Menores migrantes no acompañados
Menores refugiados ''tratados como delincuentes'' en un centro de Gran Canaria: ''No pueden entrar ni chicles''
Para vestir, todos un chándal negro y una camiseta roja o azul. En las habitaciones, “todo es blanco y gris”. No pueden decorar, ni siquiera colocar fotos de familiares. Uno de los centros instalados por el Estado en Gran Canaria para la acogida de menores refugiados es, según tres fuentes próximas al centro, una “infraestructura carcelaria”. Los chicos no pueden entrar nada en las instalaciones. “Si trabajan en un obrador o en una panadería y traen las sobras, tienen que tirarlas al contenedor”, cuenta una extrabajadora. Si compran ropa nueva, “tienen que venir con la etiqueta y el ticket” para demostrar que “no es robado”.
Este establecimiento, del que no se señala la ubicación exacta por la protección de los menores refugiados, forma parte de la red de recursos estatales instalados en Canarias a finales del año pasado para atender a los menores solicitantes de asilo. Esta medida responde a la orden del Tribunal Supremo de 2025, que requirió al Gobierno central que garantizara el acceso a su sistema de protección a los más de mil niños y adolescentes solicitantes de asilo que hasta ese momento permanecían acogidos en los centros de la comunidad autónoma, a pesar de tener vulnerabilidades específicas. Según los datos del Gobierno canario, 900 niños y niñas han recibido protección internacional del Ministerio del Interior (un 68%) y 610 cumplieron la mayoría de edad en el proceso.
El espacio abrió sus puertas en noviembre, está gestionado por la Fundación Cruz Blanca y son varias las quejas sobre su funcionamiento. Las medidas de control y seguridad han hecho del centro una “infraestructura carcelaria, penitenciaria y hostil”, a pesar de tratarse de menores sin medidas judiciales, explican personas conocedoras del funcionamiento del recurso que prefieren mantener el anonimato.
Estas señalan que los jóvenes no pueden pasar ni una botella de agua, un paquete de papas, una colonia o sus botas de fútbol: “Cualquier objeto es susceptible de ser un arma. Está todo muy criminalizado, cuando ellos no tienen ninguna medida judicial. Entonces muchos sienten que están en una cárcel”, aseguran. Los menores, agregan estas fuentes, tampoco pueden hacer uso de sus pertenencias con libertad, sino que deben avisar a los trabajadores hasta para echarse perfume o ponerse unas zapatillas e ir a entrenar. Sus pertenencias son “requisadas en una sala”. “Si se quieren poner colonia, tienen que subir arriba a la oficina, echarse colonia y devolver el recipiente”, detallan las fuentes.
“No es como una cárcel, es una cárcel”, matiza uno de los usuarios, que prefiere mantener su anonimato. El joven critica los horarios de salida y entrada del centro, ya que, según su testimonio, salvo que el menor estudie o trabaje, no está permitido salir del recurso hasta las 15.00 horas y la hora máxima para regresar es a las 21.00. “Si llegas más tarde, te ponen falta. Por ejemplo, yo que he llegado más tarde un día y como, según ellos, hago ruido en la habitación, me han dicho que me dejan dos meses sin paga”, sostiene.
“Por lo menos en la cárcel algún día puedes comer bien. Aquí no hay ninguna comida buena. Después las zapatillas que te dan, algunas son buenas y otras son malas y los calcetines también; son muy cortos”, apunta la misma persona.
La Dirección General de Protección a la Infancia y las Familias del Gobierno de Canarias, que mantiene la tutela sobre los jóvenes solicitantes de asilo acogidos en centros estatales dentro del Archipiélago, confirma a este periódico que ha recibido algunas quejas sobre este centro. Por ello, una técnica responsable realizó una visita al recurso la semana pasada y emitió un informe en los últimos días. Tras el mismo, se elevó un requerimiento a la entidad que gestiona el recurso para que realice las mejoras pertinentes.
Desde la Dirección General afirman que se hicieron también peticiones in situ a la entidad sobre el estado de las instalaciones, y que se hará un requerimiento directo al Estado, de quien depende el centro, para que tenga en cuenta lo que recogió la técnica en la visita.
