Árbol de jade (Crassula ovata / Crassulaceae)
No es un árbol, ni es de jade,
es un arbusto verdoso,
de tronco grueso carnoso,
que al jardinero persuade.
Si te descuidas, invade
jardines y terraplenes,
escrito lleva en los genes
crecer en cualquier lugar,
ávida por desplazar
otras plantas de tus bienes.
Jócamo, 13.II.2026
Nota: El título de árbol le queda grande, pues raras veces en condiciones muy favorables supera los 2 metros de altura. Es verdad, que su porte rechoncho y profusamente ramificado a modo arborescente invita a aumentar su talla, pero no deja de ser una apreciación exagerada. El calificativo de “jade”, obedece al tono verde oscuro de sus hojas, especialmente cuando crece en lugares no expuestos al sol, que lo relacionan con el color de la piedra preciosa del mismo nombre. Tanto a la planta como a la gema, se las vincula con la cultura de la buena suerte, equilibrio energético y de la prosperidad económica. No son las únicas
Su binomen latino obedece al carácter suculento o craso (Crassula) de los tallos y a la forma oval de las hojas, que también son gruesas y jugosas, tornándose los márgenes rojizos cuando las plantas están expuestas a la insolación directa o sufren estrés hídrico. Las flores son estrelladas y relativamente pequeñas, blanquecinas con matices rosáceos, agrupadas en inflorescencias corimbosas con el eje y pedicelos florales rojizos.
Natural de Sudáfrica está repartida por jardines de medio mundo, debido a sus cualidades ornamentales y fácil propagación mediante esquejes de ramas y hojas. No requiere cuidados especiales y se presta para ser cultivada tanto en jardines como en macetones, sin riego excesivo para impedir que se pudra. Su vitalidad es tan grande, que las hojas o fragmentos de rama al poco tiempo de caer al suelo enraízan y se transforman en nuevos individuos, razón por la que su cultivo debe ser vigilado y controlado, si se quiere evitar engrosar el catálogo florístico de especies invasoras.