Israel desmantela el acuerdo para el rezo conjunto en Jerusalén coincidiendo con Ramadán: “Esto es un polvorín”
Un acuerdo de seis décadas que regulaba los rezos musulmanes y judíos en el lugar de culto más delicado de Jerusalén se ha “derrumbado” por la presión de extremistas judíos respaldados por el Gobierno israelí, según han advertido los expertos.
Una serie de detenciones de personal musulmán encargado del mantenimiento, la prohibición de acceso a cientos de musulmanes y las crecientes incursiones de grupos judíos radicales culminaron esta semana con la detención del imán de la mezquita de Al-Aqsa y una redada de la policía israelí durante las oraciones vespertinas de la primera noche del Ramadán.
Las acciones de la policía de Jerusalén y de la fuerza de seguridad interna Shin Bet, ambas lideradas ahora por la extrema derecha, representan una ruptura del acuerdo de statu quo que se remonta a las secuelas de la guerra de 1967. El pacto estipula que solo los musulmanes pueden rezar en el recinto sagrado que rodea la mezquita, conocido por los musulmanes como al-Haram al-Sharif, que también abarca el santuario de la Cúpula de la Roca, del siglo VII. Para los judíos es el Monte del Templo, el lugar donde se encontraban el primer templo y el segundo templo del siglo X a. C., destruidos por los romanos en el año 70 d. C.
La historia demuestra que los cambios en el statu quo son susceptibles de desencadenar disturbios y conflictos en Jerusalén y los territorios palestinos ocupados, con repercusiones en todo el mundo. Una visita del entonces líder de la oposición israelí, Ariel Sharon, en 2000, desencadenó la segunda intifada palestina, que duró cinco años, y Hamás bautizó como Inundación de Al-Aqsa su ataque contra Israel en octubre de 2023, en el que murieron 1.200 israelíes y que desencadenó la guerra de Gaza, alegando que había sido provocado por las transgresiones israelíes en la mezquita de Jerusalén.
La historia demuestra que los cambios en el 'statu quo' son susceptibles de desencadenar disturbios y conflictos en Jerusalén y los territorios palestinos ocupados, con repercusiones en todo el mundo
“Al-Aqsa es un detonante”, afirmó Daniel Seidemann, un abogado de Jerusalén que ha asesorado regularmente a los Gobiernos israelí, palestino y a otros extranjeros sobre cuestiones legales e históricas en la ciudad. “Suele tratarse siempre de lo mismo: una amenaza real o percibida a la integridad del espacio sagrado. Y eso es lo que estamos presenciando. Ha habido provocaciones frecuentes durante el Ramadán, pero ahora la situación es exponencialmente más delicada. Cisjordania es un polvorín”, advierte.
Las tensiones han ido aumentando constantemente en torno a la mezquita de Al-Aqsa, ya que los israelíes de extrema derecha han ocupado puestos clave en materia de seguridad. El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, que antes de asumir el cargo tenía ocho condenas penales, entre otras cosas por apoyar a una organización terrorista e incitar al racismo, ha dicho que quería izar la bandera israelí en el recinto y construir allí una sinagoga.
Ben-Gvir ha realizado visitas incendiarias al recinto de Al-Aqsa durante el último año y ha respaldado una serie de cambios unilaterales en el statu quo, como permitir a los judíos rezar y cantar en el recinto. En enero, nombró a un aliado ideológico, el general de división Avshalom Peled, jefe de la policía de Jerusalén y, con el supuesto respaldo del primer ministro, Benjamin Netanyahu, permitió a los judíos llevar hojas de oración impresas al lugar, en lo que supone una infracción cada vez más clara.
“El statu quo se ha derrumbado porque hay rezos a diario”, afirma Seidemann. La policía era muy estricta antes a la hora de impedir cualquier tipo de provocación... Pero estas medidas son una muestra del 'aquí mandamos nosotros, acostúmbrate o lárgate'“.
En vísperas del Ramadán de este año, el Waqf de Jerusalén, la fundación designada por Jordania y encargada de gestionar el recinto de Al-Aqsa como parte del acuerdo del statu quo, se ha visto sometida a crecientes presiones. Fuentes del Waqf afirmaron que el Shin Bet ha detenido administrativamente a 17 de sus empleados, y que al menos 42 miembros del personal tienen prohibido entrar en el recinto.
Estas fuentes afirmaron que seis oficinas del Waqf han sido saqueadas en las últimas semanas y que se impidió al personal volver a colocar las puertas o realizar otras reparaciones. Se ha impedido al Waqf instalar refugios contra el sol y la lluvia o clínicas temporales para los fieles. Los funcionarios alegan que incluso se les ha impedido llevar papel higiénico al recinto.
El efecto acumulativo de estas restricciones, según los funcionarios, ha puesto a prueba la capacidad del Waqf para atender a los 10.000 musulmanes que se espera que acudan a rezar a la mezquita de Al-Aqsa durante el mes de Ramadán.
Si anteriormente el Gobierno israelí se sentía obligado a dialogar con las potencias regionales, hoy en día le importa mucho menos lo que estas digan o piensen
La gobernación de Jerusalén, dirigida por palestinos, proporcionó cifras diferentes: 25 miembros del personal del Waqf vetados y cuatro detenidos. Ni la policía de Jerusalén ni el Shin Bet respondieron a las solicitudes de comentarios sobre las acusaciones.
En la primera semana del Ramadán, la policía amplió el horario de visita matutino para judíos y turistas de tres a cinco horas, en otro cambio unilateral del statu quo. El lunes, el imán de Al-Aqsa, el jeque Mohammed al-Abbasi, fue detenido dentro del patio de la mezquita, según la agencia de noticias palestina Wafa, y las publicaciones en las redes sociales mostraron que la policía volvió a irrumpir en el recinto el martes por la noche durante los primeros rezos nocturnos del Ramadán.
“Hay muchos factores que hacen que este Ramadán sea especialmente peligroso”, afirmó Amjad Iraqi, analista sénior de Israel/Palestina del International Crisis Group. “El año pasado fue relativamente tranquilo, pero este año se dan una serie de factores tanto en el lado israelí como en el palestino que pueden incentivar a los activistas del Monte del Templo a intentar provocar nuevos altercados”.
“Si en otras ocasiones el Gobierno israelí se sentía obligado a dialogar con las potencias regionales, hoy en día le importa mucho menos lo que estas digan o piensen”, añadió Iraqi.
“Se ha producido una difusión de la impunidad... Los israelíes han podido ir mucho más allá de las limitaciones que creían que existían a nivel político, militar y diplomático, tanto en Gaza como en Cisjordania. En estas circunstancias, ¿por qué iban a sentirse constreñidos por la opinión internacional?”.
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