Este periódico ha trasladado un cuestionario al Ministerio de Inclusión tanto sobre las condiciones de acogida del centro como sobre las derivaciones de menores refugiados hacia la Península. La Secretaría de Estado de Migraciones apunta que desde abril de 2025 hasta la fecha han sido trasladados a la Península desde Canarias 449 menores solicitantes de asilo. En la actualidad hay 60 menores solicitantes de protección internacional en centros del Archipiélago. Las cifras del Gobierno canario elevan el dato a 64.
El resto de cuestiones relacionadas con las condiciones del centro no han sido respondidas alegando estar fuera de su marco de competencia. Esta redacción también ha preguntado a la Fundación Cruz Blanca por las quejas sobre las condiciones del centro. La entidad ha recibido las preguntas y ha agradecido la oportunidad de ofrecer su versión y las aclaraciones correspondientes, en la línea de su interés en ofrecer “información rigurosa y transparente sobre el trabajo que se desarrolla en el centro, especialmente cuando se trata de la atención y el bienestar de las personas acogidas”. Sin embargo, esta redacción aún no ha recibido las respuestas a las preguntas.
''No es un lugar en el que vivir''
A la hostilidad del recurso, señalan las fuentes consultadas, contribuye la propia infraestructura. El centro está dividido en dos módulos para personas migrantes. Uno de ellos está destinado a mujeres mayores de edad y familias y el otro, a menores solicitantes de asilo. Situado en uno de los barrios altos de Las Palmas de Gran Canaria, está enclavado en la parte baja de un barranco y rodeado de cuestas y caminos de tierra.
Los módulos son contenedores en los que “cuando hace mucho calor se calienta como una sauna y cuando hace mucho frío se congela”, cuentan fuentes próximas al centro. Según su relato, se realizó una solicitud para la colocación de ventiladores en las habitaciones de los menores durante las semanas de más calor en Gran Canaria, pero fue rechazada.
Necesitan un entorno de seguridad, ya que ellos viven en una situación de indefensión aprehendida. Pierden la confianza y la esperanza
Los dormitorios están compuestos por “dos literas de tres niveles, donde quien duerme en el piso de abajo lo hace prácticamente en el suelo” y el de la cama más alta debe subir por unas escaleras en las que “ha habido niños que se han caído y se han hecho daño”. Su estructura pone dificultades hasta para sentarse: “Está hecha para que no te puedas sentar ahí. O te tumbas o te vas fuera, o te sientas en el suelo”, matiza una de las fuentes.
Además, de las dos literas, las habitaciones están compuestas por una taquilla “sin perchas” y un estante para cada menor, no “hay sillas, ni escritorio, ni enchufes” suficientes para todos, las sábanas y mantas “están llenas de bolitas y las toallas son todas diferentes, como si fueran donadas” y no pueden decorar las paredes con objetos personales “como la foto de su madre”. Las mismas fuentes matizan que aunque los menores terminan colocando algún elemento decorativo y los responsables hacen la vista gorda, esa es la norma.
Sobre la ducha, personas cercanas al recurso revelan que “el personal de limpieza es el encargado de abrir la llave para calentar el agua y en ocasiones se le olvida” y sobre los espacios comunes, estas fuentes agregan que hay varias salas de estudio con “mesas que las tocan y se caen” y una sala con la televisión sin sillones, sino con “sillas incómodas”. “Está hecho como para que no estés ahí. Todo es plástico y metal. No es un lugar en el que vivir para nada. Es una acogida superindigna”, rematan.
Las fuentes también denuncian supuestos problemas con la alimentación en el recurso. “Los menores han bajado de peso”, aseguran, y añaden que desde el centro se han empezado a realizar revisiones médicas para conocer el estado de los usuarios. Según sus testimonios, se ofrece “mucho frito y rebozado, arroz con pollo donde el pollo te lo imaginas”, “fruta ya pasada” y todo en recipientes y con cubiertos de plástico.
