Crónica de un despertar: el mitin que desafió al caciquismo en el norte

14 de abril de 2026 10:23 h

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El 20 de julio de 1919 no fue un domingo cualquiera para el norte de La Palma. Fue el día en que el silencio impuesto por décadas de servidumbre se rompió bajo el peso de dos mil personas congregadas. La firma de la unión entre las Federaciones de San Andrés y Sauces, Barlovento y Puntallana, fue un grito de libertad contra un sistema que asfixiaba el progreso de aquellos pueblos.

Para entender la magnitud de lo ocurrido aquel día, debemos mirar hacia el horizonte nacional. La España de 1919 transitaba sobre la fase agónica de la Restauración. El sistema de alternancia de partidos estaba roto y el descontento social crecía en todo el país. Sin embargo, en La Palma, este malestar no tomó la forma de una revolución, sino de un levantamiento cívico contra el caciquismo. Las Federaciones del Norte fueron la respuesta organizada de un pueblo que, harto de promesas incumplidas sobre carreteras y puertos, decidió que el progreso no vendría de la capital, sino de su propia unión.

Manuel Guardia: el alma del movimiento

En el centro de esta marea humana se alzaba la figura de don Manuel Guardia Roldán (Barcelona 1866-San Andrés y Sauces, 1931). Llegado a la isla en 1901, Guardia Roldán fue un hombre polifacético con una profunda vocación regeneracionista, hasta el punto de ser considerado por muchos como el Joaquín Costa de La Palma. Su proyecto vital consistía en regenerar las formas de vida insulares, partiendo de la educación como herramienta fundamental para erradicar las injusticias sociales. En San Andrés y Sauces, Guardia encontró un escenario desolador pero fértil para sus ideas: una población con un 81,72% de analfabetismo, sometida a las arbitrariedades de un caciquismo representado por cinco familias dominantes. Se enfrentó a un Ayuntamiento que, lejos de velar por el bien común, actuaba como brazo ejecutor de los intereses particulares de sus concejales y sus partidos.

Descrito por sus contemporáneos por un hombre de “fácil palabra” y “sensatez”. Guardia representó el liderazgo ético que se necesitaba. No buscaba el lucimiento personal, sino la articulación de una fuerza colectiva capaz de mirar de frente a los abusos de poder de la capital.           

Las voces de la modernidad

Junto a él, voces de la talla intelectual de Alonso Pérez Díaz, José Lozano Pérez y Hermenegildo Rodríguez Méndez aportaron el rigor jurídico y la pasión oratoria. Pérez Díaz con la agudeza que le caracterizaba, no dudó en señalar la paradoja de una zona sumida en el abandono institucional - sin carreteras, telégrafos ni infraestructuras básicas - mientras el erario público se diluía en una gestión despilfarradora.

Lo que hace extraordinario el mitin de 1919 es la composición de su audiencia. La presencia de unas quinientas mujeres en una época donde su voz era sistemáticamente ignorada en la esfera política, nos habla de un movimiento transversal y avanzado. Las federaciones no eran solo agrupaciones de resistencia; eran la columna vertebral de una sociedad que exigía modernidad:

  • Puntallana como el faro precursor de la rebeldía unánime.
  • Barlovento como ejemplo de tesón y unidad ante la injusticia.
  • San Andrés y Sauces como el epicentro de una organización que entendió que el camino de la “bienandanza” pasaba por la fiscalidad del poder.  

Hoy, al recordar a don Manuel Guardia y a aquellos oradores que alzaron la voz, no solo rendimos homenaje a la historia. Recordamos que la libertad de la que hablaba Rodríguez Méndez no fue un regalo, sino el resultado de un pueblo que, guiado por el afán regenerador, decidió dejar de ser súbdito para empezar a ser ciudadano.

Fondo documental:

  • Crónica publicada en el periódico La Gaceta de Tenerife. “El mitin de San Andrés y Sauces”. Agosto de 1919

Bibliografía:

  • San Andrés y Sauces…una mirada a su pasado. José Antonio Batista Medina. Néstor Hernández López.