone de estacionamiento propio, libera presión en las calles más tensas del casco. El condicionante es temporal: hay que llegar bien al día en que el Palacio esté operativo, con un plan de transición que evite que las plazas liberadas “se pierdan” sin una alternativa a cambio.
La propuesta en positivo: un Plan Integral de Aparcamiento ligado al calendario de obra, con cuatro columnas —capacidad nueva (número y localización), gestión (rotación/abono/residentes), movilidad (lanzaderas y señalización a pie de 5–10 minutos) y tecnología (información en tiempo real)—. El plan debe ser público y simple (un PDF claro sirve) y anunciar fechas y responsables. No es “hacer anuncios”; es dar certeza.
Cronograma, obra y comunicación: menos eslogan, más letra pequeña útil
La tercera fase no irrumpirá de un día para otro; se desplegará por frentes y etapas, con afecciones temporales a tráfico y accesos. El Ayuntamiento ha iniciado reuniones informativas con vecinos y comerciantes —y ha usado con intensidad las redes sociales para difundir avisos—, un hábito que conviene mantener y formalizar: mapas de desvíos, calendario por calles, protocolo de carga/descarga y canal único de incidencias con tiempos de respuesta. Todo lo que ayude a prever será bienvenido.
En este punto conviene recordar algo elemental: la mejor comunicación de obra no es la más brillante, sino la más útil. Un plano a color con las fases, dos fechas y un teléfono valen más que cien mensajes en redes. La ciudad lo agradecerá y la obra lo notará.
Un cierre en clave de ciudad
No es exagerado afirmar que la tercera fase de la Avenida Marítima marcará la manera en que Santa Cruz de La Palma vive su frente costero durante varias generaciones. No porque vaya a inaugurar nada “espectacular”, sino porque termina de coser lo que ya está en marcha: una avenida que se pasea, se habita y se mira.
En este artículo hemos querido, en positivo, proponer ajustes que sumen sin reabrir debates ya superados: plaza lineal ante los balcones aprovechando la cota más baja; gradas-escaleras hacia la arena mediante un piloto prudente; un escenario desmontable para “momentos” de ciudad; rasantes resueltas con cariño; y un plan de aparcamiento serio que acompañe al nuevo espacio público. Nada de esto contradice el proyecto; todo lo potencia.
También hemos admitido una pequeña polémica que conviene encauzar: el estacionamiento. No se trata de ganar un pulso entre coche y peatón, sino de acompasar el cambio con alternativas reales. La Avenida de Las Nieves y el Palacio de Justicia ofrecen opciones concretas; el Ayuntamiento y el Cabildo tienen margen para ordenarlas y contarlas.
Santa Cruz de La Palma ha hecho lo más difícil: mirarse al mar sin miedo. Ahora toca rematar con excelencia y explicar con claridad. Si se consigue, cuando alguien llegue a los balcones una tarde de alisios —quizá por unas gradas que bajan a la arena— entenderá que la Avenida no es solo un lugar de paso. Es, por fin, el salón de la ciudad.