Al mismo tiempo, indican que en los primeros momentos de la apertura del centro, si un menor llegaba fuera del horario del almuerzo o la cena, “le tiraban la comida en la cara” y critican las escasas raciones para adolescentes que trabajan recogiendo papas o en las plataneras o que están estudiando ciclos formativos. Estos testimonios coinciden con el de Cristina Piñeyro, psicóloga que trabajó en el centro entre noviembre de 2025 y marzo de este año. La extrabajadora cuenta que ''una vez tres chicos llegaron tarde porque estaban entrenando y se les tiró la comida porque ''hay un horario''.
Otra de las carencias del recurso, apuntan las fuentes, se relaciona con el servicio de seguridad. Una de las personas entrevistadas expone que en una ocasión ''un segurita estaba inmovilizando a un niño'' porque supuestamente el menor había tocado fuerte la puerta. “Y luego siguieron con amenazas y le decían ”yo a las cinco y media salgo“, como invitando a la pelea”, aporta esta misma fuente.
Estas mismas personas señalan que algunos miembros de seguridad “los tienen un montón de tiempo, como media hora, esperando en la puerta de entrada hasta que llaman a los trabajadores y los van a buscar. Entonces, en vez de llegar a las 21.30, llegan a las 22.00 y les quitan más dinero de la paga”, apuntan. Tanto el servicio de catering como el de seguridad están externalizados y los llevan empresas privadas.
''Vete a tu país''
El establecimiento está situado en la periferia de la capital, y es necesario coger dos guaguas para llegar a él en transporte público. En 2021, funcionó como campamento de acogida para migrantes adultos, y algunos de los vecinos del barrio protagonizaron varios episodios racistas contra su acogida en las instalaciones que ellos reivindican para el barrio. “Aquí no queremos negros”, llegó a manifestar una de sus vecinas.
Según ha podido saber este periódico, en el exterior del recurso también se han producido episodios de violencia verbal contra los menores: “Un vecino se puso a insultar a un muchacho y acabaron peleando. Le decía ”negro de mierda, vete a tu país, qué haces aquí“, y el chiquillo lo que empezó a hacer fue pasar de él, pero le seguían increpando”, cuentan.
Cualquier objeto es susceptible de ser un arma. Está todo muy criminalizado, cuando ellos no tienen ninguna medida judicial. Entonces muchos sienten que están en una cárcel
Estas condiciones han favorecido que los menores se encuentren “en un estado depresivo”, que estén siempre en sus habitaciones usando el móvil o durmiendo y que no muestren predisposición para participar en las diferentes actividades que organiza el centro. Cuando la psicóloga Cristina Piñeyro trabajaba en el centro había más de 70 menores y la mayoría eran nacionales de Mali. Según la profesional, estaban “viendo los días pasar”, ya que no se les preparaba para la vida adulta ni se les enseñaba cómo buscar empleo o vivienda. “Cuando cumples los 18 y no tienes asilo, tienes 15 días para irte del centro, y no hay pisos de emancipación para todos, tienes que buscarte la vida”, detalla.
Entre los jóvenes había “mucho enfado y frustración” que se suma a su “trauma migratorio”. “Necesitan un entorno de seguridad, ya que ellos viven en una situación de indefensión aprehendida. Pierden la confianza y la esperanza”, explica. En ese momento, critica, ni siquiera tenían intimidad para las consultas de psicología. “No teníamos oficinas, estábamos en un despacho compartido”, apunta.
Una de las fuentes reconoce que ha habido épocas en las que los menores se mostraban más enfadados, pero que ahora “están más tranquilos, pero más tristes”. Estas personas coinciden en que si la alimentación, la seguridad y la infraestructura mejoraran, los niños “se sentirían muchísimo mejor”. Piñeyro, que invita a todos los jóvenes migrantes que lo necesiten a contactar con ella, recuerda que muchos de los menores que vivían en el recurso ya tenían un hogar, ya que algunos llevaban hasta cuatro años en Canarias. “Luego están a los que se les rechaza el asilo, es como si nunca pudieran descansar o estar tranquilos”, insiste.