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Por encima de nuestras posibilidades

Las aguas llevan tiempo revueltas en La Palma a causa de esta terrible sequía que amenaza la forma de vivir que hemos tenido hasta ahora.

En la imagen, una 'piña' de plátano.

Finca de plátano.

Las aguas llevan tiempo revueltas en La Palma a causa de esta terrible sequía que amenaza la forma de vivir que hemos tenido hasta ahora.

Al abordar este tema que está creando algunos enfrentamientos, lo mejor es tener muy presente que todos nos hemos beneficiado hasta hace poco de la abundancia de agua en la Isla, tanto subterránea como de lluvia. Asimismo, todos somos responsables de no haber cuidado mejor de depósitos y redes, tanto públicos como privados, todos somos responsables o culpables de no haber modernizado las instalaciones hídricas insulares para estar mejor preparados ante el reto que se presenta.

No sólo son deficientes las instalaciones con que cuenta la Isla para encarar la situación que estamos viviendo, también las instituciones están lejos de mostrar la actitud necesaria. El Consejo Insular de Aguas no ofrece información ni abundante ni precisa sobre lo que pasa con las aguas en la Isla (ni las públicas ni las privadas), no es fácil ver ni saber qué soluciones plantean para hacer frente a la sequía (más allá de sacar agua de pozos), sea porque no hacen nada o sea porque no quieren/no saben comunicar lo que están haciendo, la impresión generalizada es que no tienen un plan de contingencia.

Ante esta terrible realidad, se presenta un salvador al rescate, el ingeniero Carlos Soler, con un plan mágico que nos hará disponer a todos de agua de primera calidad, abundante, casi gratis e infinita. Después de ver el historial de D. Carlos Soler, pueden contar con el apoyo de nuestro colectivo para que el señor reciba el premio a “Mejor Minero de la Historia” de La Palma o del Mundo, a su elección, pero lamentamos comunicar que lo que le ocurre a nuestra Isla no es un problema técnico, ni geológico, ni minero...

En los años de la crisis dijeron a los españoles que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades, los bancos concedieron créditos sin parar, tras hacer estudios de riesgo personalizados a sus clientes, pero el cliente debía haber sabido que el banco se equivocaba y que el crédito concedido estaba por encima de sus posibilidades… Aquella afirmación no tenía ningún sentido, pero algunos atrevidos la repitieron hasta la saciedad.

Ahora la situación es la opuesta, a pesar de que no llueve, nadie tiene el valor de decirle a los habitantes de esta Isla que estamos cultivando plátanos por encima de nuestras posibilidades. Y este es un problema que no lo puede resolver ni uno ni mil ingenieros de minas juntos. Tenemos un problema con la aceptación de la realidad.

En estos momentos, los que más ruido hacen en el “debate del agua” pretenden vivir de espaldas a la realidad, no quieren aceptar que si ha dejado de llover no podemos comportarnos igual que antes, como si nada pasara. Podemos elegir adaptar ya nuestros hábitos a la nueva situación o arrasar con las reservas de agua potable subterránea de nuestra Isla y tener que adaptarnos igualmente dentro de 2, o de 5, ¿quizá en 10 años? eso sí, seguro que es mejor adaptarnos cuando aún sale agua potable del grifo de nuestras casas.

Necesitamos iniciar un debate constructivo y realista. El debate actual no conduce a nada: empujar al ciudadano y al agricultor a elegir entre el inmovilismo y los parches del Consejo Insular o el extraer hasta la última gota del subsuelo para seguir vendiendo plátanos a precios de risa.

La reconversión de las tierras de platanera a otros cultivos tiene que empezar ya, es eso o quedarnos sin agua de calidad en el grifo de casa en menos de lo que canta un gallo. ¿Cómo se logra esto sin condenar a los plataneros a ser pobres? entre otras medidas, migrando las subvenciones del plátano hacia otros cultivos que exijan mucha menos agua. La actual política de subvención del plátano obliga a los agricultores a pedir que se seque la Isla, pues cultivar otras plantas mucho más sostenibles reduce enormemente la rentabilidad de sus explotaciones.

Para nuestro colectivo es objetivo fundamental que la Isla alcance la máxima eficiencia, creemos que sólo podemos lograrlo y salir adelante con una amplia batería de actuaciones que reduzcan el despilfarro y el consumo desmedido, no creemos en los remedios únicos, mágicos y centralizados (especialmente inútiles en una isla con nuestra orografía, dónde las distancias aunque cortas a veces se hacen insalvables).

Con el fin de contribuir al debate constructivo presentamos algunas propuestas que pueden ayudar a aliviar la situación actual: Diversificar nuestra agricultura, apostar por cultivos de baja demanda hídrica, dejando de privilegiar sólo al plátano (en comparación con otros cultivos); incentivos especiales para el riego por goteo y aquellas prácticas agrícolas que economicen agua; disponibilidad de agua depurada de calidad para los agricultores que la deseen ya; reparación de los escapes en redes públicas y privadas: simplificando y agilizando las ayudas para realizarlas; sanciones para quienes no reduzcan los escapes, especialmente altas para los ayuntamientos, acostumbrados a ignorar este problema; implantar sistemas de depuración descentralizados y de tipo natural, conectados a las explotaciones agrícolas interesadas.

Para evitar condenar a la miseria a quienes vienen detrás, la lista de medidas a ejecutar debe ser mucho más larga, pero ninguna medida se podrá implementar eficazmente sin que empiece a haber transparencia en la gestión del agua, empezando como es lógico por las instituciones públicas, a día de hoy es práctica habitual bloquear y falsear la información, también es habitual ver cómo se eligen y descartan determinados proyectos sin justificar ni argumentar debidamente dichas decisiones.

Nos jugamos nuestro futuro y el de las generaciones venideras, arrasar con todo lo que tenemos bajo el subsuelo no es solución, ya se intentó en Gran Canaria con resultados desastrosos: actualmente la calidad de su agua de abasto a la población es lamentable. Aprendamos de esas experiencias y no cometamos los mismos errores. Si logramos utilizar la tecnología y el conocimiento para aprovechar a fondo hasta la última gota, sin abandonar a los plataneros, dándoles alternativas de cultivo que exijan menos agua y proporcionen la misma o mayor rentabilidad, tal vez podamos adaptarnos y mantener una buena calidad de vida hasta que las nubes vuelvan a ser generosas con la tierra palmera.

Alejandro Acosta, representante de la Plataforma Ciudadana por el Agua Pública

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